
Gracias a la expansión del sistema TIR —un mecanismo global de tránsito aduanero promovido por la IRU (Organización Internacional del Transporte por carretera)—, Chile se posiciona como un actor estratégico para interconectar los océanos y potenciar el comercio intrarregional en América del Sur.
Representantes de la IRU y autoridades nacionales chilenas mantuvieron recientemente una reunión clave para analizar cómo mejorar la eficiencia del transporte y el comercio transfronterizo. Durante el encuentro, que incluyó a Lucas Lagier (Senior Manager de IRU TIR y Servicios de Tránsito) y a Alejandra Arriaza (Directora Nacional del Servicio de Aduanas de Chile), se abordaron temas como la digitalización de documentos, la armonización de procesos aduaneros y el cumplimiento de normas internacionales como el Acuerdo sobre Transporte Internacional Terrestre (ATIT).
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Una herramienta que optimiza el transporte terrestre
El sistema TIR (Transports Internationaux Routiers) fue diseñado para facilitar y agilizar el transporte de mercancías en tránsito, permitiendo que los camiones crucen múltiples fronteras sin necesidad de abrir sus cargas para inspección, siempre que el precinto se mantenga intacto. Actualmente es utilizado en más de 60 países y ha demostrado ser eficaz en la reducción de tiempos y en el fortalecimiento de la seguridad de las cadenas logísticas.
En el caso de América del Sur, su implementación tiene el potencial de mejorar de forma sustancial los flujos de comercio en rutas transfronterizas, especialmente en trayectos que incluyen pasos cordilleranos, zonas portuarias o puntos aduaneros de alto tránsito. La región andina, por sus características geográficas, es una de las que más se beneficiaría del uso de este sistema.
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Chile como nexo clave entre océanos
Con más de una decena de pasos fronterizos hacia Argentina, Bolivia y Perú, Chile podría funcionar como un eje de tránsito terrestre para cargas que requieren acceder tanto al Atlántico como al Pacífico. Este papel de “puente logístico” podría consolidar corredores bioceánicos que no solo conecten puertos, sino también zonas francas, centros de distribución y polos productivos situados tierra adentro.
Además, las iniciativas que buscan impulsar la integración física sudamericana —como los corredores interoceánicos existentes o proyectados— encuentran en el TIR una herramienta de respaldo para ganar eficiencia operativa. En este sentido, Chile ya ha dado pasos formales para incorporar el sistema en sus procesos logísticos y aduaneros, lo cual permitiría homologar procedimientos con sus países vecinos.
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Reducción de costos, tiempos y burocracia
Según datos de la IRU, el uso del TIR permite reducir los costos logísticos hasta en un 40% en rutas terrestres internacionales. Esto se traduce en beneficios tangibles para transportistas, operadores logísticos, exportadores e importadores, al evitar inspecciones múltiples, agilizar los trámites y reducir la necesidad de garantías aduaneras en cada frontera. También mejora la previsibilidad del comercio, un aspecto clave para industrias que trabajan con plazos estrictos o productos perecederos.
En Sudamérica, donde los tiempos de espera en las aduanas pueden llegar a superar las 20 horas en algunos pasos fronterizos, la implementación de este régimen significaría una mejora radical. Además, la reducción de demoras y el aumento en la eficiencia podrían contribuir a una disminución de la huella ambiental del transporte, al evitar trayectos innecesarios o prolongados.
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Un impulso para las economías regionales
Más allá del beneficio inmediato en términos de eficiencia logística, el uso del TIR también puede ser una palanca para el desarrollo de economías regionales. Al conectar polos productivos del interior con puertos de ambos océanos a través de rutas más dinámicas, se amplían las oportunidades de exportación, se generan empleos indirectos en la cadena de suministro y se incentiva la inversión en infraestructura complementaria.
El fortalecimiento de corredores logísticos terrestres también puede contribuir a una mayor resiliencia comercial frente a interrupciones del transporte marítimo, como las observadas en años recientes con el colapso de canales estratégicos o el aumento de costos de flete internacional. En este contexto, contar con alternativas viables por tierra y con una integración fluida entre países adquiere un valor geopolítico creciente.
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Desafíos por resolver
La implementación plena del sistema TIR en Sudamérica aún enfrenta desafíos. Es necesario un alineamiento normativo entre países, inversiones en capacitación de funcionarios aduaneros y mejoras en los sistemas informáticos de control. También es clave garantizar que la infraestructura física —rutas, aduanas, depósitos— esté a la altura de la demanda potencial que podría generar esta nueva conectividad.
La voluntad política y la articulación público-privada serán elementos centrales para avanzar en esta dirección. Varios países de la región ya han adherido al convenio TIR y se encuentran en distintas etapas de implementación, pero aún es necesario fortalecer la cooperación y la interoperabilidad entre sistemas.
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Hacia una Sudamérica más conectada
En un continente donde el transporte terrestre representa la columna vertebral del comercio regional, el uso del TIR puede marcar un antes y un después en la forma en que las mercancías circulan entre países. Chile, por su ubicación y su rol histórico en la facilitación del comercio exterior, está en condiciones de liderar esta transformación y contribuir a una mayor integración sudamericana.
La conectividad interoceánica no solo es una cuestión de rutas y pasos fronterizos: es una estrategia para unir economías, optimizar cadenas de suministro y fortalecer vínculos comerciales que trascienden fronteras. En este proceso, la logística —eficiente, segura e integrada— será la clave del desarrollo.
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