
En diálogo con Movant Connection, Carla explica cómo la innovación, la competitividad y los acuerdos internacionales son claves para potenciar la exportación en la industria alimenticia, mientras enfrenta desafíos como la alta presión tributaria y la capacidad ociosa del sector.
¿Qué es COPAL?
COPAL es una entidad gremial empresaria que nuclea a 33 sectores de la industria de alimentos y bebidas, que representan un entramado de 14.500 empresas distribuidas a lo largo de todo el país. Lo más destacable es que el 95% de estas empresas son pymes, lo que subraya su papel crucial en la economía nacional.
El objetivo de COPAL es promover el desarrollo integral de las empresas representadas, trabajando en diversas áreas para fortalecer tanto la producción interna como las posibilidades de internacionalización.
¿Cómo interactúa la industria alimenticia con el comercio exterior?
Las exportaciones son un eje estratégico para la industria alimenticia. Actualmente, solo 1.200 de las 14.500 empresas del sector participan en actividades de comercio exterior, un porcentaje que busca incrementarse. Argentina necesita exportar para crecer, y esta industria es responsable de cuatro de cada diez dólares que ingresan por exportaciones, lo que lleva a un compromiso por generar nuevas capacidades de exportación.
Para ello, se trabaja en reducir los costos asociados a la logística, la distribución y otros aspectos tributarios que limitan la competitividad. Entre las propuestas está la creación de una cuenta única tributaria que facilite la gestión de saldos fiscales y simplifique los trámites para las empresas exportadoras.
¿Qué impacto tuvieron los cambios normativos recientes en el sector?
La estabilidad macroeconómica y el orden fiscal han creado un entorno más favorable para el desarrollo de los negocios. Sin embargo, el gran desafío está en consolidar este avance mediante la reducción de la presión tributaria y la eliminación progresiva de impuestos como las retenciones.
Un aspecto clave es el nuevo régimen de transparencia fiscal, que permite evaluar el peso efectivo de los impuestos en el precio final de los alimentos. Esta medida abre la puerta a un debate más profundo sobre la competitividad y la necesidad de simplificar el sistema tributario a nivel nacional, provincial y municipal.

¿Qué análisis hacés respecto del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur?
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur representa una oportunidad única para mejorar la inserción internacional de la industria alimenticia. La relación comercial con la Unión Europea es histórica y genera un superávit anual que ronda en torno a los 1.500 millones de dólares.
Este acuerdo permitirá ampliar la oferta exportable y superar barreras técnicas que actualmente limitan el comercio con los países de ese bloque comercial. Es crucial que el Congreso argentino facilite un debate ágil y efectivo para que se pueda aplicar de forma total el acuerdo.
Por otro lado, más allá de Mercosur-Unión Europea, es que se retoma el sendero de negociaciones internacionales, con una agenda mucho más agresiva de apertura de mercados.
¿Qué lugar ocupa la innovación en este sector?
La industria de alimentos y bebidas en Argentina se caracteriza por una cultura de innovación constante. La reconversión tecnológica es una práctica permanente que permite diversificar el portafolio y adaptarse a las demandas globales. Este dinamismo se enfrenta al desafío de una capacidad ociosa del 40%, lo que subraya la necesidad de reactivar partes del entramado productivo mientras se implementan tecnologías innovadoras.
La industria local tiene la capacidad de elaborar productos que responden a las necesidades del mercado global, consolidando así su rol como actor clave en el comercio exterior.
¿Cómo esperás que le vaya al sector que representa COPAL en los próximos meses?
De cara al futuro, se busca consolidar la competitividad de la industria alimenticia y ampliar su protagonismo en el comercio exterior. El objetivo es que más empresas se sumen al entramado exportador. Esto no solo fortalece al sector, sino que también genera un impacto positivo en la economía nacional.
Es importante mantener un diálogo intersectorial y construir consensos para abordar los desafíos pendientes. La industria tiene las herramientas y el potencial para ser un motor de crecimiento económico y social, tanto a nivel local como internacional.
Se trata de un rubro que aporta gran cantidad de las divisas del país y que tiene una presencia crucial en la economía nacional. En ese sentido, consideramos que el camino trazado promete un futuro lleno de oportunidades para la industria alimenticia argentina.
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