
Cinco loros grises africanos fueron retirados de la vista del público en el Lincolnshire Wildlife Park, en el este de Inglaterra, luego de que comenzaran a emitir insultos de forma reiterada hacia los visitantes y el personal del zoológico. El incidente, reportado en 2020 por medios internacionales como CNN y DW, provocó una respuesta inmediata por parte de la administración del parque, que decidió separar a las aves por precaución.
Los loros, llamados Eric, Jade, Elsie, Tyson y Billy, fueron donados por distintos propietarios en un corto lapso de tiempo y compartieron un mismo espacio durante su periodo de cuarentena. Según informó el director ejecutivo del parque, Steve Nichols, fue durante este periodo que las aves comenzaron a emitir lenguaje ofensivo con notable frecuencia.
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“Literalmente, en muy poco tiempo, empezaron a insultarse”, declaró Nichols a CNN Travel. Agregó que la frase más común era “vete a la mierda”, y que los animales eran capaces de reproducir una amplia variedad de insultos. La situación generó inquietud entre el personal, especialmente ante la posibilidad de que los visitantes más jóvenes pudieran verse expuestos a este comportamiento.
“Todos estaban diciendo palabrotas”, explicó el director. “Me llaman gordo imbécil cada vez que paso por allí”, continuó. Nichols también señaló que algunos visitantes inicialmente no se percataban de que los insultos provenían de los loros, ya que las vocalizaciones se percibían como “una voz humana”.
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Aunque la mayoría de los adultos que presenciaron el comportamiento de las aves lo tomaron con humor, el zoológico optó por retirar a los cinco loros de las zonas abiertas al público. “Algunos visitantes podrían sentirse ofendidos”, indicó Nichols, quien también advirtió que algunos asistentes llegaron incluso a insultar frente a los loros, incitándolos a repetir el lenguaje inadecuado.
En declaraciones al Lincolnshire Reporter, citado por DW, Nichols señaló que las aves permanecerían aisladas mientras se trabaja en ampliar su repertorio verbal, de modo que pudieran regresar a la exhibición sin generar controversias.
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Una historia que se repite

Pero la situación registrada con los cinco loros no fue un caso aislado en el Lincolnshire Wildlife Park. Posteriormente, en 2024, tres nuevos ejemplares desarrollaron el mismo comportamiento, lo que llevó a la institución a adoptar una estrategia diferente con el objetivo de frenar la propagación de vocabulario ofensivo entre sus aves.
Según reportó la Smithsonian Magazine, el parque implementó la medida experimental de agrupar a las ocho aves que utilizaban lenguaje inapropiado con otros 92 loros que no presentaban ese tipo de comportamiento. La intención era que los ejemplares más “educados” influyeran positivamente en los más problemáticos.
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En entrevista con CNN, Nichols explicó, “cuando llegamos para trasladarlos, el lenguaje que salía de sus cajas era fenomenal, realmente malo. No eran palabrotas comunes, sino groserías de verdad”, añadió.
El plan, en general, contemplaba que los loros con lenguaje ofensivo aprendieran sonidos más aceptables, como los de electrodomésticos o señales auditivas de vehículos. No obstante, el director del parque reconoció que existía un riesgo implícito: “Si los otros 92 aprenden los improperios, se convertirá en un aviario para adultos”, advirtió.
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El lenguaje del loro gris

El loro gris africano (Psittacus erithacus), también conocido como yaco o loro de cola roja, es reconocido por su capacidad para imitar el lenguaje humano. De acuerdo con estudios publicados en la revista especializada Applied Animal Behaviour Science, dicha especie puede adquirir y usar el habla inglesa de formas comparables a las de un niño pequeño, resolviendo además tareas cognitivas complejas.
Estos loros pueden memorizar alrededor de 60 palabras en promedio, aunque algunos ejemplares han demostrado comprender el contexto en el que las utilizan, una capacidad les permite no solo repetir sonidos, sino también entonaciones, voces humanas y reacciones sociales como la risa, lo que complica aún más la gestión de comportamientos inadecuados dentro de espacios públicos.
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En el caso del Lincolnshire Wildlife Park, según explicó Nichols, “seis de ellos tienen voces de hombres, dos de ellos tienen voces de mujeres y cuando todos dicen malas palabras suena realmente mal”. Además, algunas de las aves tienden a reír después de insultar, imitando las reacciones del público, lo que refuerza el comportamiento aprendido.
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