El 2019 viene con un nivel de intensidad pocas veces visto. Estamos ante un panorama entre confuso, claro, alentador y plagado de desesperanzas. Confusión es la palabra con la que vivimos desde que nacimos, por lo tanto no debería sorprendernos. Claridad es una novedad para este país, lo que sucede es que nunca fue tan evidente qué piensa cada uno y lo que pretenden propios versus otros. Estamos plagados de desesperanzas por una situación económica que golpea a millones de argentinos todos los días. Personal, laboral, emocionalmente. Y como la fe es lo último que se pierde, hablar de un panorama alentador no es descabellado; dado que se da una situación inédita: es la primera vez que un presidente no peronista terminará su mandato en un ciclo democrático. Eso sucede por el apoyo de la gente que acompañó a un Gobierno que actuó como para avalanchas de un kirchnerismo barrabrava y convivió con un peronismo que sabe que la mesa es redonda y tarde o temprano volverá al mismo punto, el de construir un país viable para sus nietos y bisnietos.

Mauricio Macri está a punto de entrar a la historia como el primer presidente no peronista en terminar su mandato y entregarle la banda a otro presidente no peronista (no importa si es a él mismo, lo interesante es que haya tenido la tozudez de seguir y romper el maleficio).
Mauricio Macri está a punto de entrar a la historia como el primer presidente no peronista en terminar su mandato y entregarle la banda a otro presidente no peronista (no importa si es a él mismo, lo interesante es que haya tenido la tozudez de seguir y romper el maleficio).

Decíamos que todo viene tan intenso que estamos en plena campaña en febrero. Elecciones que deberían servir para renovar algo más que un presidente, gobernadores e intendentes. Se trata de renovar esperanzas como cuando uno comienza una dieta con la ilusión de que esta vez sí funcionará. Los que debemos cambiar el chip de manera urgente somos nosotros como sociedad porque, luego de 3 años intensos en los cuales ni Obama hubiera sido capaz de tranquilizar las aguas turbulentas de un pasado signado por la negligencia de la dirigencia política en su conjunto, endosarle a Macri la responsabilidad de ser el Mesías que nos vino a salvar es una actitud cuasi adolescente. El tipo puede tener las mejores intenciones pero necesita que confluyan los astros: contar con un equipo capaz de acompañar su visión, un país que abandone la actitud Marcelo Araujo de relatar el partido en lugar de bajar a la cancha a jugar un rato (acá siempre transpiran los que menos tienen), un empresariado local que invierta y no especule (su cortoplacismo es vergonzoso), una oposición a la altura de las circunstancias, sindicalistas multimillonarios que den un paso al costado (risas de fondo), jueces que lean nuevamente la Constitución (habría que repartir ejemplares en tribunales, Comodoro Py y todos los juzgados del país). Y la lista sigue.

El presidente argentino ya está en la India y una vez subido al avión se desató una serie de críticas por el costo del pasaje, por unos supuestos comentarios de la vicepresidenta en el 2016 sobre que vamos al estilo indio, sin industrias y un sinfín de idas y vueltas que cansan porque no construyen nada.
El presidente argentino ya está en la India y una vez subido al avión se desató una serie de críticas por el costo del pasaje, por unos supuestos comentarios de la vicepresidenta en el 2016 sobre que vamos al estilo indio, sin industrias y un sinfín de idas y vueltas que cansan porque no construyen nada.

Mauricio Macri partió de misión comercial a la India y no por eso es el Dalai Lama. Algo que debería alegrarnos, porque a un país infectado de prebendas, punteros, "tomá de acá, dame de allá", no lo puede manejar un santo, por más que haya abrazado el budismo. El presidente de la Nación tiene un pasado, el cual no puede cambiar, como todos nosotros. Un futuro incapaz de controlar ya que está en manos del destino. Y un presente que es a lo único que puede abrazarse con todas sus fuerzas, porque, como dice el líder espiritual Dalai Lama, "sólo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y el otro se llama mañana. Hoy es el día correcto". La sociedad argentina maduró. Prefiere estar del lado de aquellos que trabajan por una idea a 30 años y no con la urgencia del demagogo que, con tal de ser votado, dice a todo que sí.

Apostar a la montaña rusa emocional es inviable, por lo tanto no debería sorprendernos el resultado. Si Cambiemos demuestra que puede domar el potro, es posible que Macri gane las elecciones, termine de hacer su tarea en su segundo mandato y le entregue el mando a quien esté más preparado para sucederlo. Sea de su propio partido, peronista o un liberal, ahora que están tan de moda. Después de todo hablamos de la continuidad de un proyecto de largo alcance y no el de la acumulación de poder a la que estamos acostumbrados.

