
Fueron 17 años vertiginosos los que transcurrieron entre 1983 y 1999 en la Argentina. De medidas veloces y de enorme magnitud. Así lo cree Leslie E. Anderson, estadounidense, investigadora especializada en Ciencias Políticas y autora de La democratización a través de las instituciones. Los años de la transición argentina en una perspectiva comparativa, un libro que acaba de editar Prometeo y que parte de la idea de que esa época del país puede ser estudiada como un ejemplo de impulso institucional que, incluso, puede resultar una guía y también una esperanza para naciones que deban atravesar por procesos similares de recuperación y fortalecimiento de sus democracias.
Es que, detalla la especialista en estudios comparados de las democracias de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa Occidental, durante esos años las instituciones estatales argentinas, a través de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, lograron consolidar el control civil de las Fuerzas Armadas. El Juicio a las Juntas Militares que encabezaron la última dictadura fue, para Anderson, “algo sin precedentes en al región” y sentó las bases para la democratización de las instituciones.
Esa recuperación institucional después de un largo y terrorífico gobierno de facto es el centro del libro de Anderson, que ha investigado y escrito sobre movimientos sociales, política electoral y protesta social en Latinoamérica. En La democratización a través de las instituciones, Anderson desmenuza cómo los gobiernos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem sentaron las bases de una consolidación del Estado de derecho que alejara la amenaza de otra interrupción democrática. Y asegura que esa consolidación vino primero de los poderes institucionales más que desde la sociedad civil.
La democratización de los sindicatos y el impulso de políticas de Derechos Humanos desde el Estado son, para la autora estadounidense, dos señales de esa democratización. Según Anderson, el proceso continuaría luego de esos 17 años, pero no a un ritmo tan veloz como en el período estudiado, en el que las instituciones fueron la punta de lanza de una nación que salía del autoritarismo.

“La democratización a través de las instituciones” (fragmento)
Antes de examinar el diseño del sistema presidencial vigente en la Argentina, permítasenos observar brevemente la emocionante, pero abrumadora, tarea enfrentada por ese sistema. La transición democrática estudiada aquí fue uno de los momentos más apasionantes de la historia argentina. Si el sistema presidencial pudo superar con éxito reformas de esta magnitud, el resultado constituye un buen presagio para otras naciones que buscan democratizarse en circunstancias más fortuitas.
En diciembre de 1983, la Argentina retornó a un calendario electoral regular luego de salir de la dictadura más brutal que la nación hubiera conocido. Hasta la fecha ese calendario se ha cumplido, con enormes implicaciones económicas, políticas y sociales para la nación. Si bien la evolución de la democracia argentina todavía está siguiendo su curso, la nación ha pasado por momentos de crisis pronunciadas, momentos de crisis reducida y períodos de relativa normalidad. Entre estas dos presidencias y a lo largo de diecisiete años, la Argentina logró el control civil sobre sus Fuerzas Armadas y les aplicó todo el peso de la ley. Esto, por sí solo, es un logro significativo y sin precedentes; además, se logró mediante las instituciones del Estado nacional.
Argentina, entonces, juzgó penalmente a muchos de los miembros de las juntas militares por violaciones a los derechos humanos. En función de su escala, oportunidad de realización e iniciativa interna, estos juicios avanzaron de manera singular, sin antecedentes en otros países de Latinoamérica e, insistimos, apoyados en las instituciones nacionales. Más allá del control civil de las Fuerzas Armadas entre 1983 y 1999, la Argentina atravesó importantes reformas políticas, económicas y sociales que modernizaron la economía y con las que se dieron los primeros pasos hacia un modesto Estado de bienestar. Además, logró, poco a poco, un grado de democratización en el funcionamiento interno de los sindicatos, el enclave más autoritario de la sociedad fuera de las Fuerzas Armadas mismas. Para finalizar, introdujo cambios sustanciales en su sistema educativo, lo que abarca la escolaridad primaria, la secundaria y las universidades.
Rara vez se emprendieron reformas de esta magnitud, logradas a través de las instituciones nacionales, y mucho menos en un lapso tan breve. Estas reformas políticas, sociales y económicas resultan más significativas si tenemos en cuenta el problemático rol desempeñado por la sociedad civil durante este período; fueron impulsadas por dos presidentes, Raúl Alfonsín, del Partido Radical (1983-1989), y Carlos Menem, del Partido Peronista (1989-1999), y por sus gabinetes, en un trabajo conjunto con el Congreso y el Poder Judicial.
Estos diecisiete años de transición democrática ameritan una atención especial por varias razones adicionales. La primera: estos años constituyeron un período de crisis política y económica durante el cual la supervivencia de la democracia estaba en duda; además, las amenazas inmediatas a su existencia eran numerosas. La segunda razón: en respuesta a la crisis, el ritmo de las reformas fue veloz. Luego de que Menem dejó la presidencia en 1999, la Argentina continuó reformándose de forma exponencial y manifestando un desacuerdo significativo respecto de la dirección que debían tomar con respecto a cambios. Pero en ningún momento con posterioridad a ese año se alcanzó una velocidad tan vertiginosa de reforma como la vista en el período 1983-1999. La tercera razón: la estructura política de la nación durante los diecisiete años abarcados en este estudio, pueden caracterizarse, grosso modo, como un sistema bipartidista en el cual la Argentina se ufanaba de tener dos partidos nacionales que podían ganar la presidencia y gobernar.

Tras la crisis de la presidencia de De La Rúa en 2001, y su renuncia, este sistema bipartidista ya no existe. La Argentina ha entrado ahora en la problemática era monopartidista. La única competencia por el poder nacional se presenta entre facciones del Partido Peronista, circunstancia acerca de la cual V. O. Key mismo lanzó una advertencia. El surgimiento de este Estado monopartidista tiene implicaciones profundamente negativas para el futuro democrático de la Argentina y es un desafortunado efecto colateral de la democratización a través de las instituciones. Sin embargo, durante los años en los que se centra este libro, ese desarrollo todavía se encontraba en ciernes.
¿Por qué la Argentina?
La magnitud, la velocidad y el alcance de las reformas estudiadas aquí son, en sí mismas, razones para estudiarlas. Pero la Argentina es motivo de interés y preocupación para todos los intelectuales que estudian la democracia porque el proceso de democratización no fue encabezado por una sociedad civil sólida. Por el contrario, fue el sistema presidencial formal, modelado a imagen y semejanza del de Estados Unidos, el que estuvo al frente de las reformas necesarias para la democratización. La Argentina tiene una dilatada historia de instituciones democráticas que han existido al menos en forma nominal desde mediados del siglo XIX. Esas instituciones se convirtieron en un recurso para construir la democracia.
Contamos con pocos estudios de tal proceso; por su parte, la Argentina del período 1983-1999 brinda una perfecta oportunidad de observar un proceso de democratización centrado en las instituciones y en su sociedad. La sociedad civil aportó a que se produjera el fin de la dictadura, pero con posterioridad desempeñó un papel mixto. No se produjo una revolución, como sí sucedió en Francia o en Nicaragua, y tampoco se produjo una expansión gradual de los derechos, como en Gran Bretaña. Es un país que cuenta con un capital social débil, está aquejado de un índice bajo de confianza, y padece de un alto nivel de antagonismo social.
Si bien mi trabajo y el de otros muestran consternación acerca del bajo capital social de la Argentina, este país también ofrece una oportunidad. Al estudiarlo, entendemos mejor –desde un punto de vista intelectual-académico– los recursos alternativos con que cuenta para lograr la democracia porque esta nación ha avanzado, de todas maneras, hacia la democracia. Que las instituciones formales del Estado podrían orientar la democratización constituye un motivo de esperanza porque otras naciones podrían estar en la misma encrucijada. Tales naciones necesitan recursos alternativos sobre los cuales construir la democracia. Este libro ayuda a entender de qué manera las naciones que se encuentran en circunstancias similares pueden construir la democracia.

Para aprender cómo tal cosa puede ser posible, este libro presenta abundante evidencia de las negociaciones producidas dentro de las instituciones del Estado a lo largo de esos diecisiete años. El término “instituciones” que uso en este texto, incluye a las instituciones formales del Estado dentro de un sistema presidencial. Estas mismas instituciones reflejan las relaciones entre los partidos, y entre estos últimos y la sociedad civil. El libro analiza la manera en la que el sistema presidencial democratizó el Estado sin contar con un apoyo fuerte de la sociedad civil. De cara a las reformas que acompañaron la democratización, la sociedad civil se opuso a ellas; a veces, por motivos razonables y legítimos. En otros momentos, ciertos sectores de la sociedad civil se comportaron de manera intransigente, poco realista, miope, y se dejaron guiar por la ideología.
La oposición de la sociedad civil se debió, en parte, al hecho de que las reformas de la democratización causaron la pauperización de la sociedad. La historia explica que los beneficios corporativistas y paternalistas que habían acompañado al país a salir de su pasado peronista también habían traído consigo un monopolio del Estado sobre los servicios y la promesa de un empleo universal provisto por este. Dicha fórmula fue insostenible ya que llevó a la economía a la bancarrota y amenazó la existencia de la democracia. El caos económico trajo consigo una larga serie de huelgas que no hacían más que seguir poniendo en peligro la democracia. La modernización económica, esencial para estabilizar el país en el plano político, privó a muchos ciudadanos de empleo y de servicios sociales. Ese proceso generó graves costos sociales e incitó a una mayor resistencia y enojo de los ciudadanos. Los líderes pertenecientes a las instituciones del Estado de todas maneras impulsaron las reformas porque veían el bosque y no el árbol, y entendieron que ellas eran el camino adecuado hacia la democracia.
Nuevamente, el abordaje gobierno-sociedad nos permite entender las circunstancias políticas en las que está inmersa la Argentina. Si bien este abordaje no concentra toda la atención en la sociedad civil, nos permite darle un vistazo al papel desempeñado por ella y, al mismo tiempo, considerar el papel desempeñado por las instituciones políticas y los procedimientos, lo que incluye el hecho de que estos cambian. Dado el papel desempeñado por la sociedad civil en la democratización de la Argentina, adoptar un abordaje gobierno-sociedad es más útil que adoptar una postura que se concentre solo o primordialmente en la sociedad civil. En este libro, entonces, se emplea el abordaje gobierno-sociedad para estudiar la democratización en dos niveles. Describamos el primero: a lo largo de los capítulos estudiaremos el propio proceso de democratización, el cual incluye el uso de un sistema presidencial de líderes electos que logren como resultado el respeto por los derechos humanos y civiles, el control civil sobre las Fuerzas Armadas y la imposición del Estado de derecho. En el segundo nivel nos valdremos, además, del abordaje gobierno-sociedad para estudiar la implementación y la concreción de políticas sociales específicas que fueron esenciales para la democratización.
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