
La reciente imposición de un arancel del 10% por parte de Estados Unidos a la mayoría de los países latinoamericanos amenaza con reconfigurar no solo el flujo de comercio agrícola de la región, sino también toda la logística que sostiene esas exportaciones clave hacia el principal destino extra-regional de productos como café, frutas, flores y azúcar.
La decisión, anunciada una semana antes de la Cumbre de la CELAC, obliga a las economías latinoamericanas a acelerar la búsqueda de mercados alternativos y ajustar sus cadenas logísticas para mantener la competitividad frente al nuevo escenario arancelario.
Impacto inmediato en las rutas logísticas
Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales de América Latina, especialmente en el sector agroindustrial. En 2024, países como Brasil, Argentina, Colombia y Perú enviaron miles de millones de dólares en productos primarios y manufacturados de origen agropecuario hacia el mercado estadounidense. Esta dependencia genera ahora una presión significativa sobre las cadenas de abastecimiento y distribución, que deberán adaptarse a nuevas rutas y tiempos de entrega hacia destinos alternativos en Asia o Europa.
Para la logística regional, esto significa recalibrar corredores comerciales, aumentar la capacidad de almacenamiento temporal y revisar estrategias de transporte multimodal, especialmente para productos perecederos como frutas frescas y flores, cuya competitividad depende de la rapidez y eficiencia de las entregas.
Diversificación de destinos, un desafío logístico
La necesidad de diversificar destinos para las exportaciones agrícolas conlleva también desafíos logísticos complejos. Nuevos mercados implican no solo mayores distancias y costos de transporte, sino también la adaptación a diferentes normativas fitosanitarias, barreras técnicas y preferencias de los consumidores.
Países como Ecuador y Colombia, por ejemplo, ven una oportunidad relativa: mientras otros competidores enfrentan aranceles aún más altos (Vietnam con un 46% e Indonesia con un 32%), productos como el banano y el cacao podrían ganar participación de mercado. Sin embargo, capitalizar estas ventajas requiere agilidad logística y capacidad para asegurar la trazabilidad, calidad y tiempos de entrega exigidos por los nuevos compradores.

Reorganización regional y tratados comerciales
La logística intra-regional también se perfila como clave en este nuevo contexto. Los países miembros del DR-CAFTA y el TPC, como República Dominicana, Panamá y Costa Rica, esperan evitar el impacto total de los aranceles gracias a estos acuerdos. Si se concretan las exclusiones, las rutas logísticas hacia Estados Unidos podrían mantenerse estables para estos países, consolidando su posición como hubs de exportación agrícola.
En contraste, otras economías como Venezuela y Nicaragua, golpeadas por aranceles del 15% y 18% respectivamente, enfrentarán mayores desafíos logísticos para sostener sus flujos comerciales hacia el norte.
Tensiones comerciales y costos logísticos en alza
El nuevo contexto internacional también podría derivar en un aumento de los costos logísticos en toda la región. Las navieras y operadores de carga anticipan la necesidad de reestructurar sus operaciones, redistribuir capacidades portuarias y revisar frecuencias de envío ante una potencial caída de volumen en rutas tradicionales hacia Estados Unidos.
A esto se suma la incertidumbre cambiaria y el alza de los costos energéticos, que impactan directamente en la estructura de precios de la logística latinoamericana.
La imposición de aranceles por parte de Estados Unidos acelera la tendencia hacia un comercio exterior más fragmentado y exigente, donde la capacidad logística de cada país será determinante para sostener sus exportaciones y encontrar nuevas oportunidades.
Las estrategias logísticas deberán enfocarse no solo en minimizar costos, sino en maximizar flexibilidad y resiliencia, incorporando nuevas tecnologías de trazabilidad, soluciones de transporte refrigerado y acuerdos regionales que permitan amortiguar el golpe arancelario.
La clave será anticipar el movimiento del mercado y mantener la fluidez de las cadenas de suministro, en un momento donde cada día de retraso o ineficiencia logística puede significar la pérdida de competitividad en el tablero global.
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