
El 14 de octubre, Aubrie Lewis llegó temprano al preescolar para recoger a su hijo de cinco años, Wells; con ella viajaba Ducky, el cocker spaniel inglés de dos años de la familia, que además de ser su mascota, es un perro de alerta diabética (DAD) entrenado para detectar cambios en los niveles de glucosa del menor.
La mujer aprovechó esos minutos libres y estacionó su vehículo en el patio trasero de la escuela, según lo detallado por la revista People. Mientras tanto, el canino yacía recostado tranquilamente a los pies del asiento del copiloto, hasta que de repente comenzó a mirarla fijamente.
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Sin comprender en un primer instante lo que sucedía, Lewis decidió revisar los niveles de glucosa del infante en su teléfono y en el tablero digital del auto, fue entonces cuando se percató de que el nivel de azúcar había bajado a 84.
Aunque el can fue entrenado para alertar cuando el número cae por debajo de 85 o supera los 175, la madre de familia nunca imaginó que Ducky tuviera la capacidad de detectarlo a larga distancia, “con las ventanas subidas y lejos de él”, comparte People.
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Momentos después, el cocker spaniel subió al asiento delantero y comenzó a empujar el brazo de la mujer con la nariz, un aviso inconfundible con el que fue adiestrado.
Esta experiencia, dice, fue la más impactante que ha vivido con el animal de servicio. “Mientras sucedía, ni siquiera podía creerlo”, afirmó en People. Comenta que, anteriormente, el mamífero le había alertado desde el primer piso de su casa mientras el menor dormía arriba, con la puerta cerrada, pero en el caso más reciente, ni siquiera estaba en el mismo edificio que su hijo.
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“Olfateó por las ventanillas cerradas del coche, alrededor del edificio escolar, mientras Wells estaba dentro con probablemente otros 75 niños y profesores”, comenta Lewis. “Supongo que percibió un ligero olor a hipoglucemia a través del viento y confió lo suficiente como para avisarme”.
La importancia del monitoreo constante

A Wells le diagnosticaron diabetes tipo 1 en noviembre de 2023, apenas un mes y medio después de cumplir su tercer cumpleaños. Desde entonces, utiliza un monitor continuo de glucosa (MCG) que registra su nivel de azúcar en sangre cada cinco minutos.
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Según lo detallado para People, las lecturas se envían a sus dispositivos digitales, así como a los teléfonos de Lewis y del profesor, lo que permite monitorear sus niveles incluso mientras está en la escuela.
“Poco después del diagnóstico, se hizo evidente que no tenía conciencia física de sus niveles bajos o altos de azúcar en sangre”, explica la mujer. Además, afirma que el monitor tiene un retraso de aproximadamente 15 minutos en la lectura y puede tener un error del 20% en ambos sentidos, lo que hace que confiar únicamente en la tecnología sea insuficiente.
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Ante dichas limitaciones, Lewis y su familia consideraron que un perro de servicio sería una herramienta invaluable para mantener al infante seguro. Así, en la primavera de 2025, lograron recaudar 22 mil dólares mediante las redes sociales, y Ducky se unió a la familia, entrenado completamente por la organización sin fines de lucro MD Dogs.
Aunque Wells no puede llevar a su compañero de cuatro patas a la escuela, el perro de servicio acompaña a la familia a casi todas partes. Al respecto, Lewis enfatiza: “Ducky siempre me sorprende. Confío en él y en su olfato más que en cualquier otra cosa”.
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Compromiso y seguridad de los perros de servicio

Tener un can de este tipo implica un gran compromiso financiero y personal, pues las familias deben invertir tiempo y recursos en mantener el entrenamiento, la salud y el cuidado del animal. Sin embargo, Lewis asegura que no ha conocido a ninguna persona con un niño con diabetes tipo 1 que se arrepienta de tener un perro de servicio.
“Contar con una forma extremadamente confiable de mantener a su hijo seguro es el mayor peso que se quita de los hombros de cualquier familia”, señala la madre, pues además de su función de alerta, estos ejemplares brindan un apoyo emocional muy valioso, asegurando que los niños nunca se sientan solos.
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A Wells, la presencia del perro le da seguridad y confianza, permitiéndole enfrentar los desafíos diarios de vivir con su padecimiento sin miedo. En palabras de Lewis: “Nunca se siente solo en su camino con la diabetes tipo 1 porque siempre tiene a Ducky a su lado”.
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