
“La logística tiene un valor estratégico que va mucho más allá del costo”, afirma Carlos. Explica que la creciente brecha entre quienes apuestan por la eficiencia y la sustentabilidad, y quienes compiten solo por precio, marca un cambio profundo en las reglas del juego.
¿Qué rol juega el factor humano en un rubro como la logística?
Estoy convencido de que los números te dan una foto, pero el valor verdadero está en las personas. Y más en una industria tan desafiante como la logística, que requiere un funcionamiento constante y de alta complejidad. Capacitar a los equipos, compartir propósitos y trabajar alineados es lo que realmente genera resultados sustentables.
En este sentido, también es clave lograr que las nuevas generaciones se entusiasmen con este mundo. No es sencillo transmitir la pasión que uno siente por esta actividad, pero es un trabajo del día a día, de contagiar con el ejemplo y construir espacios de aprendizaje.
¿Dónde radica la complejidad de la actividad logística?
Para mí, la logística es una forma de vida. La adrenalina que se vive en este sector no se encuentra en muchas otras industrias. Es un trabajo siete por veinticuatro: cuando uno duerme, hay operaciones que siguen en movimiento, sorteando imprevistos, en puertos, aeropuertos o rutas.
Por otro lado, cada día es diferente. Siempre hay nuevas situaciones que requieren resolución rápida, y eso es parte del atractivo. Uno termina generando un vínculo emocional con esta dinámica, al punto que resulta muy difícil imaginarse trabajando en otra cosa.
¿Cuáles son los ejes que hoy definen la competitividad en el sector?
La eficiencia es uno de los grandes pedidos de todas las industrias. Y en logística se traduce en optimizar costos, escalar operaciones y garantizar resultados. Pero además, hay dos pilares que cobraron un protagonismo indiscutido: la seguridad y la sustentabilidad.
Hoy las empresas buscan operadores que no solo cumplan con tiempos y precios, sino que también garanticen responsabilidad en el servicio. En ese sentido, impulsamos el uso de bitrenes, que permiten reducir la huella de carbono entre un 30% y 40% y mejorar la seguridad vial, gracias a sus sistemas de frenos electrónicos, control de estabilidad y menor impacto sobre las rutas.

¿Qué condiciones se necesitan para expandir el uso de bitrenes en Argentina?
El principal desafío está en lograr una articulación eficaz entre operadores logísticos, dadores de carga y autoridades gubernamentales. Para que los bitrenes puedan circular, se requieren rutas habilitadas, capacitación específica de choferes y regulaciones claras.
Además, se necesita una mirada a largo plazo. Hoy ya se están evaluando alternativas como el uso de bitrenes a GNC, o incluso impulsados por biometano. Es un camino que recién empieza, pero con un gran potencial para contribuir a una logística más eficiente y sostenible.
¿Cómo ves el panorama logístico en Argentina y su relación con el comercio exterior?
El contexto postpandemia dejó una logística más compleja, afectada por conflictos internacionales y por la lejanía de Argentina respecto de los grandes centros logísticos globales. Pero en esa misma complejidad aparecen oportunidades.
Hoy más que nunca, el diferencial está en dejar de ser un proveedor y convertirse en un socio estratégico. Las empresas valoran a quienes entienden sus operaciones, acompañan su crecimiento y se adaptan a sus necesidades logísticas. Quien logre construir ese vínculo, tendrá ventajas competitivas muy claras.
¿Cuáles son las tendencias logísticas que marcarán el rumbo en los próximos años?
Sin dudas hay una evolución tecnológica inevitable, con inteligencia artificial, robotización y digitalización de procesos. Pero también se viene una etapa donde deberemos ser creativos para compensar la falta de infraestructura.
En ese sentido, la intermodalidad es clave. La posibilidad de articular camión, ferrocarril, barco y avión será determinante para una logística eficiente. Hay avances, aunque todavía hay cuestiones regulatorias por resolver. Pero es urgente que el sector pueda brindar soluciones por distintos medios, dependiendo de cada operación.
¿Qué están demandando hoy las grandes compañías en materia logística?
Las prioridades cambiaron. Hoy, en primer lugar, se exige seguridad. En segundo lugar, sustentabilidad. Y recién en tercer lugar, precio. Este nuevo orden redefine completamente las estrategias logísticas.
Eso implica trabajar con flotas modernas, menores a diez años de antigüedad, invertir en tecnología y capacitar a los conductores. Además, debemos atraer nuevos perfiles: estamos impulsando programas para incorporar mujeres conductoras y mejorar las condiciones de empleo en el sector. El chofer profesional es y será una pieza clave.
¿Cómo proyectás el futuro inmediato del sector logístico?
Estamos frente a un punto de inflexión. Venimos de una caída en los patentamientos, lo que marca una crisis profunda. Pero también vemos que se está generando una división en el mercado.
Habrá operadores que apuesten por la seguridad, la calidad y la inversión en tecnología, y otros que solo competirán por precio. Es una separación que se va a profundizar. Por eso, quienes apostamos a una logística profesional y responsable, debemos redoblar el compromiso y mostrar que esta actividad tiene un valor estratégico que va mucho más allá del costo. En ese convencimiento está nuestra oportunidad: liderar con propósito y construir el futuro de un sector que nunca se detiene.
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