¿Dolarizar o no dolarizar? Teorías verdes para un país en rojo

En la Argentina la popularidad del dólar corre al ritmo de la preocupación por la inflación. “Dolarizar, una solución para Argentina” y “El dólar. Historia de una moneda argentina” ofrecen dos perspectivas distintas sobre el vínculo del peso y de los argentinos con la divisa estadounidense.

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El dólar, una pasión argentina.
El dólar, una pasión argentina. (EFE/ Rayner Peña)

Argentina vive hoy una búsqueda desesperada de divisas. Y ayer. Y anteayer. Y el año pasado. Y desde hace medio siglo. Siendo esta nuestra historia, es lógico que las obras dedicadas al dólar ocupen un lugar preponderante en los anaqueles de economía de las librerías del país. Pasan los años y los gobiernos, y los libros sobre el dólar continúan brotando.

Dos de las últimas apariciones son Dolarización, una Solución para Argentina, de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky, que para abreviar llamaremos DSA, y El Dólar. Historia de una Moneda Argentina, escrito por Mariana Luzzi y Ariel Wilkis, cuya abreviatura en este artículo será HMA. Mi selección se basa, en buena parte, en que se trata de dos textos que exhiben una antagonía visible, no sólo por sus evidentes raíces ideológicas, sino sobre todo por su intención académica.

La propuesta de DSA es eso, una propuesta, y por lo tanto se adentra en el campo de lo normativo. Su estilo se funda en la prescripción, en ocasiones al costo de no brindar explicaciones más profundas. Las páginas de HMA, en cambio, recorren la adopción del dólar en Argentina con una intención descriptiva. Sus representaciones se combinan en una trama que obliga al lector a tomar conciencia del rol que ocupa esta moneda (“argentina”) en sus vidas, y este viaje es tan tupido que, al final, queda poco espacio para la deliberación conceptual.

Dolarizar para terminar con el populismo

Ocampo y Cachanosky son, digámoslo claramente, defensores y propiciadores de las ideas liberales/libertarias. Las citas permanentes a Juan Bautista Alberdi (en algunos capítulos de notable dominancia), los elogios de Alberto Benegas Lynch (h), las referencias al Centro de Estudios Macroeconómicos (CEMA) y la formación en economía austríaca de uno de los autores son las huellas que dejan explícito el sello del libro. Desde luego, si algo le interesa poco a un libertario son las cuestiones de identidad nacional, y por lo tanto la invitación a dolarizar la economía no les genera el mínimo costo en términos de patriotismo, del que prescinden rápidamente con argumentos técnicos.

La apuesta de DSA es desarrollar una suerte de manual más o menos completo de la propuesta dolarizadora que suma cuatrocientas páginas y presenta una cantidad apropiada de gráficos y datos. Pero a no confundirse, el trabajo no pretende discutir la teoría y práctica del tema en general a partir de una perspectiva distante, sino más bien presentar una serie de artículos muy bien enlazados que expresan una posición clara y por momentos palmaria de los autores. Una de las consecuencias de este estilo es una revisión bibliográfica parcial; es difícil encontrar contrapuntos en un debate que en la academia ha sido amplio, pero que en DSA alimenta un diagnóstico (y a veces una resolución) que se presenta a menudo como grabado en piedra.

Cachanosky (izquierda) y Ocampo (derecha)
Cachanosky (izquierda) y Ocampo (derecha) son autores de "Dolarización, una solución para Argentina".

Pero lo que más repercute de la lectura son las frases elegidas para reforzar la afirmación del título, cuya elocuencia exuda una dosis de infalibilidad. La dolarización, se atestigua, es la única alternativa a “la muerte de los mil cortes”, es como un bypass gástrico al que recurren las personas obesas para bajar de peso de manera sostenida, y equivale a “quemar las naves” como hizo Hernán Cortés.

Las imágenes se suceden sin descanso: “Argentina representaba en 1945 ‘la ola del futuro’, nos comparábamos con las potencias y hoy lo hacemos con Sudán, Venezuela y Zimbabue”…”la inflación es un genocidio económico, es una utopía suponer que nuestra dirigencia política actual puede ofrecer confianza para respaldar un pedazo de papel llamado peso”.

