Hay nombres que aparecen en los titulares y otros que construyen la historia desde las sombras. Marito De Stéfano pertenece a este último grupo. Desde hace casi tres décadas forma parte de la intimidad de la selección argentina y, aunque nunca convirtió un gol ni levantó una ovación desde el centro de la cancha, se ganó un lugar privilegiado en el corazón de varias generaciones de futbolistas.
En una extensa entrevista con Erica Etter para el ciclo Bajo El Brillo, el histórico utilero de la Albiceleste abrió las puertas de un universo poco conocido y repasó recuerdos que atraviesan gran parte de la historia reciente del fútbol argentino.
Con la emoción a flor de piel, recordó sus comienzos junto a las selecciones juveniles, cuando compartió planteles con nombres que luego marcarían una época como Lionel Scaloni, Pablo Aimar, Walter Samuel y Esteban Cambiasso.
Aquella oportunidad llegó casi por casualidad tras el fallecimiento del utilero de las juveniles y una propuesta que, según confesó, inicialmente rechazó porque nunca había desempeñado ese trabajo. Sin embargo, encontró rápidamente el lugar que siempre había soñado ocupar.
“Soy un privilegiado”, repitió en varias oportunidades durante la conversación. "No le puedo pedir más a Dios. Amo lo que hago y le pongo pasión todos los días", agregó.
Su vínculo con los futbolistas excede cualquier relación laboral. "Mato por el jugador“, afirmó. “Ellos ponen la cabeza, las piernas, los brazos y dejan todo dentro de la cancha. Para mí son lo máximo”.

El trato directo con los ídolos
Entre los recuerdos más impactantes aparece inevitablemente Diego Maradona. De Stéfano confesó que quedó “duro” la primera vez que lo vio personalmente y aseguró que el excapitán argentino era exactamente igual en la intimidad que frente a las cámaras: extrovertido, bromista y espontáneo.
También recordó el día de su despedida en la Bombonera y reveló que incluso tuvo la posibilidad de vestirlo antes del partido homenaje. “Con nosotros era uno más”, resumió sobre el trato cotidiano que mantenía con todo el personal.
Si Maradona representaba la explosión y la verborragia, Lionel Messi ocupa el otro extremo. El utilero describió al capitán actual como una persona extremadamente reservada y de perfil bajo desde sus primeros pasos en la selección argentina: “Lo tuve desde los 16 años. Tiene algo especial que atrae tanto a grandes como a chicos”.
La relación entre ambos trascendió el paso del tiempo hasta convertirse en un vínculo casi familiar. De Stéfano incluso reconoció que intenta no pensar en el retiro definitivo del rosarino.
Momentos imborrables del 2022
Uno de los pasajes más emotivos de la entrevista llegó cuando recordó la obtención de la Copa del Mundo de Qatar. Pese a haber estado presente durante toda la campaña, confesó que tardó más de un año en asimilar que Argentina realmente se había consagrado campeona. “No caía. No podía creer que éramos campeones del mundo“, relató.
Todavía más impactante fue el recuerdo del regreso al país junto al plantel. Desde el techo del micro observó una multitud histórica y una imagen que asegura jamás olvidará: una mujer mayor intentando acercarse con una bandera argentina en medio de millones de personas.
También repasó el clima dentro del vestuario después de la inesperada derrota frente a Arabia Saudita y antes de disputar la final del Mundial, dos momentos que describió como imposibles de transmitir con palabras.

El vestuario argentino, puertas adentro
El detrás de escena del trabajo de un utilero de la selección argentina ocupó otro tramo importante de la conversación. De Stéfano explicó que prepara toda la indumentaria con un día de anticipación para evitar cualquier imprevisto y contó que en una Copa del Mundo deben contemplarse múltiples juegos de camisetas, ropa de entrenamiento y equipamiento adicional para cada futbolista.
Obsesivo del orden, aseguró que esa característica lo acompaña desde la infancia y que incluso su madre le anticipó que terminaría trabajando en un lugar donde esa cualidad sería fundamental.
Su fama también trascendió el ámbito deportivo gracias a campañas publicitarias y situaciones virales, como el recordado beso accidental a Lionel Scaloni durante un festejo, episodio que terminó convirtiéndose en meme y por el que reconoció haber recibido las bromas de todo el plantel.
A pesar de la enorme popularidad que ganó en los últimos años, De Stéfano insiste en mantener el perfil bajo. No utiliza WhatsApp, redes sociales ni correo electrónico y tampoco tiene intención de escribir un libro con las historias acumuladas durante casi tres décadas. “La esencia de Marito se perdería”, explicó. Esa decisión responde a un principio que considera innegociable: los códigos y la confianza construida con los futbolistas.
Sobre el final de la entrevista, dejó una reflexión que resume toda una filosofía de vida. Recordó una enseñanza de su abuelo y sostuvo que la soberbia nunca conduce a nada. “Solo Dios te agranda. Nunca te agrandes”, recordó.
Quizá por eso, mientras millones de argentinos lo identifican como uno de los símbolos silenciosos de la etapa más exitosa de la selección argentina, él sigue prefiriendo definirse simplemente como un trabajador apasionado que encontró el lugar donde siempre soñó estar y que todavía conserva intacta la emoción de ponerse al servicio de la camiseta albiceleste.
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