Adiós Argo, la conmovedora despedida al último perro vagabundo de Pompeya

El perro callejero de nombre Argo llegó cuando todavía era un cachorro al Parque Arqueológico de Pompeya, y se integró a una pequeña colonia de canes vagabundos que fueron adoptados o fallecieron con el tiempo

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Argo, el perro callejero que visitaba cada día desde hacía 15 años el Parque Arqueológico de Pompeya y que se había convertido en un símbolo entre los trabajadores y visitantes de la ciudad arrasada por la erupción del Vesubio en el año 79, ha muerto. "Era el último perro vagabundo de Pompeya. Estamos muy tristes. Venía todos los días puntual como un reloj, era siempre el primero en llegar y el último en irse, tanto en verano como en invierno, porque hay horarios diferentes y él se los sabía de memoria", dijo a EFE el guía turístico Glauco Messina, que confirmó que el can falleció el pasado martes.
Argo era considerado como el último perro vagabundo de Pompeya y murió a los 15 años de edad. (EFE/ Antonello Nusca)

El Parque Arqueológico de Pompeya, uno de los remanentes de la tragedia que ocasionó el Vesubio, era visitado diariamente por Argo, el perro callejero que desde hace 15 años se convirtió en amigo de los trabajadores y personas que acudían a las ruinas de la ciudad arrasada.

El martes el último perro vagabundo de Pompeya cerró sus ojos para siempre. A través de redes sociales, autoridades del sitio arqueológico anunciaron la amarga muerte de Argo y destacaron su “honorable servicio” como custodio y anfitrión.

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Tras su muerte, los voluntarios crearon un proyecto artístico que buscará reunir fotografías y recuerdos que los millones de visitantes que conocieron al perro reunieron a lo largo de sus 15 años de trayectoria como guardián de la desolada ciudad.

La última alma errante de Pompeya

Argo murió a sus 15 años de edad y era el último perro vagabundo de la zona arqueológica de Pompeya. (X/pompeii_sites)
Argo murió a sus 15 años de edad y era el último perro vagabundo de la zona arqueológica de Pompeya. (X/pompeii_sites)

El mediodía del 24 de agosto del año 79, el Monte Vesubio entró en erupción y cubrió con ceniza restos volcánicos la ciudad de Pompeya, dejando todos los edificios completamente destruidos y a la población completa sepultada debajo de una capa de entre seis y siete metros de piedra pómez y ceniza, según relata la revista National Geographic.

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El desolado paisaje fue descubierto siglos más tarde y posteriormente transformado en una zona arqueológica, misma que desde hace 15 años Argo visitaba a diario.

Argo asistía cotidianamente a las ruinas a la misma hora. “Venía todos los días como un reloj, era siempre el primero en llegar y el último en irse”, declaró el guía turístico Glauco Messina a la agencia de noticias EFE.

Al perro no le importaban los cambios de horario que dependían de la estación, pues él sabía de memoria a qué hora llegar y cuándo tenía que irse. El guía turístico confirmó que Argo falleció el pasado martes.

Autoridades del Parque Arqueológico de Pompeya también lamentaron la muerte del perro y expresaron su dolor a través de un desgarrador mensaje en sus redes sociales.

“Pompeya se despide de Argo. Tenía más de 15 años, era un buen perro, siempre cuidado por la ciudad, trabajadores y visitantes del sitio. Ha acompañado a miles de turistas durante su honorable servicio como custodio y anfitrión”, escribieron los trabajadores del sitio arqueológico en la red social X.

Añadieron que “muchas personas de todo el mundo” lo recuerdan con cariño durante estas horas y concluyeron agradeciendo a todos los voluntarios que “con cariño” cuidaron de Argo a lo largo de sus últimos días.

Un tributo para Argo

Via dell'Abbondanza, la calle principal de Pompeya. (Wikicommons/Tanya Dedyukhina)
Argo asistía diario al sitio arqueológico y paseaba por Via dell'Abbondanza, la calle principal de Pompeya. (Wikicommons/Tanya Dedyukhina)

Uno de los voluntarios que cuidó del especial perro durante mucho tiempo fue Messina, quien “estaba muy unido a Argo”. Su vínculo lo motivó a lanzar un proyecto artístico, por lo que necesita la ayuda de los “millones” de visitantes que conocieron al can y las fotografías que tengan con él para no olvidarlo jamás.

Messina relata que Argo comenzó a acudir a Pompeya cuando todavía era un cachorro. Cuando llegó, había otros perros callejeros más grandes que con el paso del tiempo fallecieron o fueron adoptados.

A pesar del paso del tiempo, Argo permaneció en el sitio arqueológico y “fue tolerado” como el último de los canes vagabundos, ya que es “un tema problemático debido, entre otras, a razones de seguridad”, agregó Messina.

El guía explicó que es muy poco probable que se vuelvan a acoger a “este tipo de perros” dentro del Parque, pero aclaró que existen colonias de gatos que “si son toleradas”.

El proyecto de Messina acaba de comenzar, sin embargo, ya recibió las primeras imágenes del que fue considerado como el último perro vagabundo de Pompeya.

El hombre tiene una conexión muy especial con los animales de la excavación, en su casa tiene a dos gatos que sacó del sitio arqueológico, no obstante, tenía una “relación con Argos”, a quien conoció desde el primer día que llegó a Pompeya.

“Estoy muy apegado porque yo operaba principalmente desde la entrada de la puerta del anfiteatro, que precisamente ere el paso por donde Argo entraba todas las mañanas”, concluyó el guía.

Con información de EFE

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