Este estilo impresionista que dibuja una pintura caótica de la economía argentina rara vez da lugar a posiciones críticas a la propuesta de dolarización. Lo que se hace, en cambio, es impugnar algunos de los reparos teóricos específicos de quienes desconfían de las ventajas de adoptar una moneda ajena. Pero estas respuestas lucen algo forzadas, porque en más de un pasaje los autores reconocen que la dolarización es la solución “menos mala” que tienen a mano. Más aún, la dolarización aparece como una estrategia derivada; es la única alternativa para detener el avance del populismo económico representado por gobiernos que, por decirlo mal y pronto, no pueden dejar de gastar malévolamente el dinero público.

Tras una introducción que resume con efectividad lo dicho en el libro, DSA se aboca en la primera sección a contar la dramática historia de la inflación argentina desde 1810 al presente. Aquí hay información histórica valiosa, pero el objetivo sigue siendo seleccionar los hechos que permiten demostrar que la inestabilidad es el resultado elemental del surgimiento del populismo, con el peronismo como el protagonista central de esta historia.

La sección segunda delibera sobre las causas y los efectos de la inflación. El evangelio de Friedman aparece aquí en toda su magnitud, y hay poco lugar para considerar que la inflación no sea “en todo tiempo y lugar un fenómeno monetario”, como sostenía famosamente el economista estadounidense. A esta hipótesis se le incorpora el vector populista como catalizador natural para terminar en la catastrófica relación de Argentina con las fluctuaciones de precios.

Milton Friedman, un histórico analista
Milton Friedman, un histórico analista de los procesos inflacionarios.

Los datos pretenden desesperar al lector, y por momentos lo logran. Y claro, la desesperación trae a colación soluciones desesperadas... ¿es posible que la dolarización sea una de ellas? Esta es la pregunta que DSA intenta contestar en la tercera sección, donde revisa las experiencias de dolarización de Panamá y Ecuador, más los casos específicos de España (que como varios países europeos renunció a su propia moneda y adoptó el euro) y de El Salvador, con su moderna pero arriesgada apuesta de establecer el bitcoin como dinero nacional. Pese a que DSA hace un esfuerzo por demostrar otra cosa, lo cierto es que los países dolarizados no dan lugar a demasiada esperanza. Es evidente que se trata de economías pequeñas y abiertas con estructuras productivas muy diferentes de la de Argentina, pero este no es el principal problema.

Las comparaciones internacionales de DSA parecen concentrarse en los efectos sobre la estabilidad y el sistema bancario de la dolarización, pero es evidente que estos son medios para lograr los verdaderos objetivos, que podrían incluir el crecimiento, el desarrollo o la inclusión social (no es obvio que este último esté en la agenda de los autores). Una inspección rápida de los datos de estos países demuestra que, en términos de crecimiento o de condiciones de vida, no es posible asignar a la dolarización un poder particular.

Enfrentados a esta dificultad, los ensayistas reconocen que, para ser exitosa, la renuncia a la moneda nacional debe venir acompañada de sustanciales reformas. Esto refuerza el carácter indirecto de la dolarización, como instrumento para despojar al Estado de un rol intervencionista en nuestras vidas. El libro se completa con una defensa irrestricta de la Convertibilidad en general y de Domingo Cavallo en particular, para luego presentar un blueprint -es decir, un plano detallado, casi un anteproyecto- para que Argentina adopte la moneda que ya eligió hace varias décadas, el dólar.

Cómo hizo el dólar para volverse argentino

Ariel Wilkis y Mariana Luzzi
Ariel Wilkis y Mariana Luzzi escribieron la historia del dólar en la Argentina.

Como ya dijimos, la estrategia de Luzzi y Wilkis es fundamentalmente opuesta. Traza con una pluma precisa (mi prejuicio es que los sociólogos argentinos son buenos escritores) la historia de una moneda que se presenta a sí misma a lo largo de trescientas páginas como “nacional y popular”, “pasión de multitudes”, “referencia económica y política”, entre otras metáforas que establecen su particular conexión con los argentinos desde 1930 hasta hoy. El libro es una narración dinámica y completa de cómo esta moneda se fue metiendo en nuestras vidas. Su técnica es etnográfica, con un interés explícito por reconstruir usos, cálculos, valoraciones y otras dimensiones interesantes de esta relación duradera y traumática que tenemos con el dólar.

Los autores encaran el análisis del dólar desde una perspectiva mucho más amplia de lo común. Sin negar los condicionamientos de la configuración de la estructura económica, las políticas públicas y el rol de la inflación, se proponen describir el proceso de popularización de la divisa estadounidense, que distinguen cuidadosamente del proceso de dolarización. Si bien este itinerario tiene un objetivo académico, no faltan las anécdotas y el humor, que a veces precisan mejor que ninguna otra herramienta hasta qué punto la vida argentina se ha teñido de verde.

El libro se organiza en capítulos por períodos históricos, cuya extensión se va contrayendo a medida que se acerca al presente, sugiriendo que los hechos se precipitan con más frecuencia haciendo del dólar un tema cada vez más presente. Así, los períodos estructurales van dando lugar a las presidencias específicas y el análisis va tejiendo crecientemente las consideraciones políticas relacionadas con la moneda estadounidense. Para ilustrar, durante el período kirchnerista HMA se centra en los debates internos y las batallas culturales de aquél gobierno, mientras que la llegada de Macri al poder no es otra cosa que el dólar haciéndose cargo de la Presidencia.

Como toda historia que registra los hechos con rigor, HMA es un candidato ineludible a constituirse en una referencia de consulta, y por eso debería formar parte de toda biblioteca. Hay, sin embargo, un interés permanente por establecer a partir de los acontecimientos un vínculo conceptual, pero esta perspectiva analítica sólo aparece, y con cuentagotas, sobre el final del trabajo. Dado que es posible que los documentos de diversa índole presentados a lo largo del libro no hablen por sí solos, vale hacer la pregunta inevitable, esa que uno escucha en los reportajes a los autores en los medios: ¿por qué la obsesión argentina con el dólar?

Un hombre que cambia dólares
Un hombre que cambia dólares en el mercado negro conocido como "arbolito" trabaja en Buenos Aires. REUTERS/Agustin Marcarian

Para responder, los autores comienzan presentando dos hipótesis, que a su juicio son incompletas. Una es la explicación económica, que privilegia el refugio ante la inestabilidad como determinante racional de la adopción del dólar por parte de un segmento importante de la sociedad. Esta hipótesis se desecha como explicación única y unívoca debido a que, según los autores, hubieron períodos donde apostar al dólar no era la mejor alternativa (aunque cabe la crítica: ¿es posible saber esto con anticipación cuando se compran dólares?). La otra hipótesis sostiene que la irracionalidad de acumular divisas sea como sea revela un fenómeno puramente cultural.

Ambas tesis, señalan los autores, privilegian una explicación excesivamente economicista. La alternativa de HMA es política: los usos y costumbres del dólar han sedimentado su aplicación como dispositivo social para interpretar la realidad política. La evolución de la cotización cambiaria permite formular un diagnóstico del estado de situación y constituye un indicativo para actuar con alguna orientación. Esta hipótesis parece interesante, pero sin demasiadas precisiones obliga a indagar sobre si realmente representa una causa o una consecuencia de la adopción del dólar en la sociedad argentina.

Mi elección de dos libros contrapuestos para reseñar no debe interpretarse como una invitación al lector de estas líneas a tomar una postura intermedia. Como se indicó, se trata de dos aproximaciones con metodologías técnicas (y políticas) muy diferentes: una señala el camino a seguir a partir de un diagnóstico inexorable, la otra cuenta una historia y abre las interpretaciones sin prejuicios ni complejos. Cada libro contiene aciertos y manifiesta interrogantes, pero no en igual grado. El libro de Ocampo y Cachanosky constriñe las explicaciones, mientras que el de Luzzi y Wilkis las expande. Las ventajas y desventajas de estos dos procesos son obvias, pero la transparencia, la apertura intelectual y el reconocimiento de matices tienden a concentrarse en las páginas de los segundos.