Como todo secreto, se transmite boca a boca. Y con el correr de los días toma estado público, aunque sólo se trate de un rumor y tenga poco que ver con la realidad. Según todas las encuestas, María Eugenia Vidal es la política con mejor imagen del país y la gran apuesta de Mauricio, quien vio en ella algo que ni siquiera ella misma veía. Obviamente están sus detractores, aquellos que la acusan de abusar del tono de voz maestra jardinera. Algo contradictorio si vemos la fortaleza con la que se enfrenta a diario en un territorio dominado por los eternos barones del conurbano a las mafias enquistadas y a un narcotráfico que crece imparable. Lo llamativo es que, en la era del #NiUnaMenos, no se alcen con más firmeza las voces de los colectivos de mujeres ante los constantes atentados que sufrió. Será porque Cristina era actriz y ella, no. Como todo rumor, se instaló que su figura era un fusible ideal por si a Mauricio no le daban los números. Lo cierto es que estará en el centro de la escena defendiendo un caudal gigantesco de votos que podrían mantenerlo a Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia, lo que generaría una ola de suicidios en masa a los Kicillof, los Moreno, los D'Elia, los Fernandez y tantos otros que no aceptan el fin de un ciclo.

Este país está tan al pedo, que una foto de Romeo y Julieta en el frente de la Casa Rosada para ilustrar el Día de los enamorados, desató una ola de memes, insultos y debates. Si esa misma energía estuviera puesta en construir algo positivo, seríamos una potencia mundial.
Este país está tan al pedo, que una foto de Romeo y Julieta en el frente de la Casa Rosada para ilustrar el Día de los enamorados, desató una ola de memes, insultos y debates. Si esa misma energía estuviera puesta en construir algo positivo, seríamos una potencia mundial.

Más allá de la desazón de aquellos que no tienen intención de soltar la caja, la pregunta es cómo sigue todo ante un panorama inédito donde el peronismo está totalmente fragmentado, sin un liderazgo claro a la vista. Un silencioso Marcos Peña trabaja contrarreloj junto a otro desaparecido de la escena política como Jaime Durán Barba quien -a decir verdad- aún debe estar negociando el fee de asesor porque la cantidad de torpezas que comete la oposición todos los días, sumado al prontuario de los que aspiran a ocupar un cargo, lo podría dejar sin trabajo antes de tiempo. Suena descabellado, dado que fue el artífice del triunfo del 2015 junto al Jefe de Gabinete, cuando nadie daba un centavo por el PRO, por Macri y, menos aún, por una desconocida candidata a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, cuando comenzaron a tocar timbres.

¿Quién hubiera imaginado años atrás que nuestro país sería conducido por un matrimonio político disfuncional entre un ingeniero mesurado y una abogada explosiva? Lo mejor que hicieron es haber logrado un punto de encuentro a pesar de sus múltiples diferencias, entendiendo que la República está por encima de todo.
¿Quién hubiera imaginado años atrás que nuestro país sería conducido por un matrimonio político disfuncional entre un ingeniero mesurado y una abogada explosiva? Lo mejor que hicieron es haber logrado un punto de encuentro a pesar de sus múltiples diferencias, entendiendo que la República está por encima de todo.

Lo increíble del cambio de época es el crédito que aún tiene Cambiemos en la sociedad. Hoy es el partido político con mayor presencia nacional y su imagen se mantiene muy alta teniendo en cuenta estos años durísimos de desgaste en términos económicos, idas y vueltas que mostraron a un partido capaz de reconocer errores pero dubitativo al mismo tiempo. Si será alto el crédito, que Elisa Carrió actúa como la reserva moral de la patria y, en ese rol, se lleva puesto al presidente algunas veces. Se enoja, se amiga, critica a todos, se pone el proyecto al hombro, se interna en una clínica amenazando que se retira, para luego volver renovada. Lo interesante es que Lilita no puede manejar el auto para ir a hacer las compras porque lo choca, pero con Mauricio al volante se dio algo impensado para ambos: se necesitan y se potencian. Ante la demostración contundente de un país decidido a cambiar la matriz de corrupción heredada por décadas, el desafío es titánico. Ante las actitudes incendiarias, uno no pude dejar de pensar lo mal que le hizo el kirchnerismo al peronismo y -lo que es peor aún- cuántos candidatos van a necesitar hasta poder recuperarse. Como mínimo les llevará dos décadas.