"Yo decicí vivir", el conmovedor mensaje de un hombre sin brazos ni piernas

A Philippe Croizon debieron amputarle todas las extremidades después de sufrir una terrible descarga eléctrica. Sin embargo, decidió seguir adelante. Su inspiradora historia

Guardar
Google icon
Imagen YNOTCZRIHZDRVPJI4YGM2HT7OI

El 5 de marzo de 1994, Philippe Croizon, con 26 años, se subió al tejado de su casa a mover la antena de televisión. Al tocarla recibió una descarga de 20.000 voltios que le recorrió todo el cuerpo. En realidad fueron dos. La primera le provocó un ataque al corazón; la segunda, le reanimó cuando ya estaban allí delante los bomberos y toda su familia.

Milagrosamente, salvó la vida, pero, producto de las quemaduras, los médicos debieron amputarle las cuatro extremidades. Requirió numerosas operaciones y cientos de horas de rehabilitación y fisioterapia, pero, poco a poco, fue ganando movilidad. Soñaba con volver a practicar su deporte favorito, nadar.

PUBLICIDAD

Imagen HCNYH3QDWZFJFBPITNP27KV2PM

Lo acabó consiguiendo y fue sumando proezas: cruzó nadando el canal de La Mancha y nadó en los cinco continentes. En Francia es todo un ídolo. De hecho, fue nombrado Caballero de honor de la Legión. Incluso pusieron su nombre a una piscina, en Halluin. Ha escrito tres libros: Yo decicí vivir, Yo crucé La Mancha a nado y Más fuerte que la vida. Hasta se han hecho documentales sobre él y sus heroicidades. Ahora da charlas para motivar en empresas y colegios, pero, a sus 48 años se propuso una nueva aventura: correr el Dakar en 2017.

Imagen Y2LQPVAWJ5B6FKDIM3QKJHZEOM

Lleva todo 2016 en ello. Buscó financiación y equipo para llevarlo a cabo. Y lo ha encontrado con el preparador Yves Tartarin. Su compatriota le ha conseguido un 'buggy' y se lo ha adaptado a sus necesidades. Ha conseguido algunos patrocinadores y ha ido probándose a sí mismo en todo tipo de circunstancias.

PUBLICIDAD

Imagen E76A2QRID5HCLP7KRQX3SCH5CY

"Empezamos entrenando en circuitos. Luego, hice unos test en Marruecos. Hice el Rally de Orthez y la Baja Aragón. Allí conocí a mi nuevo copiloto, Stephane Duple. También me entrené física y mentalmente porque los rallies requieren resistencia y concentración en todo momento", afirma.
El francés no ve tan complicado el hecho de conducir sin las cuatro extremidades. "En realidad, es como mover un joystick. Para mí es como si estuviera en un videojuego gigante", bromea.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD