
Los datos surgen del último informe conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). De acuerdo con el mismo, esta dinámica del comercio internacional, lejos de ser un fenómeno marginal, plantea desafíos estructurales para las cadenas de suministro, desde la trazabilidad hasta la seguridad operativa y la sostenibilidad del sistema logístico.
El estudio —basado en datos aduaneros de incautaciones a nivel mundial correspondientes a 2021— estima que el valor del comercio de bienes falsificados ronda los USD 467 mil millones. Estos flujos no solo generan pérdidas económicas para las empresas legítimas y los Estados, sino que también amenazan la salud pública y el cumplimiento normativo en sectores críticos como el farmacéutico, automotor, textil y electrónico.
Impacto directo en la logística global
El fenómeno afecta directamente la eficiencia de las cadenas logísticas. La expansión de métodos como el envío por correo postal o servicios de paquetería exprés —que concentran el 75% de los envíos incautados— ha dificultado el control fronterizo y la detección temprana de bienes ilegales. En 2020-2021, el 79% de las incautaciones fueron de paquetes que contenían menos de diez artículos, lo que evidencia un cambio táctico: en lugar de grandes volúmenes, se fragmentan los envíos para minimizar el riesgo de detección.
Además, crece la tendencia de “localización” de la producción: los falsificadores importan piezas o envases por separado, y ensamblan el producto final en mercados cercanos al destino. Esto complica el monitoreo logístico tradicional y desafía los mecanismos de trazabilidad, al camuflar actividades ilegales dentro de flujos comerciales regulares.
Zonas francas y comercio electrónico: brechas en el control
Las zonas francas —con menor supervisión normativa— se han convertido en puntos estratégicos para el ensamblaje y redireccionamiento de productos falsificados. A su vez, el comercio electrónico ha facilitado la proliferación de estas operaciones. Plataformas digitales permiten a los falsificadores operar con mayor anonimato, aprovechando lagunas en la verificación de vendedores y en los controles de última milla.
Esto ha obligado a los operadores logísticos, aduanas y autoridades regulatorias a redoblar sus esfuerzos de coordinación, generando costos operativos adicionales y tensionando la velocidad y eficiencia de los procesos logísticos globales.

Principales productos y rutas
Entre los sectores más afectados se encuentran la indumentaria, el calzado, los artículos de cuero, los perfumes y cosméticos, los juguetes y los productos electrónicos. En conjunto, estas categorías representan más del 70% de los artículos incautados.
Geográficamente, China y Hong Kong continúan liderando el origen de productos falsificados, aunque regiones como Turquía, Líbano y países de América Latina han ganado relevancia como puntos de tránsito o ensamblaje. En términos de destino, la Unión Europea y Estados Unidos siguen siendo los mercados más vulnerables.
En el caso europeo, Alemania, Bélgica y Francia se ubicaron entre los principales receptores de importaciones falsas. Solo en 2021, se estima que ingresaron al bloque productos falsificados por un valor de USD 117 mil millones.
Riesgos estructurales y respuesta internacional
Los productos falsificados no solo afectan a grandes marcas. Las pymes también enfrentan dificultades para proteger su propiedad intelectual, dado que los recursos para fiscalizar y denunciar este tipo de ilícitos suelen estar concentrados en grandes corporaciones. Esta disparidad amplía la brecha competitiva y debilita la equidad en el comercio internacional.
Además, muchos de los productos falsos implican riesgos directos para los consumidores: desde medicamentos y cosméticos sin control sanitario, hasta autopartes que no cumplen con estándares de seguridad. El informe subraya que los ingresos del comercio ilegal también alimentan redes de crimen organizado y corrupción, ampliando el impacto sistémico.
Ante esta situación, la OCDE recomienda reforzar la cooperación internacional, mejorar los sistemas de trazabilidad y establecer acuerdos con actores clave del ecosistema logístico, como plataformas digitales, empresas de transporte y servicios postales. También destaca el rol del portal europeo de aplicación de derechos de propiedad intelectual (IPEP), como herramienta de intercambio entre titulares de marcas y autoridades aduaneras.
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