
Un reciente estudio científico ha encendido las alarmas sobre los peligros del sedentarismo prolongado, al grado de incrementar el riesgo de padecer una enfermedad neurodegenerativa de consideración.
El hallazgo
Permanecer sentado durante más de 10 horas diarias podría estar asociado con cambios perjudiciales en la estructura cerebral, lo que aumenta significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia, señalan estudios publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
La investigación, liderada por expertos de la Universidad del Sur de California y la Universidad de Arizona, Estados Unidos, analizó imágenes de resonancia magnética cerebral de más de 10 mil adultos mayores de 60 años para evaluar sus patrones de actividad física y el tiempo que los participantes pasaban sentados diariamente. Los resultados fueron reveladores:
- Aquellos que pasaban más horas en posición sedentaria presentaban un adelgazamiento en regiones clave del cerebro vinculadas con la memoria, el lenguaje y el razonamiento.
- Por el contrario, el daño cerebral observado no disminuyó significativamente en quienes realizaban ejercicio físico moderado o intenso fuera de sus horas sedentarias.
Lo anterior sugiere que los efectos del sedentarismo son independientes de la actividad física y que permanecer sentado durante largos períodos puede ser nocivo incluso en personas activas.
Los especialistas destacan que la corteza entorrinal —una región cerebral relacionada con la memoria a largo plazo y una de las primeras áreas afectadas por el Alzheimer— mostró un deterioro notable entre los participantes más sedentarios, dicha alteración estructural podría ser un indicador temprano del riesgo de desarrollar la enfermedad.
Cambiar la rutina
“La actividad física es crucial, pero no basta con ir al gimnasio una hora al día si después permaneces sentado por el resto del tiempo. Se necesita repensar completamente cómo estructuramos nuestras rutinas diarias para proteger la salud del cerebro”, explicó uno de los científicos involucrados.
El vínculo entre estilo de vida y salud cerebral se ha vuelto cada vez más evidente. Estudios previos ya habían relacionado la inactividad física con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y depresión, pero esta nueva evidencia apunta a un impacto directo sobre la estructura cerebral y el riesgo neurológico.
Ante estos hallazgos, los expertos sugieren integrar pausas activas durante la jornada laboral, optar por escritorios de pie y fomentar hábitos que promuevan el movimiento frecuente. Pequeños cambios, como levantarse cada 30 minutos o caminar durante las llamadas telefónicas, podrían marcar una gran diferencia en la salud cognitiva a largo plazo.

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