
La confusión entre el lince rojo y el gato montés se debe más al idioma que a la taxonomía, pues en el ámbito anglosajón, el término wildcat se usa para designar de manera general a los felinos salvajes, una ambigüedad que ha provocado que el bobcat, nombre inglés del Lynx rufus, sea llamado también “gato montés”, aunque biológicamente no lo sea.
En sentido estricto, el verdadero “gato montés” es el Felis silvestris, una especie originaria de Europa, Asia y el norte de África, antepasado directo del gato doméstico (Felis catus). Los dos felinos no comparten género ya que el lince rojo pertenece al Lynx y el gato montés europeo pertenece a Felis, de acuerdo con la información detallada por Encyclopaedia Britannica.
Si bien muestran semejanzas en algunos comportamientos y características físicas, sus diferencias genéticas y evolutivas son evidentes, aunque la confusión empeora porque el lince rojo también se denomina gato montés en regiones de Estados Unidos, México y Canadá, donde es uno de los carnívoros más extendidos.
¿Cuáles son las diferencias entre el lince rojo y el gato montés?

El lince rojo, también conocido como bobcat, es un depredador nativo de América del Norte. Se extiende desde el norte de México hasta el sur de Canadá, adaptándose tanto a los bosques boreales y pantanos costeros como a desiertos y matorrales áridos. Su pelaje es beige o marrón con tonos rojizos, cubierto de manchas oscuras que lo ayudan a camuflarse entre la vegetación. Posee mechones faciales, penachos en las orejas y una cola corta con una mancha blanca inferior, rasgo distintivo del género Lynx.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Zoología y Biología de la Conservación del Smithsonian, estos ejemplares presentan una altura promedio de 46 a 64 centímetros y un peso de cuatro a 15 kilogramos, variando según la latitud. Son felinos crepusculares, más activos al amanecer y al atardecer, y su esperanza de vida en libertad oscila entre cinco y quince años, llegando hasta dieciocho en cautiverio.
El gato montés (Felis silvestris), en cambio, pertenece a un linaje estrictamente euroasiático y africano, y según la Enciclopedia Britannica, existen entre tres y cinco subespecies. Su aspecto es más parecido al de un gato doméstico robusto que al de un lince, pues tiene cabeza ancha y plana, patas largas, cola gruesa y redondeada con anillos negros y un pelaje gris amarillento atigrado.
En tamaño, un ejemplar adulto mide entre 50 y 80 centímetros de largo, sin incluir la cola, que mide de 25 a 35 cm, y pesa de tres a 10 kilogramos. Su comportamiento es predominantemente nocturno y solitario, y se alimenta de roedores, aves y pequeños mamíferos. Mientras el lince rojo puede correr grandes distancias y cazar presas mayores como conejos o incluso ciervos jóvenes, el gato montés mantiene una dieta más modesta.
Otra diferencia notable está en su reproducción, pues el lince rojo se aparea principalmente en invierno, con una gestación de 60 a 70 días y camadas de dos a cuatro crías. En cambio, el gato montés europeo se reproduce una vez al año en primavera, o hasta tres veces en Escocia, con gestaciones de 68 días y camadas de tres a seis gatitos.
También hay un contraste en el tipo de comunicación debido a que el lince rojo utiliza sobre todo señales olfativas y visuales, ya sean raspaduras, orina y heces, para marcar territorio, mientras que el gato montés es más silencioso y discreto, reduciendo su comunicación a gestos y posturas en distancias cortas.
Por último, como se mencionó anteriormente, su contexto evolutivo también los diferencia. El lince rojo pertenece al grupo de los grandes linajes boreales del género Lynx, junto con el lince canadiense, el ibérico y el euroasiático, todos adaptados a climas fríos. El gato montés, por su parte, está estrechamente emparentado con el gato doméstico, de hecho, el Felis silvestris lybica, subespecie africana, dio origen a los primeros gatos domesticados hace más de nueve mil años.
¿Cuáles son las similitudes entre el lince rojo y el gato montés?

A pesar de sus diferencias de origen, hábitat y morfología, ambos felinos comparten algunos rasgos que explican por qué a menudo se confunden de manera visual. Tanto el lince rojo como el gato montés presentan pelaje con patrones moteados o rayados, que funcionan como camuflaje en su entorno natural; su coloración, que va del marrón rojizo al gris amarillento, se adapta a los paisajes donde viven, desde zonas rocosas hasta bosques templados.
En cuestión de comportamientos, las hembras son las principales responsables del cuidado de las crías en ambas especies y eligen madrigueras protegidas para preparar el nido con materiales naturales como musgo y follaje. Las crías permanecen junto a la madre durante varios meses, aprendiendo los comportamientos básicos de caza antes de independizarse.
Así, aunque ambos comparten una herencia evolutiva común dentro de la familia Felidae, sus diferencias son tan claras como sus orígenes geográficos.
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