Por qué el consumo de refresco puede aumentar el riesgo de desarrollar asma

El consumo de refrescos se asocia con riesgos poco conocidos para la salud respiratoria según organismos internacionales

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Primer plano de una persona sosteniendo un vaso de refresco con hielo y limón; sobre su pecho se superponen pulmones rojos y brillantes.
Por qué el consumo de refresco puede aumentar el riesgo de desarrollar asma. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación entre el consumo de refrescos y el desarrollo de asma bronquial ha pasado de ser una simple hipótesis a una preocupación reconocida por las principales instituciones sanitarias del mundo.

El aumento constante de la incidencia de enfermedades respiratorias crónicas en las últimas décadas ha llevado a la comunidad médica a examinar con detenimiento los factores dietéticos que inciden en la salud pulmonar.

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El asma, tradicionalmente entendida como un trastorno alérgico, es ahora considerada una condición multifactorial, en la que la alimentación y los hábitos de vida juegan un papel central.

Entre los elementos dietéticos más señalados se encuentran las bebidas azucaradas y los refrescos industriales, cuyo consumo se ha disparado globalmente, especialmente entre niños y adolescentes.

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Riesgos de las bebidas azucaradas

Diversos organismos internacionales han emitido alertas sobre los riesgos asociados a la ingesta habitual de refrescos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que los llamados “azúcares libres” —presentes en refrescos, jugos procesados y otras bebidas industriales— favorecen el desarrollo de enfermedades metabólicas y respiratorias.

Según la OMS, reducir el consumo de estos azúcares a menos del 10% de la ingesta calórica diaria, y preferiblemente por debajo del 5%, puede disminuir significativamente la prevalencia de patologías como el asma, la obesidad y la diabetes.

El Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, a través de su red de vigilancia epidemiológica, ha documentado que los adultos que consumen refrescos dos veces al día o más presentan tasas de asma superiores al 12%, frente a un 8,5% en quienes no los consumen.

Este hallazgo subraya que el efecto perjudicial de los refrescos no se limita al aumento de peso, sino que impacta directamente en la función pulmonar.

En México, la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública han adoptado medidas como el impuesto especial a bebidas azucaradas y el etiquetado frontal de advertencia, basándose en la evidencia de que la elevada ingesta per cápita de refrescos en el país (166 litros anuales) contribuye significativamente al deterioro de la salud respiratoria y metabólica de la población.

Latas de bebidas frías de metal, sin etiquetas, en colores dorado, azul, plateado y rojo, con condensación. Están dispuestas sobre hielo y fotografiadas desde arriba.
La OMS y otros organismos internacionales advierten que los azúcares libres en refrescos y bebidas procesadas elevan el riesgo de enfermedades metabólicas y respiratorias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué el consumo de refresco puede aumentar el riesgo de desarrollar asma

Las investigaciones oficiales revelan que beber refrescos azucarados incrementa el riesgo de desarrollar asma, tanto en población infantil como adulta.

Este vínculo persiste incluso al ajustar por factores como la obesidad, lo que indica que los refrescos afectan la salud pulmonar a través de mecanismos propios, independientes del aumento de peso corporal.

Además, la exposición regular a estos productos desde edades tempranas aumenta la probabilidad de presentar síntomas respiratorios y diagnósticos de asma en etapas posteriores de la vida.

Refrescos y salud pulmonar

Los datos de grandes encuestas nacionales, como la National Health and Nutrition Examination Survey NHANES en Estados Unidos, muestran una correlación directa entre el consumo de refrescos y la prevalencia de asma en menores de edad, con cifras que ascienden hasta el 16,4% en los consumidores crónicos.

El efecto se agrava en quienes superan los 500 kcal diarias provenientes de bebidas azucaradas.

A nivel biomolecular, las guías clínicas internacionales, como la GEMA y la GUIMA, advierten sobre el papel de la fructosa y los aditivos industriales presentes en los refrescos.

La sobrecarga de fructosa genera productos finales de glicación avanzada, que estimulan receptores inflamatorios en el tejido pulmonar y desencadenan respuestas inmunológicas asociadas al asma.

Además, los aditivos como los sulfitos y colorantes pueden provocar reacciones alérgicas agudas y broncoespasmo en personas susceptibles.

La OMS puntualiza que el consumo de una sola lata de refresco puede sobrepasar la dosis diaria recomendada de azúcares libres, lo que contribuye a una inflamación sistémica de bajo grado y altera la homeostasis inmunológica.

Este entorno favorece la aparición de cuadros de hiperreactividad bronquial y la resistencia a los tratamientos estándar del asma.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Estudios oficiales señalan que el consumo de refrescos azucarados eleva el riesgo de asma en niños y adultos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Recomendaciones y prevención

Las estrategias recomendadas por los organismos oficiales incluyen limitar el consumo de bebidas azucaradas, fomentar el acceso al agua potable y promover dietas ricas en fibra, frutas y vegetales.

En México, la implementación de impuestos y el etiquetado de advertencia han demostrado ser medidas eficaces para reducir el consumo y, por ende, el riesgo de enfermedades relacionadas, incluido el asma.

Las guías clínicas para el manejo del asma insisten en la importancia de identificar y eliminar factores dietéticos desencadenantes.

La GEMA 5.3 y el Consenso Nacional GUIMA 2017 recomiendan evaluar el peso corporal, el estado metabólico y las exposiciones alimentarias, y desalientan el consumo de refrescos, colorantes y conservadores en pacientes asmáticos o en riesgo.

Infografía sobre los riesgos de los refrescos azucarados, mostrando un cuerpo humano bebiendo soda, destacando los pulmones y paneles informativos.
Organismos internacionales advierten que el consumo de refrescos azucarados eleva el riesgo de asma y otras patologías respiratorias, con un alto consumo per cápita en México. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las instituciones sanitarias coinciden en señalar que el consumo de refrescos azucarados no es neutro para la salud respiratoria.

Tanto en la infancia como en la adultez, estas bebidas actúan como desencadenantes y agravantes del asma, a través de mecanismos inflamatorios, inmunológicos y metabólicos.

Reducir o eliminar el consumo de refrescos constituye una medida esencial en la prevención y el control del asma bronquial.

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