
El bajo rating continúa en la transmisión por YouTube del juicio a los cuadernos de las coimas, que llevó adelante su cuarta audiencia ayer martes en la sala digital del Tribunal Oral Federal N°7.
Cerca de 416 usuarios se encontraban conectados a las 15:06. El juicio del caso suponía un boom, una misa para el antikirchnerismo rabioso, bajo un gobierno explícitamente antikirchnerista, con la chance de ver en vivo a Julio De Vido preso en la Colonia Penal de Ezeiza a los 75 años o al hombro derecho de Cristina Fernández de Kirchner, presa en su casa, acusada de ser la jefa de la presunta asociación ilícita junto a su fallecido ex marido.
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Había poco más de 200 personas en la transmisión misma, entre los jueces, los secretarios letrados del Tribunal, los acusados y sus defensores. El número de espectadores conectados descendió a 390 a las 15:20. En términos aritméticos, es como que una banda de cuatro músicos toque para ocho personas.

Pero la audiencia de ayer, rating o no, fue al menos interesante, como volver a ver una vieja serie, la Argentina de quince temporadas atrás. Fue una doble función para el Tribunal N°7, un dato para los comediantes políticos que acusaban a los jueces Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli de no trabajar. A las 9 de la mañana, llevaron adelante otra audiencia del juicio Aysa-Odebrecht. Luego, comenzaron la audiencia del caso Cuadernos casi a las 14.
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Así, siguieron en sus sillas unas cinco horas más. Irónicamente, fue una doble función para imputados como De Vido o su ex secretario Roberto Baratta, imputados en ambas causas. Hubo dos protagonistas en la narrativa del día. Uno, por la obscenidad de su relato. El otro, por su contraste absoluto.

Ernesto y la semilla del mal
Los cuatro secretarios letrados continuaron su lectura del pedido de elevación a juicio escrito seis años atrás por el fiscal Carlos Stornelli. Comenzaron con la incendiaria declaración de Ernesto Clarens, un histórico del submundo del dinero de Santa Cruz, convertido en el ingeniero original de la plata de las coimas, una mezcla de gran cuevero y gran articulador, hoy un jubilado afiliado al PAMI, hoy de 75 años, titular de la financiera Inverness S.A., acusado de ser un organizador de asociación ilícita y partícipe necesario de la recepción de 175 coimas, una imputación idéntica a la de, por ejemplo, Julio De Vido.
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No se lo oirá hablar hasta febrero de 2026, cuando tendrá que presentarse en voz alta como imputado ante el Tribunal, para que diga si declarará o no, si ratifica lo que dijo ante Stornelli hace siete años o no. No tuvo que hablar esta vez; su testimonio fue incorporado por lectura. Comenzó con sus días en la empresa Gotti, con Néstor Kirchner gobernador.
El extracto que sigue es, básicamente, la semilla del mal del caso de los cuadernos. De paso, involucró a Lázaro Báez. Las mayúsculas le corresponden al original del expediente:
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“GOTTI y estas cuatro empresas que trabajaban en el sur le daban retornos desmesurados al entonces gobernador KIRCHNER. Yo no me encargaba de eso. Lo mismo de allá se repitió acá, es decir el formato de retorno, una vez que KIRCHNER fue presidente”.
Néstor Kirchner, entre otros, fue evocado en la imputación del fiscal Stornelli como el jefe original de la asociación ilícita dedicada a la recaudación de coimas, con Cristina Fernández de Kirchner como su presunta sucesora. Tal como el remisero Oscar Centeno, Clarens aseguró años atrás que el dinero de las coimas era entregado en el departamento de NK y CFK, en la esquina de Juncal y Uruguay.
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“En esos casos, Daniel Muñoz", el fallecido secretario de Néstor Kirchner, “me esperaba en el hall de la planta baja del edificio de Juncal, yo nunca subí al departamento...“, aseguró.
Dinero negro
El relato de Clarens también detalló uno de los chistes internos más oscuros del caso, un símbolo de esa promiscuidad entre poder político y capital. Fue el vínculo con la Cámara Argentina de Empresas Viales, algo que generó una zona cero para la corrupción, un círculo interno, un eufemismo que, entre las confesiones se llamó, jocosamente, “La Camarita”.
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“Si nos fijamos en la planilla que aporté, veremos que siempre se iba por encima del presupuesto oficial en valores que oscilaban el 20 por ciento aproximadamente, cuatro o cinco empresas tenían que acompañar al ganador. El 20 por ciento referido de sobreprecio estaba compuesto por 10% para la coima y el 10% restante para generar dinero negro.”
Aquí, Clarens no habla de chauchas y palitos, sino del dinero de megaobras multimillonarias. Llamarlo grotesco es poco.
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El hombre de la puerta blanca
Antes del juicio, Clarens propuso aportar un yate amarrado en Miami y un departamento ubicado en la misma ciudad para cerrar la causa en su contra, por un valor de un millón y medio de dólares. Su cara nunca se vio en la transmisión de YouTube. Sin embargo, una cara está a la vista de todo el público, sin falta. Es un hombre calvo, que siempre se muestra junto a la puerta blanca de un armario.
Hernán Diego Del Río es un verdadero tapado en esta historia, la figura detrás de la figura detrás de la figura. Durante los años de esplendor del kirchnerismo, Del Río -hombre de Ituzaingó, nacido en 1977- era el remisero personal de José María Olazagasti, ex secretario privado del superministro Julio De Vido y un hombre que fue de su confianza absoluta.
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Del Río, involucrado por Centeno en sus anotaciones, fue el imputado número 31 en la lista elaborada por el juez Claudio Bonadio en su elevación de la causa a proceso; el 32 es uno de los mayores empresarios de la Argentina, Aldo Benito Roggio. Ni en sus mayores sueños pretendería cerrar la causa en su contra con un departamento en Miami. No podría. No tiene un departamento en Miami. No es un industrial. No es un billonario. Según su relato, solo era un remisero que llevó un paquete de aquí para allá, el único caso de participación en una coima que se le imputa, por la cual, supuestamente, no vio un peso.

¿Del Río se hizo rico por su presunto rol en el caso de los cuadernos? No parece. En su exposición ante el fiscal Stornelli, aseguró que llevaba como remisero particular a Alessandra Minicelli, la mujer del ministro De Vido, que lo usaban para llevar la carne y los chorizos a la quinta de De Vido -pero nunca lo invitaban al asado- y que, luego, consiguió una changa en el Congreso, no como asesor, sino como cadete en moto.
“Pudieron peritar el auto que está destrozado, pudieron verificar en el allanamiento que me baño con un balde y también que duermo en un colchón tirado en el piso. Por otro lado, quiero decirle que yo en el año 2008 era remisero y 10 años después, en el año 2018, sigo siendo remisero, donde la doctora Minnicelli, Valeria De Vido, la señora Berta, suegra de De Vido, me pedían presupuestos por teléfono de los viajes a Marcos Paz, con espera incluida. Diez años después y yo seguía siendo remisero". Manejaba un auto de la mujer de De Vido, aseguró Del Río, porque no podía pagar el seguro del auto del suyo.
Hoy, el ex remisero no tiene trabajo en blanco. Tampoco podría comprometerse a un empleo diario. Tiene que presentarse frente a esa cámara, frente a la puerta blanca, dos días por semana, por los próximos años que queda.
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