
En la alimentación mexicana, pocos ingredientes reúnen tradición y valor nutritivo como el frijol negro. Esta leguminosa ha sido parte esencial de la dieta y la identidad regional por miles de años, desempeñando un papel fundamental tanto en la cocina diaria como en la historia agrícola de México.
Considerado el segundo alimento básico después del maíz, el frijol negro destaca en la mesa de millones de familias mexicanas por su sabor, adaptabilidad y una combinación de nutrientes que lo sitúa como un aliado relevante para la salud.
De acuerdo con El Poder del Consumidor, el frijol, en general, integra cerca de 150 especies en el mundo, de las cuales México cuenta con 70 variedades. Este producto agrícola no solo tiene arraigo culinario; también asume un rol simbólico, pues hace más de 8 mil años las culturas originarias de Mesoamérica ya lo cultivaban y utilizaban, incluso en contextos rituales.

El aporte nutricional del frijol negro es uno de sus mayores beneficios a la salud, motivo por el cual se recomienda su consumo regular. Una ración de 100 gramos proporciona una combinación de proteína (23 g), carbohidratos (50 g), fibra (1,4 g) y grasas (2 g) que cubre necesidades energéticas y estructurales del organismo.
Además, el frijol negro se distingue por su bajo contenido en grasas y por aportar vitaminas del complejo B, así como minerales esenciales como hierro, magnesio, potasio, zinc, calcio y fósforo.
La riqueza proteica del frijol negro resulta especialmente valiosa para las dietas basadas en productos vegetales. Consumirlo junto con algún cereal, como el maíz o el arroz, permite obtener una proteína de alta calidad biológica, ya que se complementan los aminoácidos esenciales necesarios para el organismo.

Otro punto a favor del frijol negro es su contribución al corazón y la salud metabólica. Su elevada fibra y bajo contenido en grasas ayudan a disminuir los niveles de colesterol en la sangre, lo que ha demostrado proteger frente a afecciones cardiovasculares. Los antioxidantes que contiene, junto con minerales como el potasio y el calcio, favorecen aún más la salud del sistema circulatorio.
El contenido de carbohidratos complejos en el frijol negro garantiza una liberación lenta de energía, permitiendo mantener la saciedad por más tiempo. Además, la fibra no solo favorece el tránsito intestinal y previene el estreñimiento, sino que también tiene efectos positivos en la regulación de la microbiota intestinal y la prevención de enfermedades digestivas.
Es recomendable remojar los frijoles antes de cocinarlos para eliminar compuestos que pueden generar malestares digestivos y reducir el tiempo de cocción. Recuerda consultar a un profesional de la salud antes de hacer cualquier cambio en tu dieta.
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