Ashwagandha: la infusión natural que promete reducir el estrés, pero estos son sus posibles efectos secundarios

El interés por la ashwagandha crece, pero su uso no está exento de advertencias clínicas acerca de su impacto en la salud

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Una taza de cristal con infusión humeante, raíces y trozos de ashwagandha seca sobre una mesa de madera, junto a un signo de advertencia triangular.
La ashwagandha, una infusión natural que está de moda, promete ayudar a controlar el estrés. ¿Qué tanto respaldo científico tiene esta bebida? (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las infusiones de ashwagandha han adquirido gran popularidad entre quienes buscan alternativas naturales para aliviar el estrés y mejorar el sueño.

Esta planta, conocida en botánica como Withania somnifera, se promociona como adaptógeno por su potencial para reducir la ansiedad y favorecer el descanso. ¿Qué tan seguros son estos productos y cuáles son los posibles efectos adversos según la evidencia de referencia?

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La ashwagandha contiene withanólidos, compuestos activos estudiados en ensayos clínicos controlados.

Uno de los estudios más citados, realizado por Chandrasekhar y su equipo en 2012, mostró que el extracto de raíz puede disminuir los niveles de cortisol y mejorar el bienestar en adultos con estrés crónico.

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Sin embargo, la mayoría de estos ensayos utilizaron extractos estandarizados, no infusiones, lo que limita la extrapolación de sus resultados al consumo tradicional en forma de té.

Ensayos clínicos: beneficios y limitaciones

La Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos advierte que los beneficios de la ashwagandha sobre el estrés y el sueño son modestos y se evidencian principalmente en estudios con pocos participantes y de corta duración.

En estos ensayos, adultos sanos que tomaron extracto estandarizado durante seis a ocho semanas experimentaron una leve reducción en la ansiedad y el insomnio.

La Mayo Clinic señala que los efectos positivos se observan principalmente en personas con estrés crónico, pero enfatiza que la ashwagandha no reemplaza a la psicoterapia ni a los tratamientos médicos probados.

Ambas instituciones coinciden en que los datos de seguridad fiables solo cubren periodos de hasta tres meses y que no existe información sólida sobre el uso prolongado.

Infografía con manos sosteniendo una planta, documentos científicos, tubos de ensayo, balanza, pastillas, cinta métrica y recuadros sobre ashwagandha.
Ensayos clínicos sobre ashwagandha muestran alivio modesto del estrés y mejoras limitadas del sueño, con seguridad evaluada a corto plazo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Efectos secundarios frecuentes

La revisión clínica de Tandon y colaboradores recopiló evidencia de 30 ensayos en humanos y concluyó que la ashwagandha suele ser bien tolerada en dosis moderadas y bajo supervisión médica.

Los efectos adversos más habituales son malestar estomacal, somnolencia y heces blandas, generalmente leves y pasajeros.

El ensayo de Chandrasekhar detectó síntomas similares en los grupos de ashwagandha y placebo, sin diferencias estadísticamente relevantes ni eventos graves.

Cabe resaltar que los ensayos excluyen sistemáticamente a personas embarazadas, con enfermedades graves o polimedicadas.

Por ello, extrapolar la seguridad de estudios breves y condiciones controladas al uso libre de infusiones comerciales requiere precaución.

Riesgos menos frecuentes pero graves

Un aspecto clave es el riesgo de lesión hepática.

La base LiverTox, gestionada por los Institutos Nacionales de Salud, recoge casos documentados de daño hepático colestásico tras el consumo de ashwagandha, algunos confirmados mediante análisis del producto.

La Cleveland Clinic y el Manual MSD recomiendan evitar el suplemento en personas con antecedente de enfermedad hepática, ya que la mayoría de los casos graves requirieron suspender el consumo para recuperar la función hepática.

El Memorial Sloan Kettering Cancer Center ha advertido sobre el potencial de la ashwagandha para elevar hormonas tiroideas y testosterona, con riesgos específicos en personas con trastornos tiroideos o cáncer de próstata hormono-dependiente.

También desaconseja su uso en mujeres embarazadas y lactantes, respaldado por la advertencia de la agencia francesa ANSES ante la ausencia de estudios de seguridad.

Infografía sobre ashwagandha que muestra sus riesgos y precauciones, con iconos de estómago, hígado, tiroides, medicamentos, embarazo y médico.
Ashwagandha: riesgos, efectos secundarios y precauciones al consumirla. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Interacciones farmacológicas y recomendaciones oficiales

El Manual MSD y las fichas de los NIH subrayan la posibilidad de interacciones con medicamentos tiroideos, antidiabéticos, hipoglucemiantes y fármacos inmunosupresores.

La ashwagandha puede aumentar los niveles de T3 y T4, por lo que quienes toman levotiroxina deben consultar a su médico antes de iniciar cualquier suplemento.

Las guías clínicas también desaconsejan el uso en personas con enfermedades autoinmunes o bajo tratamiento inmunosupresor, debido a su capacidad de estimular el sistema inmune.

Respecto al sistema nervioso, tanto el Memorial Sloan Kettering como la Cleveland Clinic advierten sobre el riesgo de sedación excesiva o caídas si se combina ashwagandha con ansiolíticos, hipnóticos u otros depresores del sistema nervioso central.

Consumo responsable: dosis, duración y calidad según guías institucionales

Las investigaciones más fiables emplean dosis de entre 300 y 600 miligramos diarios de extracto estandarizado de raíz, durante un máximo de dos o tres meses.

Tanto la Mayo Clinic como la Cleveland Clinic recomiendan no superar estas cantidades y optar por productos verificados por organismos independientes como USP o NSF International para evitar contaminantes o adulteraciones.

El consumo como infusión genera incertidumbre, ya que la cantidad de principios activos varía mucho según la preparación y no existen estudios rigurosos sobre su seguridad o eficacia en este formato.

Las instituciones subrayan que “natural” no implica “inocuo” y que la falta de estandarización puede llevar tanto a subdosificación como a riesgos por exceso de principios activos.

Infografía sobre ashwagandha con ilustración de planta, raíces, cápsulas, frascos de laboratorio, calendario, tetera, sellos de certificación y balanza.
Ashwagandha: pautas de consumo seguro y dosis diaria máxima recomendada de 600 miligramos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Perspectiva regulatoria y conclusiones para el consumidor

La decisión de Health Canada de no autorizar el extracto de ashwagandha como ingrediente alimentario, junto con la ausencia de monografía oficial de la Agencia Europea de Medicamentos, reflejan la postura cautelosa de los organismos reguladores ante la falta de datos de seguridad a largo plazo y en poblaciones vulnerables.

Estas posiciones contrastan con la percepción de inocuidad que rodea a los productos naturales y subrayan la necesidad de información precisa y actualizada.

En síntesis, la ashwagandha puede brindar alivio modesto del estrés en adultos sanos, pero presenta riesgos potenciales.

Efectos secundarios leves como molestias digestivas y somnolencia son frecuentes, mientras que complicaciones graves —aunque raras— justifican precaución en personas con enfermedades previas o que toman medicamentos.

La supervisión profesional y la elección de productos de calidad son fundamentales para un consumo seguro y responsable.

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