
Figuras como Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada o Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, han concentrado la atención en el mundo criminal debido a una popularidad característica que formaron a través de los años al tener presencia mediática o por mantener un bajo perfil.
Aunque resuenan en su mayoría nombres de figuras masculinas, en el narcotráfico también han participado mujeres como cabecillas de organizaciones que han trabajado codo a codo con líderes; sin embargo, sus historias no han sido contadas debido a que muchas manejaron un bajo perfil que las llevó a perderse en archivos o acusaciones en los Estados Unidos.
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Deborah Bonello, editora general de la agencia InSight Crime, explicó en entrevista con Infobae México que fue la falta de conocimientos sobre mujeres en el narco lo que la llevó a escribir su libro Narcas: El ascenso al poder de las jefas secretas del crimen organizado, con el objetivo de contar las historias de quienes colaboraron en el ascenso del Cártel de Sinaloa.

Durante su estadía en México en 2006 y mientras cubría temas de crimen organizado, Bonello identificó que la cobertura de las mujeres dentro de los cárteles se daba a través de su vida romántica y no en función de sus actividades delictivas, lo que la llevó a investigar sus roles con una mirada distinta.
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“Sentí que había demasiado enfoque en lo que son las novias y la figura de la buchona y toda esa cultura, pero toda la cobertura se enfocaba en con quién estaba casada, con quién se estaba acostando (o estaba) enamorada, con toda esa narrativa del romance y el sexo”, señaló.
Aprovechan los estereotipos, aunque también funciona como manto para ocultarse
Bonello explicó que fueron alrededor de dos años los que pasó documentando las historias de mujeres que participaron activamente en el narco en Honduras, Guatemala y México, y quienes contaban con alianzas con el Cártel de Sinaloa.
Durante su investigación, pudo recopilar testimonios y casos que evidencian el liderazgo de diversas mujeres en el crimen organizado, quienes participaban en funciones clave como el tráfico de drogas, lavado de dinero y operaciones logísticas.
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Bonello detalló que los estereotipos son un punto clave en el estudio de los roles de las mujeres en el crimen, ya que han provocado que permanezcan en las sombras al subestimarse sus capacidades, además de que puede ser aprovechado por ellas para mantener un bajo perfil.

Los liderazgos actuales de Enedina Arellano Félix (Cártel de Tijuana) y de Rosalinda González Valencia (Cártel Jalisco Nueva Generación) son una muestra del bajo perfil que suelen mantener las mujeres, ya que, a pesar de su poderío e influencia, poco se conoce de su entorno.
“Yo he hecho mucha fuerza para que documentáramos más a la Rosalinda. Pero realmente, cuando ves su fama y la cantidad de tiempo que ella tiene en el narcotráfico, comparado con su marido, es noche y día. Ella hasta que tiene muchos más años en el narcotráfico, más poder por parte de su familia (…) Yo siento (que esa invisibilidad es porque) en general, la gente que está documentando y escribiendo sobre el crimen organizado, históricamente fueron los hombres. Y los hombres en general no esperan que las mujeres tengan un poder, nos sobreestiman, lo cual sirve para las mujeres“, aseguró.
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Las buchonas, ¿tienen un nuevo rol o siempre lo llevaron a cabo?

La autora refirió que los roles de las mujeres dentro de los cárteles van más allá de su apariencia física, esto luego de que algunos expertos en seguridad pública han afirmado que aquellas identificadas como “buchonas” comienzan a tener papeles activos en las organizaciones.
“Puedo decir que las apariencias mienten y que ellas aparecen en muchas formas, sea buchona o abuela, todo es posible”, señaló.
En su libro, Deborah Bonello señala que las historias de mujeres han sido poco estudiadas debido a que su nivel de violencia ha sido usado como el prisma para medir el liderazgo y poder que tendrían dentro de los grupos criminales; sin embargo, la mayoría de ellas ha mantenido un bajo perfil desde los años cuarenta.
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A través de mujeres como Digna Valle ( Honduras); María Dolores Estévez Zuleta, “La Chata”, (México); Ignacia Jasso, “La Nacha”, (México); Emma Coronel (México); Luz Irene Fajardo Campos, entre otras, la autora abre una puerta para mostrar que su poderío iba más allá de los hombres que las rodeaban o de la violencia que ejercían.
“El punto del libro es tratar de quitarnos un poquito estos lentes (de los estereotipos) para ver con un poquito más de claridad lo que está pasando, porque también las mujeres usan estereotipos para esconderse”, señaló.
Narcas cuenta la historia de un grupo de mujeres que lideraron sus propias organizaciones criminales. Todas tienen contextos y orígenes distintos, pero comparten sus nexos con el Cártel de Sinaloa y el tráfico de drogas hacia México.
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