La planta cuyo aroma reduce la ansiedad y mejora el sueño, según investigadores

La ciencia confirma que un recurso natural, empleado en aromaterapia, contribuye a mejorar el bienestar mental y el sueño en adultos

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Infografía con título sobre lavanda, mujer en hamaca en campo de lavanda nocturno, ilustraciones de meditación y sueño, y logo Infobae.
Beneficios de la lavanda para reducir la ansiedad, favorecer la relajación y mejorar la calidad del sueño y el descanso reparador. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las plantas medicinales con mayor respaldo científico para la salud mental, la lavanda se encuentra en el centro de numerosas investigaciones y reconocimientos institucionales.

Su aroma ha sido estudiado por equipos internacionales que concluyen que puede reducir la ansiedad y mejorar el sueño, sobre todo cuando se emplea en aromaterapia y en contextos de estrés leve.

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Esta afirmación se apoya en documentos elaborados por la Agencia Europea del Medicamento, el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud, que coinciden en señalar a la lavanda como la especie más sólida para este propósito.

Criterios de uso

La Agencia Europea del Medicamento publicó la monografía “Final Community Herbal Monograph on Lavandula angustifolia Miller, aetheroleum”, en la que reconoce el aceite esencial de lavanda como medicamento herbal tradicional indicado para aliviar síntomas leves de estrés mental y agotamiento, así como para favorecer el sueño.

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El organismo detalla que los efectos de la lavanda se deben principalmente a la presencia de sustancias como linalol y acetato de linalilo, que actúan sobre el sistema nervioso central generando un impacto ansiolítico y relajante.

El informe de evaluación de esta agencia destaca que, si bien el uso es seguro en adultos, no se recomienda en menores de doce años, mujeres embarazadas ni en periodo de lactancia, debido a la falta de estudios concluyentes sobre la seguridad en estos grupos.

Ilustración acuarela de una mujer con moño masajeando su cuello enrojecido. Un frasco con aceite lila y lavanda fresca se ven a su lado.
El aceite esencial de lavanda es un medicamento herbal tradicional indicado para aliviar síntomas leves de estrés mental y agotamiento, así como para favorecer el sueño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Revisión y advertencias

El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos, dependiente de los Institutos Nacionales de Salud, sintetiza en su ficha técnica “Lavender” que la aromaterapia con lavanda podría ayudar a reducir la ansiedad y mejorar el sueño en adultos, especialmente en situaciones hospitalarias o en casos de insomnio leve.

Este centro se apoya en revisiones clínicas internacionales, como la publicada en la revista Phytomedicine por investigadores liderados por Muhammad Manzoor, quienes concluyen que la lavanda es eficaz y segura para el tratamiento de síntomas de ansiedad leve, con efectos adversos mínimos.

El mismo centro destaca el metaanálisis firmado por Jun Kim y su equipo, bajo el título “The effect of lavender essential oil on quality of sleep: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials”, donde se demuestra que el uso de aceite esencial de lavanda mejora la calidad del sueño en adultos, con una diferencia media estandarizada estadísticamente significativa en comparación con los grupos control.

El NCCIH remarca que, aunque la evidencia es alentadora, la lavanda nunca debe reemplazar tratamientos médicos convencionales y desaconseja el uso oral de cápsulas de lavanda sin control sanitario, debido a la falta de datos sobre interacciones y seguridad a largo plazo.

OMS: respaldo al uso tradicional en salud mental

La Organización Mundial de la Salud incluye a la lavanda en su compendio “WHO Monographs on Selected Medicinal Plants”, donde la reconoce como una planta de interés terapéutico por su uso tradicional en el alivio del estrés, la ansiedad y las alteraciones del sueño.

La OMS recomienda integrar la lavanda como complemento en estrategias amplias para el insomnio y la ansiedad, junto a medidas como la higiene del sueño y la intervención psicológica, sin emitir recomendaciones clínicas específicas debido a la variabilidad en los resultados de la investigación.

Ilustración de acuarela de una mesita de noche con un difusor de aroma encendido, una vela y un jarrón de lavanda, junto a una cama con almohadas.
La OMS recomienda integrar la lavanda como complemento en estrategias amplias para el insomnio y la ansiedad, junto a medidas como la higiene del sueño y la intervención psicológica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ensayos y revisiones: evidencia clínica reciente

El metaanálisis coordinado por Jun Kim, titulado “The effect of lavender essential oil on quality of sleep”, analizó ensayos clínicos aleatorizados y concluyó que la aromaterapia con aceite esencial de lavanda mejora de manera significativa la calidad del sueño en adultos.

Esto ocurre sobre todo en estudiantes universitarios, pacientes hospitalizados y mujeres embarazadas, quienes reportaron menos problemas para conciliar el sueño y una mejor sensación de descanso al despertar.

Sobre la ansiedad, la revisión publicada bajo la autoría de Muhammad Manzoor en la revista Phytomedicine concluye que el aceite esencial de lavanda, tanto aplicado en aromaterapia como en preparados orales estandarizados, produce una reducción significativa de síntomas ansiosos respecto al placebo, sin causar sedación intensa ni efectos secundarios de importancia.

El equipo de Manzoor explica que este efecto se basa en la interacción con neurotransmisores como el GABA, fundamentales en la regulación de la excitabilidad neuronal.

Mecanismo de acción: ruta olfativa y sistema límbico

La revisión dirigida por Muhammad Manzoor expone que la inhalación del aroma de lavanda activa receptores olfativos que envían señales directas al sistema límbico, la zona cerebral responsable de las emociones y la gestión del estrés.

Este mecanismo favorece la reducción de la actividad de la amígdala y promueve la relajación.

Por su parte, Jun Kim y su equipo aclaran que la exposición al aceite esencial de lavanda disminuye la activación del sistema nervioso simpático, lo que genera un entorno fisiológico que facilita el sueño y reduce la ansiedad.

Mujer dormida en una cama, junto a un buró con planta de lavanda, un difusor de aromaterapia emitiendo vapor y un frasco de aceite de lavanda.
La aromaterapia con aceite esencial de lavanda mejora de manera significativa la calidad del sueño en adultos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Seguridad y recomendaciones prácticas

La Agencia Europea del Medicamento subraya que la aromaterapia con lavanda es segura para adultos en las dosis recomendadas, y señala que los efectos adversos son poco frecuentes y leves, como cefaleas o tos.

El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa coincide en este perfil de seguridad y destaca que el principal riesgo se asocia al uso oral sin supervisión profesional.

Ambas instituciones aconsejan que la lavanda se utilice solo como complemento en el manejo del insomnio y la ansiedad, y que se consulte siempre a un profesional sanitario en caso de síntomas persistentes o severos.

Comparación institucional con otras plantas medicinales

Los informes de la Agencia Europea del Medicamento y la revisión de Muhammad Manzoor indican que, aunque plantas como la valeriana y la melisa poseen también propiedades sedantes, su eficacia depende principalmente de la ingestión y no tanto del uso aromático.

La lavanda destaca en los análisis institucionales porque la evidencia sobre el efecto calmante de su aroma es más sólida y específica.

En resumen, la lavanda es la planta cuyo aroma ha demostrado capacidad para reducir la ansiedad y mejorar la calidad del sueño, según los trabajos de Jun Kim, Muhammad Manzoor, la monografía de la Agencia Europea del Medicamento, y las guías del Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa y de la Organización Mundial de la Salud.

Estas instituciones coinciden en que la lavanda es útil como intervención complementaria en adultos, siempre bajo criterios de seguridad y rigor científico.

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