
“Dormir poco afecta la calidad de vida”, afirma Conrado Estol. En esta entrevista, analiza por qué negamos el riesgo, cómo actuamos frente al cambio y qué puede hacer hoy cualquier persona, incluso en entornos tan demandantes como la logística y el comercio exterior, para cuidar su salud.
¿Existe realmente esa idea de que “a mí no me va a pasar”?
Todos piensan eso: “a mí no me va a pasar”. Y es muy simple: somos humanos y el cerebro está preparado para engañarnos, para negar la posibilidad de daño, de muerte, de enfermedad y demás. Entonces caemos en esa trampa.
Es una cuestión de neurociencia grabada desde la caverna: queremos pensar que no nos va a pasar nada. Pero las cosas pasan. Lo interesante es que hoy sabemos todo lo que se puede hacer para que no pasen. La neurociencia explica nuestras conductas y el cerebro funciona de una forma predictiva y no siempre racional.
Dan Ariely, un neurocientífico con infinidad de experimentos, muestra cómo uno termina comprando lo que le quieren vender. Desde las opciones en una vidriera hasta los valores distintos en una suscripción: eso se llama anclaje. Es un sesgo cerebral. También lo estudió Kahneman, premio Nobel de Economía.
Los sesgos nos van guiando hacia lo que el sistema nos quiere inducir. Entonces mezclás todo: el autoengaño y el a mí no me va a pasar. Somos activamente irracionales y tomamos decisiones sin lógica, guiados por esos sesgos.
¿Y qué pasa con profesiones como las del sector logístico o el comercio exterior, que son tan exigentes?
Logística y comercio exterior son tareas críticas y estresantes. Lo vimos en pandemia: cuando se interrumpió la cadena logística, todo se desestabilizó. Y eso genera impacto en la salud mental.
La clave es concientizar, no se trata de dejar la vida en el trabajo, sino de encontrar los 15 minutos para hacer ejercicio, los 10 minutos para meditar, y organizar el sueño. Si tenés que mandar un mail a medianoche a China y levantarte a las cinco, no dormís siete horas. Tenés que buscar compensarlo. Una siesta de 45 minutos vale. Pero hay que pasar por todas las fases del sueño.
El ejército americano, por ejemplo, aplicó técnicas como la respiración cuadrada para combatir el estrés. Inspirar, mantener y expirar de forma rítmica, también lo podemos hacer todos.
Por ejemplo, hay escritorios que permiten trabajar de pie, relojes inteligentes que te dicen que te muevas, podés hacer sentadillas contra la pared, todo suma. Comer sano tampoco es imposible, podés armar un tupper desde tu casa. Lo importante es tenerlo en mente.
Hay que tener en cuenta algo: hoy dos de cada tres personas pasan los últimos 10 años de su vida con mala salud. Lo que queremos es llegar a los 85 años como Ringo Starr, saltando en un escenario. Eso es posible, pero depende de nosotros.
¿Cuánto avanzó la neurociencia en estos años?
Avanzó muchísimo. Antes existía la neurología, donde conocíamos la anatomía del cerebro, sabíamos que en un lugar estaba el lenguaje, el movimiento de la mano derecha, el cálculo y la orientación. Pero eso era bastante primitivo.
Hoy, gracias a la tecnología, podemos medir el funcionamiento del cerebro. Aparece la resonancia magnética funcional y otros estudios que muestran cómo está activado el cerebro. Por ejemplo, se puede detectar cuando alguien miente o ver cómo se activa una pequeña zona del cerebro, por ejemplo, cuando Roger Federer pega un drive. Mientras que si ese mismo golpe trato de pegarlo yo, todo mi cerebro va a estar “incendiado” tratando de lograr ese impacto.
Se han hecho estudios donde se encierra a una persona en una casa decorada como si estuviera 30 años atrás. Desde luego, la persona sabe que no es así, pero al evaluar sus capacidades cognitivas antes y después de pasar una semana en ese ambiente, el individuo rejuvenece.
Lo mismo con estudiantes: a algunos se les habla de temas de juventud y a otros de geriátricos, dentaduras, cirugías y demás. Luego miden la velocidad que presentan al caminar: los que escucharon temas “viejos” caminan más lento. Todo eso es neurociencia: explica por qué actuamos como actuamos.
¿Y cómo ves el impacto del ritmo actual y la tecnología?
El impacto va a ser dramáticamente positivo. Nunca pasó esto antes. Hoy, todo es inmediato, pero aún así cuesta que las cosas que mejoran la calidad de vida se impongan. Y claro que hay un doble filo. Si un chico pasa ocho o diez horas frente a la pantalla, va a ser malo. Hay estudios que muestran que prohibir el celular en colegios mejoró la sociabilidad y la capacidad física. Pero si usamos esa tecnología para cosas creativas, puede ser muy positivo.
Pensemos en los buscadores, que son una enciclopedia inmensa. Y ahora, tenemos que celebrar los tres años de la IA. No pensemos cuánto trabajo va a eliminar, pensemos en cuánto tiempo va a ahorrar.
Yo soy médico y no voy a perder mi trabajo. Pero la IA me permite revisar trabajos científicos mucho más rápido y me ayuda a ser más eficiente. Va a permitir que la mayoría de la gente, que es buena y positiva, pueda aplicar su tiempo en otras cosas.
En medicina, lo que tiene la IA es que no reemplaza la experiencia clínica. Una persona puede tener síntomas que parecen una parálisis, pero en realidad puede ser emocional. Eso no lo detecta la IA. Por eso, la consulta médica sigue siendo necesaria. Lo que sí se puede es regular ciertos usos para resolver dudas simples. Para lo demás, sigue haciendo falta el profesional.

¿Cómo adaptarse a esta transformación tan veloz?
Los adultos tenemos una dificultad muy grande para adoptar nuevos hábitos. Es más fácil con los chicos. Lo que tenemos que hacer los adultos es enseñarles, con el ejemplo, a comer sano y a incorporar frutas y verduras.
Ahora, una cosa es adaptarse a un procedimiento nuevo de tu empresa que te complica, y otra es adaptarse a algo que mejora tu calidad de vida. Los periodistas, por ejemplo, siguen siendo ellos quienes escriben, pero hoy pueden usar IA para escribir como si fueran ganadores de premios internacionales. Lo importante es que uno siga siendo el autor, pero ahora con ayuda. No hay reemplazo, solo asistencia.
¿Cuáles son las claves para una vida saludable?
En esta pregunta no tengo dudas. Sé la respuesta. Hay que dormir, y no se recupera el sueño. Si dormís cinco horas, no lo compensás el fin de semana. Dormir poco afecta la calidad de vida, la expectativa de vida, y aumenta el riesgo de demencia. Después: hacer ejercicio. No es opcional. Es la única intervención que rejuvenece la biología humana. Y por último, la nutrición: comer comida, poca, preferentemente plantas. El atajo: dieta mediterránea.
Y también alimentar el espíritu: mantener vínculos sociales, agradecer y tener propósito de vida. Eso también alimenta.
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