
Desde 2011, la campaña “Julio sin plástico”, nacida en Australia como Plastic Free July, busca concientizar a los ciudadanos en los peligros de la contaminación plástica: se estima que el 62% de la producción de plásticos se destina a productos de packaging y de un solo uso.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), todos los años se vierten 11 millones de toneladas de plásticos de un solo uso al océano; es por eso que representan al menos un 85% del total de desechos en el mar.
Para dimensionarlo, un solo año de consumo de bolsas -aproximadamente 500.000.000- forman un sendero de 275 mil kilómetros: de Argentina a Estados Unidos hay cerca de 9 mil.
En la Ciudad de Buenos Aires (CABA), existen varias opciones de separación de los reciclables en los contenedores verdes, los Puntos Verdes y con la ayuda de los recuperadores ambientales. También hay programas especiales para artículos como cápsulas de café y bolsas de comida para animales.

Los vecinos pueden entregar cápsulas plásticas, cápsulas de aluminio y bolsas de alimento para mascotas de todas las marcas del mercado. Estos materiales se destinarán al reciclaje para reinsertarlos en la cadena de valor.
Al terminar una cápsula se sugiere limpiarla, secarla y llevarla al Punto Verde más cercano. Allí se reciclan y se utilizan como insumo para fabricar, por ejemplo, cestos de recolección y juegos de plaza. En cuanto al café usado, servirá luego para producir compost.
Las bolsas de alimentos, que también se deben disponer limpias y secas en los Puntos Verdes, se reutilizan para elaborar rascadores y comederos de madera plástica para mascotas, entre otros artículos.

Estas acciones se enmarcan dentro del programa BA Recicla, que tiene como objetivo concientizar a los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires para que separen los residuos en sus hogares y adquieran hábitos amigables con el medioambiente.
En ese sentido, la misión del plan es que los residuos logren incorporarse al sistema de reciclaje para convertirse en recursos.
De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza, una persona promedio podría estar ingiriendo 5 gramos por semana de microplásticos, el equivalente a una tarjeta de crédito. Estos materiales son imperceptibles al ojo humano, y se podrían consumir a través de peces, crustáceos, y el agua potable, especialmente la embotellada.
Para más información sobre la campaña, se sugiere ingresar al siguiente enlace.
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