
“Dejo bien en claro. No somos sicarios. Ni nos contrataron. Ni por Macri, ni por Milei ni por Revolución Federal” (...) Los motivos del hecho son por ideas personales y propias”. No fue una, ni dos, ni tres. Fueron decenas de cartas, algunas hechas en el mismo día, a las que accedió Infobae y que obran en la causa. Desde que está preso, sin visitas a su celda, sin un buen diálogo con quien fue su defensor oficial en primera instancia, Fernando Sabag Montiel, el hombre que intentó matar hace un año a la vicepresidenta Cristina Kirchner, se dedicó a escribir. Y ahí una y otra vez buscó dejar asentado lo mismo: “Tienen miedo de que se descubra la verdad”.
Desde los “delirios” de su novia Brenda Uliarte hasta acusaciones contra al jefe de los copitos Nicolás Carrizo por haber sido “comprado por CFK”, de la muerte de Alberto Nisman a una denuncia por tráfico de órganos que presentó en la sede la Policía de Seguridad Aeroportuaria cuando estuvo allí alojado, las cartas de Sabag Montiel refuerzan para los investigadores su perfil psicológico: buscan que le reconozcan que fue él, y solo él, el autor del atentado de Cristina Kirchner.
Sus misivas, con letra apretada, a veces inentendible y un hilo conductor que muchas veces se perdía, fueron llegando a los tribunales. Una, incluso, se convirtió en una recusación a la jueza María Eugenia Capuchetti, en una curiosa coincidencia con lo que planteó su víctima y que también fue rechazada por la Cámara Federal.

El atentado ocurrió la noche del 1° de septiembre de 2022. Cristina Kirchner llegaba a su casa, en la esquina de Montevideo y Juncal en el barrio porteño de Recoleta. Allí la esperaban, como desde el día en que el fiscal Diego Luciani pidió su condena a 12 años de prisión por asociación ilícita y defraudación al Estado en la causa Vialidad, un nutrido grupo de militantes para saludarla. Sabag Montiel también estaba allí. Se acercó y le apuntó en la cara con una Bersa calibre.32, que gatilló al menos una vez. La bala no salió porque no estaba cargada en la recámara. Terminó atrapado por militantes, sin que la custodia de Cristina Kirchner ni ella misma se dieran cuenta de lo que había pasado.
Según se logró determinar en la causa apenas unos días después del ataque, el plan para matar a Cristina Kirchner había comenzado el 22 de abril del 2022. “Para limpiar la Argentina hace falta que corra sangre”. Ese día, Brenda Uliarte le contó a una amiga que tenía un arma. Tres meses después, el 4 de julio, Brenda le reveló a Agustina Díaz, su amiga agendada como “Amor de mi vida”: “Voy con el fierro y le pego un tiro a Cristina… me dan los ovarios para hacerlo … el tema es cómo porque la vieja tiene seguridad”. Y después dijo que iba a mandar a alguien.

“Dejo bien en claro. No somos sicarios. Ni nos contrataron. Ni por Macri, ni por Milei ni por Revolución Federal”. “Un sicario debería tener antecedentes (...), no sé disparar y un partido político no contrataría a alguien que no sabe disparar”, afirmó Sabag en una de las misivas escrita el 30 de mayo desde la cárcel de Ezeiza.
Y agregó: “Ningún político comprometería su libertad o su carrera mandando a matar a Cristina. La que contrató sicarios para matar a Nisman es ella, no yo, que no proyecte su psicopatía narcicista sobre mí”.
“Brenda no sabe disparar, jamás la uso (la pistola), solo le saqué fotos con el arma (...) Carrizo no participó del atentado; CFK lo compró y le ofreció dinero para dar falso testimonio (...) Jamás dije que abandonaría el país, no quiero irme del pais. En todo caso es una declaración de Brenda, no mía; ella dice delirios ya que no tiene dinero para hacerlo y su familia tampoco (...) Capuchetti no le hizo una pericia psicológica a Brenda (...) Meternos en la misma bolsa a todos tratándonos de locos o ‘freakis’ en los medios, cuando mi pericia psicológica fue óptima”.
En otro fragmento, Sabag se queja porque quieren adjudicarle la planificación del atentado a Revolución Federal, al diputado del PRO a Gerardo Milman o al “libertario” Hernán Carroll. Dice que la “disconformidad” con Cristina Kirchner no indica vinculación con el atentado, “si no deberían culpar al 70 por ciento del país”. Y en su discurso se nota un rechazo generalizado a la dirigencia. Se enoja porque lo tratan de loco y lo acusan de pertencer al macrismo. “Todos los políticos son ladrones”.
A lo largo de sus distintas cartas, una y otra vez, dice que le robaron sus autos, que le sacaron su casa, que el padre de Brenda Uliarte arregló con la Vicepresidenta, que le plantaron pruebas, que lo estafó su propietario y su inquilino. Sus principales críticas son para la jueza Capuchetti y para su defensor oficial Martín Hermida; en algunos tramos también incluye al fiscal Carlos Rívolo y reclama que su defensor sea Diego Luciani, el fiscal que acusó a CFK en la causa Vialidad.
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“El 13 de marzo me llamaron los servicios de inteligencia haciéndose pasar por periodistas, editaron y manipularon la conversación para tapar el secuestro”, afirma. Capuchetti “jamás investigó a Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Rodríguez Larreta, Gerardo Milman, Javier Milei”. Dice que la regla Tueller es un invento y que le rompieron el celular a propósito para inventarle pruebas.
En algunas cartas, Sabag parece mezclar lo que está sucediendo en los noticieros al momento de escribir. En otra de las cartas denuncia a agentes de la PSA por traficar órganos. Afirma que él lo oyó cuando estuvo alojado allí, en los primeros días de la causa.
El perfil psicólogico de Sabag que reveló Infobae detalla que “se trata de un sujeto que conoce la prohibición por la norma y la consiguiente antijuridicidad de su conducta, pero consciente y voluntariamente no cumple la prohibición porque internamente no la respeta, está convencido de que es correcto actuar así y cometer un delito para conseguir los fines pretendidos: lograr justicia era el sentido de su acto (”ajusticiar a una chorra”) y provocar una ‘reacción en el pueblo’ son los argumentos que utiliza para autojustificarse”. Cuando habló del ataque, afirmó: “El acto fue simple. Es más simple de lo que todos creen. No me dijo nadie. No tiene tanta mística, yo estoy muy tranquilo ahora”. Los expertos encontraron un Sabag Montiel con “pedantería y la vanidad” de quien asume haber llevado adelante el atentado, con un “discurso engorroso, extravagante y tedioso”. Es claramente un “narcisista” que buscaba “impresionar”, añadieron.
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