
Dicen que hay que conocer la historia para no repetirla, pero en el mundo empresarial solemos caer en el mismo error una y otra vez. Al parecer, nos cuesta mucho aprender de los fracasos de otros, y lo que es más grave, tampoco aprendemos de nuestros propios fracasos.
Si usted es CEO de una gran empresa o tiene un pequeño emprendimiento, si dirige un departamento o coordina un equipo, si es Project Manager o pretende algún día liderar a otros, acompáñeme a un breve viaje por una historia de hace dos siglos y saquemos juntos algunas lecciones para no seguir tropezando con la misma piedra del mismo camino.
Aprendizajes logísticos de la historia
Imagine que usted está en el año 1796 y que es oficial del entonces General de Brigada Napoleón Bonaparte durante la campaña de Italia. Todos los oficiales concuerdan que para avanzar hay que esperar a que llegue el convoy de suministros, pero el General enfatiza la urgencia de avanzar sin detenerse a esperar, y entonces dice la famosa frase atribuida a él: “Yo ataco, y que la intendencia me siga” «Je m’engage, que l’intendance me suive».
La intendencia es la logística, encargada de planificar, gestionar y distribuir los suministros necesarios para el avance de las tropas. Durante los 16 años siguientes Napoleón atacó y la intendencia lo siguió, así que parece haber sido un buen plan, ¿verdad?
En junio de 1812 Napoleón decidió invadir Rusia y en pocos días cruzó la frontera al mando de 700.000 soldados, el mayor ejército europeo jamás reunido hasta entonces. Esa decisión significó, según muchos historiadores, el inicio de su fin, no solo porque a esa fecha tenía varios frentes de batalla abiertos al Norte, Sur, Este y Oeste del imperio, sino porque cometió un error fundamental: minusvaloró el papel de la intendencia, de la logística, y él supuso que obtendría en el camino hacia Moscú todos los suministros necesarios.
Lo que sucedió en realidad es que cada vez que los soldados llegaban a una ciudad rusa, los pobladores la habían evacuado y habían incendiado todos los suministros. Sin estar preparado para una campaña tan larga y sin recursos que saquear, el hambriento, enfermo y cansado ejército francés, fue forzado a entrar más y más en las frías estepas rusas.
En las primeras seis semanas Napoleón perdió 250.000 soldados. En lugar de darse cuenta de que la falta de suministros sería su perdición, siguió adelante y el 14 de septiembre llegó a una Moscú prácticamente desierta y envuelta en llamas. Allí tomó la brillante decisión de esperar sentado durante cinco semanas a que los rusos se rindan, pero nunca lo hicieron.
El emperador se dio cuenta muy tarde de que no tenía los recursos para soportar el crudo invierno ruso, así el 19 de octubre inició el penoso y mortal viaje de regreso. En diciembre, lograron salir de Rusia solo 100.000 de los 700.000 soldados que entraron.

Nadie es inmune
Las lecciones sobre la importancia de la intendencia son claras. En el dulce nombre de avanzar, podemos caer en la tentación de descuidar la intendencia, que seguirá nuestros pasos hasta donde pueda, y después quedaremos sin abrigo y sin comida en las frías estepas de la competencia empresarial. Incluso los líderes más visionarios y las empresas más poderosas de nuestra época dependen de una red logística fuerte, flexible y funcionando a plena capacidad.
Hoy en día, las cadenas de suministro pueden contar con Internet de las Cosas para el seguimiento en tiempo real, con blockchain para la trazabilidad, con gemelos digitales para la optimización, con automatización avanzada y robótica para aumentar su eficiencia, con herramientas de IA para identificar cuellos de botella, puntos de fallo en el flujo, entrenamiento de equipos, simulación de escenarios, evaluación de KPIs y un largo etcétera de tecnologías revolucionarias. Pero ninguna tecnología sirve si no está presente cuando debe, y esas decisiones no las toman las máquinas, las toman quienes tienen la responsabilidad y el coraje de decidir.
Usted podría pensar: “a mí no me va a pasar esto de minusvalorar a la intendencia”, pero lo he visto pasar una y otra vez durante más de 30 años de acompañar a directivos en Latinoamérica, España y Estados Unidos. Ninguna empresa es inmune.
No importa cuán grande y fuerte, o cuán pequeña y flexible sea. No importa cuantos éxitos ha tenido usted, o su probada capacidad para analizar, decidir, planificar o ejecutar. No importa cuantos problemas haya superado usted y sus tropas empresariales. Cuando da por sentada a la logística, deja de atenderla y ese es el momento en el que usted firma una sentencia de fracaso por inanición empresarial.
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