
Para Mauro, “el futuro está en combinar la experiencia humana con el análisis predictivo y la automatización”. Su enfoque resalta la importancia de la presencia territorial y la digitalización como ejes de una logística más inteligente.
¿Cómo ha evolucionado tu experiencia en logística dentro del sector energético?
La evolución fue enorme. Hace veinte años todo se manejaba de manera manual: entregabas los documentos al chofer, lo instruías y esperabas a que volviera para saber si el viaje se había completado. Hoy, todo ese proceso está digitalizado.
Ahora, cuando se solicita un transporte, la orden llega automáticamente al conductor por plataforma, la documentación se gestiona online y desde el celular se puede seguir la ruta, los horarios, las paradas y hasta el cumplimiento de las horas de descanso. Esa trazabilidad total es lo que revolucionó la logística. La información fluye al instante, y eso permite tomar decisiones en tiempo real.
¿Qué nuevas demandas aparecen en su gestión logística?
La industria ya no solo pide transporte: pide información. Las empresas necesitan plataformas que les permitan registrar datos, generar estadísticas y mejorar la eficiencia de sus operaciones.
Además, se está requiriendo una profesionalización más profunda del sector. No alcanza con tener un camión; se necesitan equipos especializados, choferes capacitados en seguridad y medio ambiente, y áreas administrativas que gestionen permisos e ingresos a yacimientos. La logística dejó de ser solo un servicio operativo: hoy es una parte estratégica de la cadena energética.
¿Qué tipo de equipos especiales requiere este tipo de transporte?
Los equipos deben adaptarse a las dimensiones y pesos particulares de la carga. En este rubro se utilizan carretones bajos y unidades con configuraciones específicas que permitan transportar maquinaria pesada o componentes de gran tamaño sin exceder la altura máxima permitida en rutas y puentes.
No se trata solo de mover materiales: es una logística que demanda precisión técnica y planificación detallada para garantizar la seguridad de las operaciones.
¿Qué particularidades tiene el abastecimiento de proyectos energéticos en distintas regiones del país?
Argentina tiene una geografía muy diversa, y eso obliga a adaptar la logística a cada zona. En la Patagonia, por ejemplo, hay condiciones climáticas extremas —viento, frío, terrenos desérticos— que afectan directamente la planificación.
En el norte, la situación es diferente: hay mayor altitud, rutas más complejas y otro tipo de infraestructura. Por eso es fundamental que las empresas conozcan el territorio y cuenten con equipos radicados en cada región. La conectividad vial también juega un papel clave; mantener rutas en buen estado y accesos eficientes es indispensable para que el sistema funcione.

¿Cómo se logra esa adaptación operativa?
Con presencia local y conocimiento del entorno. Estar radicado en la zona permite comprender los tiempos, los recorridos, el clima y las necesidades específicas de cada área. No es lo mismo planificar desde Buenos Aires que hacerlo desde Comodoro Rivadavia o Salta. Esa cercanía genera una logística más realista, que anticipa problemas y mejora la respuesta ante imprevistos.
¿Qué rol cumplen los proveedores y operadores logísticos en esta cadena?
Son fundamentales. Los operadores son los que muestran la realidad del terreno: saben qué funciona, qué puede optimizarse y qué necesita ajustarse. Mantener un vínculo estrecho con ellos es clave para mejorar procesos y reducir costos.
Hoy su papel es aún más relevante porque también son proveedores de información. Las empresas trabajan con sistemas tipo “torre de control” que centralizan todos los datos: kilómetros recorridos, tiempos de tránsito, consumos, paradas, niveles de servicio. Esa información, que nace del transporte, es la base para diseñar estrategias futuras.
Por eso, los operadores tienen que estar a la altura tecnológica del sector: contar con plataformas digitales, aplicaciones para choferes y herramientas que permitan medir y compartir datos en tiempo real.
¿Qué desafíos ves hacia el futuro de la logística energética?
El gran desafío es la integración de la inteligencia artificial. Es una herramienta que ya está llegando y que va a transformar por completo la manera de trabajar. El reto está en entenderla y aprender a aplicarla correctamente.
La inteligencia artificial va a permitir optimizar rutas, anticipar fallas, reducir tiempos y automatizar tareas que hoy requieren seguimiento manual. Pero para eso hay que saber interpretarla y usarla como una aliada. El futuro está en combinar la experiencia humana con el análisis predictivo y la automatización. Quien logre integrar ambos mundos va a marcar la diferencia.
¿Qué pasos considerás esenciales para incorporar la inteligencia artificial en la logística?
Primero hay que comprender cómo funciona. No se trata de adoptar tecnología por moda, sino de entender de qué manera puede adaptarse a la realidad logística. La clave es que los sistemas de IA acompañen el proceso desde los centros de almacenamiento hasta la distribución y la coordinación operativa. Si se logra esa integración, la logística va a ser más ágil, más segura y más sustentable.
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