“Mi amigo Dahmer”, la novela gráfica que habla sobre el personaje de moda hoy en Netflix

Publicada en español en el año 2014, esta obra explora una faceta previa del asesino, contada desde la perspectiva de alguien que compartió con él en su época de adolescente.

"Mi amigo Dahmer". Diseño: Jesús Avilés/Infobae.
"Mi amigo Dahmer". Diseño: Jesús Avilés/Infobae.

Para nadie es un secreto que los asesinos seriales son excelentes en las ventas. ¡Cuidado! No dije vendedores. Basta con poner a uno de estos como protagonista de cualquier cosa y automáticamente se hará viral. Querámoslo o no, siempre nos sentiremos atraídos por el mal. Existe en nosotros una curiosidad inexplicable por todo lo que tiene que ver con estos tipos perturbados.

En estos días, el personaje de moda en Netflix es Evan Peters, encarnando al asesino serial Jeffrey Dahmer en la miniserie de diez episodios que se ha ubicado en el primer puesto del listado de las producciones más vistas en la plataforma a nivel mundial.


La figura de ‘El carnicero de Milwaukee’ ha sido abordada en distintos documentales, películas y libros. El precedente más reciente es Mi amigo Dahmer, la cinta dirigida por Marc Meyers y protagonizada con buen tino por Ross Lynch. La película se estrenó en 2017 y exploraba una faceta previa del personaje, anterior a que se desatara su pulsión y empezara a matar sin control.

Mi amigo Dahmer está basada, a su vez, en la novela gráfica escrita por Derf Backderf, del mismo título, publicada en español por el sello Astiberri, en 2014. La historia está contada desde la perspectiva del propio Backderf, quien fue compañero de Dahmer durante sus años de instituto. En las 224 páginas que la componen, la obra consigue documentar de manera atinada el progresivo declive del asesino.

El personaje está descrito como un tipo complejo, solitario, encerrado en sí mismo. Alguien mucho más retraído que lo que han expuesto los medios al cabo de estos años. Él no era el típico personaje que termina convirtiéndose en asesino en serie. Dahmer, a decir verdad, era un tipo curioso, extraño, con la incapacidad para empatizar con los demás, pero un buen tipo, en últimas.


Muchas de las publicaciones y productos que han surgido en torno a la figura de Dahmer, como bien se muestra en la miniserie de Netflix, se dieron para sacar provecho del personaje, aprovechando el morbo de la gente. En el caso de Mi amigo Dahmer, Blackderf no fue oportunista. Periodista de profesión, cuyo trabajo ya se publicaba en la prensa antes de la salida del cómic, sintió la necesidad de contar su versión en torno al personaje, sin otro ánimo de intentar entender a ese chico con el que paseaba en auto durante su juventud y que terminó convirtiéndose en el asesino que hoy todos conocemos.

En la obra es posible ver que, en realidad, Blackderf y Dahmer no eran tan amigos. Blackderf era más bien el tipo que se burlaba de él junto con otros chicos y el futuro asesino tan solo intentaba encajar, víctima de su timidez enfermiza y sus aficiones poco comunes, como la de curiosear entre los órganos de los animales muertos y conservar los cadáveres en formol.

Ambos eran vecinos, iban a las mismas clases y, de algún modo, compartían las mismas inquietudes que todo adolescente experimenta, pero en el caso de Dahmer, dichas inquietudes se tornaron nocivas.


Conforme avanzan las páginas, el lector se va adentrando en la vida de este turbulento personaje y reflexiona en torno a los posibles detonantes de su condición. El abandono de su madre y el descuido de su padre, las burlas que sufría de parte de sus compañeros, su gusto exagerado por la taxidermia y el afán por no quedarse solo, lo llevaron a sumirse en el alcohol con menos de dieciocho años, como una forma de desplazar todas aquellas sensaciones que lo hacían sentir miserable. Y allí estuvo su mayor error.

En 1978, Jeffrey Dahmer se refugió en el licor, durante su último año de instituto. Sin nadie en casa que le diera siquiera un abrazo o velara por su cuidado, sus pulsiones se desbordaron. Justo en ese año, tres meses después de graduarse, tomó como suya la vida de su primera víctima: un joven de 19 años llamado Steven Hicks.

Dahmer siempre se sintió distinto, pero como sucede con todo asesino, existen episodios de su vida que detonan sus pulsiones. Dahmer sentía placer por los órganos humanos, era homosexual, alcohólico y necrofílico, además estaba solo y le temía al abandono. ¿Habría sido distinto si hubiese tenido una vida más amable? La pregunta sobra ahora, pero es un cuestionamiento que todos hacemos y que el mismo Blackderf tuvo en mente al momento de contar esta historia.


La lectura es incómoda, a decir verdad. El tema no es para nada divertido, aunque sí interesante. Asistimos al testimonio de alguien que estuvo cerca de él, antes de que todo se desatara, y hasta sentimos empatía por este sujeto al que la vida abandonó porque sí. La historia no es bonita, pero engancha, y allí está el acierto del autor.

En su momento, Robert Crumb dijo que la obra de Blackderf era potente y muy bien contada, y que su autor “sabe cómo utilizar el cómic para contar esta historia de un mundo adolescente de los años 70 verdaderamente extraño y siniestro”. James Ellroy, el autor de L.A. Confidential, por su parte, habló de un trabajo muy sólido que deja a los lectores “aniquilados”.

En 2014, la obra ganó el Premio Revelación en el Festival Internacional del Cómic de Angoulême y al año siguiente estuvo nominada a la mejor obra extranjera en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

El próximo 7 de octubre estrenará, también en Netflix, la serie documental de Las cintas de Jeffrey Dahmer, que hace parte de la serie Conversaciones con asesinos. Parece ser un buen momento para leer la novela gráfica de Blackderf, porque nada será suficiente jamás para comprender la mente de un personaje como estos.

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