
El 24 de abril de 1999, la playa del Hyatt Regency, en Acapulco, se transformó en el escenario de un desfile de alta costura que reunió a cerca de 600 invitados, entre ellos diplomáticos, empresarios, celebridades, miembros de la alta sociedad mexicana, además del líder del Cártel Beltrán Leyva.
Mientras la atención se centraba en la pasarela y en la presencia de figuras internacionales como el barón y heredero estadounidense de origen italiano Enrico Di Portanova, el verdadero protagonista de la noche, Héctor Beltrán Leyva, conocido como “El H”, observaba desde la discreción del bar del hotel.
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Según el libro Los Señores del Narco (2012) de la periodista Anabel Hernández, “si esa noche de puro glamur se hubiera sabido públicamente que el generoso ‘ingeniero’, tan preocupado por los enfermos de sida, era en realidad el audaz y sanguinario narcotraficante Héctor Beltrán Leyva, El H… junto con su hermano Arturo, El Barbas, el barón Di Portanova y demás invitados habrían terminado en la PGR rindiendo su declaración ministerial o en las listas de sospechosos de la DEA”.

Una noche de lujo y oscuros secretos
La obra de Anabel Hernández detalla que la organización estuvo a cargo de un “desconocido empresario mexicano Alonso Rivera Muñoz y su encantadora esposa Clara Elena Laborin Archuleta”, quienes en realidad ocultaban la verdadera identidad de Héctor y su esposa Clara Elena Laborín Archueta, conocida como “La Señora”.
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El evento, que originalmente se planeó en el Fuerte de San Diego, cambió de sede a último momento y se presentó como una gala benéfica para la Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida.
La velada contó con la presencia de figuras como el embajador de Francia en México, Bruno Delaye, el empresario Moisés Saba Masri, propietario del hotel, la directora de eventos de moda Beatriz Calles y la reconocida modelo Montserrat Olivier, quien fue la imagen del evento y posó para una fotografía que se imprimió en las invitaciones.
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El barón Enrico Di Portanova, acompañado de su esposa la baronesa Sandra Di Portanova, aportó un aire de realeza y sofisticación a la noche. Según el libro, “la sola aparición del barón Di Portanova daba una categoría superior a la gala de moda de aquel día”.
La organización del desfile tenía un trasfondo que iba más allá de la filantropía. Clara Elena buscaba promocionar el lujoso spa Debanhy que estaba construyendo en Acapulco, para el cual ya había contratado a un masajista búlgaro.
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Días antes del evento, junto con el diseñador de moda mexicano Armando Mafud, ofreció un cóctel en el restaurante La Gran Casona en la Ciudad de México para dar a conocer los detalles del acontecimiento.
El libro describe que “de todos los actores que acudieron al evento sin duda él (Héctor Beltrán Leyva) fue el más histrión”. Su presencia pasó inadvertida para los asistentes, quienes desconocían que el supuesto filántropo era uno de los líderes del Cártel de los Beltrán Leyva, una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas de México.
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La infiltración de los Beltrán Leyva en la vida social y cultural de Acapulco no fue un hecho aislado. El clan, originario de Badiraguato, Sinaloa, logró insertarse en todos los niveles de la sociedad mexicana, desde la política y la seguridad pública hasta la farándula y la alta sociedad.
“Tuvieron la capacidad de infiltrarse en todas las esferas de la sociedad mexicana: la política, la seguridad pública, la justicia, la farándula y la socialité. Ésa es la verdadera capacidad de los narcotraficantes mexicanos, filtrarse en todos los escollos tan destructivamente como la humedad”, afirma Anabel Hernández.
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Las redes del “H”
El evento, presentado como una gala benéfica, tenía como objetivo oficial recaudar fondos para la lucha contra el sida. El presidente de la fundación, Guillermo Francisco Ocaña Predal, era amigo personal del “ingeniero” Rivera Muñoz y su esposa, sin embargo, la verdadera motivación de los patrocinadores era consolidar su presencia en la vida social de Acapulco y promover sus negocios, utilizando la filantropía como fachada.
La capacidad de los Beltrán Leyva para engañar a la élite social y política de México quedó demostrada en esa noche, nadie sospechó que el generoso anfitrión era en realidad uno de los narcotraficantes más buscados del país. “Vomitarían si conocieran los macabros rituales que se afirma realiza ahora El H a sus muertos, esclavizado por la Santería”, expuso la periodista.
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El desfile de moda en el Hyatt Regency no sólo fue un escaparate de alta costura, sino también una muestra de la habilidad de los narcotraficantes para camuflarse entre la élite y manipular los escenarios sociales a su favor.
La presencia de figuras internacionales y nacionales, la cobertura mediática y la aparente filantropía sirvieron de cortina de humo para los verdaderos intereses de los organizadores. “El clan de los Beltrán Leyva ha sido uno de los más temerarios, innovadores y atroces en la historia del narcotráfico en México”, explica Anabel.
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