Etiquetado de alimentos: las claves de un consumidor crítico frente a la góndola según los especialistas

El proyecto de ley que busca regular el rotulado frontal de alimentos ya dispone de media sanción en el Senado, y tiene como objetivo, según señalan sus impulsores, reducir los niveles de obesidad en el país, además de mejorar los hábitos alimentarios de la población. Pero, ¿logra esta iniciativa alcanzar los objetivos de un consumo responsable?

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Realizar las compras de alimentos puede transformarse en un hábito cotidiano al que poca atención se le preste. Sumado a esto, las largas colas, la música que suena por los altoparlantes, las góndolas repletas de productos y los enormes carritos invitan a elegir de forma automática los artículos. Y allí surge uno de los grandes obstáculos: llevar lo que no se necesita. Por este motivo, cuando se busca alentar un consumidor responsable, resulta fundamental diseñar estrategias que contemplen el peso de las emociones, los gustos y la experiencia de las personas, pero que también fomenten el espíritu crítico para que la razón pese más que la tentación. Ahora bien, ¿cómo lograrlo y no perderse en el intento?

“A simple vista, comprar algo para comer pareciera ser una decisión simple. Puede serlo si argumentamos que no lleva mucho tiempo, movimientos, ni tampoco mucho que pensar. Pero, justamente, que una decisión no requiera mucha reflexión puede implicar que a lo largo de nuestras vidas ya pasaron muchas cosas en nuestros cerebros, por lo cual vivimos lo cotidiano sin analizarlo”, explica el ingeniero industrial Federico Fros Campelo, autor de libros como “El cerebro del consumo” y coautor de “Nutrición (de)mente”; títulos en los que se desarrolla cómo funciona el cerebro cuando se toman decisiones, se consume y se viven emociones.

En la Argentina, actualmente existe un proyecto de ley que busca regular el rotulado frontal de alimentos, el cual cuenta con media sanción del Senado de la Nación. Esta iniciativa tiene como objetivo, entre otras cuestiones, reducir los niveles de obesidad en el país y mejorar los hábitos alimentarios de la población. En ese sentido, Fros Campelo y la médica especialista en nutrición y celiaquía, Gabriela Fedele (MN 124618), analizan la propuesta en profundidad.

“Una ley de etiquetado es necesaria y muy útil. Pero para alcanzar el objetivo fijado en el sentido de cambiar los hábitos alimenticios y contribuir a la salud, debe estar pensada en la población argentina, tener una mirada multidisciplinaria que incluya, entre otros factores, a la educación como elemento fundamental para crear conciencia y prever plazos razonables para su aplicación, marcando un sendero de cambios hacia una mejor alimentación”, señala la también integrante de la Asociación Celíaca Argentina.

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Por su parte, el ingeniero subraya que para generar un cambio de hábitos a largo plazo, se deben diseñar estímulos lo suficientemente eficaces como para que “no solo influyan en el momento, sino que también vayan dejando algo en la conciencia de las personas (como sucede en la educación)”.

Y aclara Fros Campelo: “Un estímulo puede influir en una persona sin que ella se dé cuenta. Es bajo esta influencia que la persona elegirá sintiéndose libre”

En relación con el etiquetado frontal, el experto en consumo y toma de decisiones indica: “El hecho de que exista información obligatoria en un envase resultará tan solo un estímulo de entre todos los que recibirá el consumidor permanentemente, y podría quedar amortiguado por más eficaz que lo hagamos. Una intervención de etiquetado saludable sobre envases de alimentos es, en principio, un recurso de información, que contribuiría a que la gente no pudiese ignorar lo que está comiendo. Pero no sería suficiente para un cambio de comportamiento en las personas”.

¿Qué debe tener una propuesta para generar un consumidor crítico? Ambos especialistas confirman que las iniciativas vigentes deben incorporar determinadas cuestiones fundamentales. “Las políticas públicas deben también garantizar la educación por múltiples vías, a efectos de que las personas naturalmente sientan curiosidad por aprender los nutrientes de aquello que comen y quieran alimentarse de forma más saludable. Si nuestro campo de acción quedase limitado a la intervención gráfica en los envases de alimentos, sería astuto que diseñáramos estímulos que no sólo fueran informativos, sino también educacionales”, destaca Fros Campelo.

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Etiquetado frontal en octógonos negros

El proyecto de ley argentino propone utilizar sellos en forma de octógonos negros en aquellos productos “menos saludables”, con exceso de calorías y/o nutrientes denominados críticos.

“El 80 % de los alimentos que encontrará una persona en la góndola tendrá al menos un sello negro en su frente, referido a un supuesto exceso de nutrientes críticos -azúcar, grasas y sodio- y calorías, sin ningún tipo de información sobre su real composición nutricional. La presencia del sello negro no identificará exclusivamente lo menos saludable, dado que confunde presencia de sodio, azúcar o grasas con exceso de esos nutrientes”, asevera Fedele.

Sumado a esto, una de las propiedades de la atención humana es que resulta diferencial. Es decir, prestamos atención a lo que cambia en nuestro contexto. Si el supermercado al que se suele ir modifica la disposición de los alimentos en las góndolas, eso obligará al consumidor a estar más atento. “Entonces, es lógico preguntarnos qué efecto tendrá a mediano y largo plazo el hecho de que un gran porcentaje de los alimentos contengan un mismo sello monocromático de advertencia”, indica Fros Campelo.

En esa línea, el autor de “Nutrición (de)mente” advierte que probablemente “nos acostumbremos al octógono y tarde o temprano dejemos de prestarle atención porque estamos diseñados para descartar todo aquello que ya está presente en nuestro entorno y no varía, mientras no represente amenazas ni recompensas”

Es decir, la frecuencia de aparición de la intervención normativa aparecerá a menudo o no, según la clasificación que se utilice para definir “alto”. Si, por ejemplo, un 33% de los productos industrializados tuviera algún rótulo de estas características, los consumidores podrían conservar su atención diferencial, ya que se encontraría una de cada tres veces con alimentos en góndola que conllevan riesgos para su salud en caso de ser ingeridos de forma reiterativa. “Por el contrario, si un 90% de los productos industrializados tuvieran sellos semejantes, la repetición a la exposición generaría –dicho en términos de psicología cognitiva- una rápida habituación por parte de los consumidores al estímulo”, ejemplifica Fros Campelo.

Algunos de los libros más destacado de Federico Fros Campelo
Algunos de los libros más destacado de Federico Fros Campelo

Mejor los “sí” que los “no”

Finalmente, otro aspecto a tener en cuenta a la hora analizar y alentar a un consumo responsable se vincula al tipo de mensaje a transmitir. “Está probado que el “refuerzo positivo” modifica nuestra conducta de manera más rápida y contundente que el negativo. Tanto los animales como las personas aprendemos más velozmente nuevos comportamientos si nos llevan a obtener un beneficio que sí nos conducen a evitar un perjuicio”, expresa el especialista en consumo y toma de decisiones.

En conclusión, ambos expertos señalan que un etiquetado frontal debe estar acompañado de educación dirigida al consumo responsable. Por su parte, Fros Campelo añade que “el poder del etiquetado de cautela sería superior si, además de contener la información de los nutrientes que no nos convienen consumir sistemáticamente en exceso, incorporara la información de nutrientes que sí conviene ingerir”.

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