“Dolarización, una Solución para Argentina” (fragmentos)

En 1945 reapareció en el país la inflación alta, persistente y volátil. Al año siguiente, el gobierno estatizó el Banco Central y “nacionalizó” los depósitos. A partir de entonces, la Argentina comenzó a “despegarse” del resto del mundo. Desde 1945 hasta 2021 la tasa de inflación fue 60,1% por año, una de las más altas del planeta. Hasta mediados de la década de 1990 el país compartió esta “distinción” con vecinos como Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. En las últimas tres décadas todos ellos lograron reducir la tasa de inflación anual a menos de un dígito, mientras que Argentina se encaminó en la dirección opuesta. No es casual que el comienzo de un nuevo ciclo inflacionario haya coincidido con un brote de populismo.

"En una década tendríamos un
"En una década tendríamos un país inimaginable para quienes nacieron antes del milenio", sostienen los autores del libro, que comparan a la Argentina con la Venezuela de Nicolás Maduro.

(…)

En este libro presentamos una propuesta concreta (…) que para simplificar denominamos “dolarización”. Es mucho más que eso. La reforma que proponemos se asienta sobre tres pilares: 1) la adopción unilateral del dólar como moneda de curso legal, la libre circulación de monedas convertibles y la libre movilidad de capitales, 2) una profunda reforma del sistema bancario que ponga los ahorros de los argentinos fuera del alcance del poder político, 3) la firma de tratados de libre comercio con la Unión Europea y otros bloques comerciales.

Estas son las tres reformas “madre” que impondrán la necesidad de avanzar con las reformas de segunda generación. Proponemos reemplazar el sistema corporativista, clientelista y proteccionista que funciona desde hace al menos setenta años por una economía competitiva, abierta e integrada al mundo. Semejante cambio de régimen no es posible si la dolarización no es acompañada por otras reformas estructurales e institucionales.

Tal como lo ha señalado un reconocido economista, más utópico que una dolarización oficial es creer “que nuestra dirigencia política actual puede ofrecer confianza para respaldar un pedazo de papel llamado peso”. Es decir, creer que es posible salir de este callejón sin salida avanzando en la misma dirección que hasta ahora. Hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos es una señal de locura.

La cuestión es si una parte importante de la dirigencia –políticos, empresarios, líderes sindicales y formadores de opinión– está dispuesta a liderar un cambio de régimen y a asumir los riesgos que conlleva su implementación. Todo indica que estamos acercándonos a una nueva disyuntiva histórica, una de tantas que se nos han presentado en los últimos setenta años. Como en el pasado, se abrirán dos caminos: una reforma profunda como la que proponemos o “la muerte de los mil cortes”, es decir, una decadencia gradual que en pocos años nos acercará a niveles de pobreza, desigualdad, emigración y destrucción económica similares a los que hoy exhibe Venezuela. En una década tendríamos un país inimaginable para quienes nacieron antes del milenio.

“El dólar. Historia de una moneda argentina” (fragmentos)

Intentaremos analizar cómo se desarrolló el lento pero progresivo proceso de popularización del dólar en la Argentina, desde la tercera década del siglo XX hasta la segunda del XXI.

Una casa de cambio en
Una casa de cambio en Buenos Aires. REUTERS/Agustin Marcarian

A lo largo de este extenso período, la información sobre el dólar pasó de ser un asunto de interés exclusivo para expertos en el mercado financiero local o el comercio exterior, a convertirse poco a poco en un tema y un problema de relevancia pública y política para sectores sociales cada vez más amplios. A la vez, en un nivel de análisis diferente pero vinculado con el anterior, el dólar devino moneda de uso regular y corriente para actores sociales cada vez más diversificados.

Sin una serie de mediaciones previas muy determinantes, jamás habría sido posible esa incorporación de la moneda norteamericana en las prácticas de ahorro, inversión, crédito y consumo de sectores y actores con escaso contacto previo con el mercado financiero y cambiario. La más importante de ellas, la construcción de la moneda estadounidense como artefacto de la cultura popular. El dólar se volvía familiar, fácil de decodificar, capaz de orientar cognitiva, emocional y prácticamente a quienes se internaban en universos económicos antes poco conocidos.

Las páginas que siguen narran cómo, desde la década de 1930, y muy en especial desde la de 1950, una nueva relación entre cultura popular, prácticas financieras y mercado cambiario tuvo como efecto una centralidad creciente del dólar en la economía, la política y la sociedad argentinas.

(…)

Este libro habla, entonces, de los usos argentinos del dólar. Pero no es la historia de los grandes dueños o de las elites que lo atesoran, lo invierten o lo «fugan». Es la historia de la importancia creciente del dólar estadounidense para la vida social argentina y de cómo devino una moneda «popular».

El gran sociólogo alemán Norbert Elias consideraba a los procesos sociales como dinámicas de muy largo plazo que no son controlados ni diseñados por un individuo o un grupo. La popularización del dólar en la Argentina que en estas páginas se reconstruye es de esa naturaleza.

Una de las principales tesis que guían a la sociología del dinero es que este nunca es igual a sí mismo. Los usos y significados del dólar en la Argentina de la década de 1950 no son los mismos que los de las décadas de 1970 o 1980, o que los de la década de 2010. Cada etapa de la popularización del dólar representa una innovación en relación con los usos y significados heredados del pasado.

A lo largo del tiempo, las dinámicas fueron heterogéneas. La popularización varió en extensión: cómo más grupos sociales se fueron vinculando con el mercado cambiario. Varió la generalización: cómo más mercados y transacciones tomaron a la divisa estadounidense como unidad de referencia o medio de pago. Y varió la intensificación: cómo aumentó la atención pública prestada al dólar.

El dólar empezó a popularizarse
El dólar empezó a popularizarse en la Argentina en 1930. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración/Archivo

Este libro da cuenta de las recursividades y los diferentes ritmos que marcaron esos procesos, y también de las innovaciones que muchas veces, inmersos en la coyuntura, pasamos por alto y diluimos en un relato atemporal.

El concepto «popularización del dólar» nos permite tomar distancia de términos técnicos con cierta circulación en las discusiones públicas, como dolarización. Pero, a la vez, integramos el proceso de conformación de esas terminologías en nuestro análisis. Nos preguntamos en qué contextos de la popularización del dólar esas formulaciones comenzaron a ejercer un impacto más allá de las controversias expertas. Cuáles fueron los efectos de que ganaran presencia pública.

(…)

La historia de la popularización del dólar corre en paralelo a la historia de la inflación. Nuestra mirada sobre ambas series históricas consiste en conectarlas mostrando cómo la identificación de la inflación como un problema fue una de las palancas para que la moneda estadounidense se volviera popular. En este sentido, la historia de la popularización del dólar es también la historia de la metáfora que habla de una moneda como «refugio», sin la cual no podría narrarse parte de la historia de la inflación en nuestro país.

A lo largo de estas páginas mostramos, entonces, que la popularización del dólar se ha sedimentado en un proceso de larga duración, en el que pueden reconocerse distintas etapas. Las prácticas monetarias de familias y empresas se expanden a través de un proceso histórico de socialización económica y formación de repertorios financieros que son socialmente producidos y culturalmente significativos. El principal aporte de esta perspectiva es subrayar el peso de los procesos de lenta maduración que han permitido la sedimentación de un repertorio financiero que tiene en la articulación (cotidiana, pero también institucional) de diferentes monedas (el dólar y el peso) una de sus características principales.

Quiénes son los autores

Emilio Ocampo es profesor de Finanzas e Historia Económica en la Universidad del CEMA (UCEMA). Ha sido profesor adjunto en la Universidad de Nueva York y miembro del Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos en Washington, D.C. Es autor y/o co-editor de diez libros de historia y economía.

Nicolás Cachanosky es economista y Ph.D. por la Suffolk University. Es profesor de la Universidad de Denver, ha publicado sus artículos académicos en la Universidad de Cambridge así como por el Review of Financial Economics, entre otras instituciones. Actualmente es Presidente de la Association of Private Enterprise Education.

Mariana Luzzi es profesora de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Se ha especializado en la investigación sobre crisis monetarias y cuasimonedas, y la expansión del sector financiero y su impacto en las desigualdades sociales. Es coautora de Transformaciones de la estructural social argentina, 1983-2008.

Ariel Wilkis es profesor en las universidades nacionales de San Martín y del Litoral, y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la UNSAM. Publicó artículos a través de la Universidad de Stanford y fue premiado por la Asociación Americana de Sociología por sus investigaciones. Es autor de Las sospechas del dinero: moral y economía en el mundo popular.

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