Lideres religiosos en Honduras exhortan al nuevo gobierno a erradicar las prácticas corruptas y actuar con sabiduría

Desde San Pedro Sula, el arzobispo Miguel Lenihan se refirió a la coyuntura política que atraviesa el país y exhortó a los actores a privilegiar el entendimiento y la búsqueda de soluciones a través del diálogo

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La sociedad demanda pactos genuinos
La sociedad demanda pactos genuinos y acciones firmes frente a los desafíos del país

En Honduras, el inicio de una nueva administración política ha estado acompañado de llamados reiterados desde las principales iglesias del país a favor de un diálogo sincero y acciones firmes contra la corrupción, en un contexto donde las expectativas sociales y la demanda de estabilidad institucional dominan el escenario nacional.

Líderes de la Iglesia Católica y del sector evangélico han dirigido mensajes directos tanto al nuevo gobierno como a la clase política, enfatizando la urgencia de construir consensos responsables que permitan avanzar en los desafíos estructurales que enfrenta el país.

Estos pronunciamientos cobran mayor relevancia en medio de debates recientes sobre los resultados electorales, la configuración de los órganos estatales y la necesidad de garantizar la gobernabilidad.

En el cierre del proceso electoral y ante la instalación de las nuevas autoridades, el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher Tatay, señaló que quienes asumen funciones de gobierno deben recordar que el país “no constituye un cheque en blanco”, por lo que sus decisiones han de orientarse al bienestar colectivo. El jerarca católico remarcó que los actos de los funcionarios públicos tienen consecuencias y que la ciudadanía “observa de cerca el desempeño de quienes gobiernan”, por lo que instó a los políticos a cuidar cada una de sus acciones en el ejercicio de sus funciones.

La Confraternidad Evangélica pidió a
La Confraternidad Evangélica pidió a las autoridades de Honduras actuar con responsabilidad, prudencia y ética ante las actuales expectativas sociales.

El presidente de la Confraternidad Evangélica de Honduras, Gerardo Irias, se sumó a estas posturas, al afirmar que el país requiere de una conducción basada en la responsabilidad y la prudencia, ante las expectativas y demandas sociales actuales. Según Irias, “las nuevas autoridades deben actuar con sabiduría en la toma de decisiones, considerando el impacto de sus acciones en la población”. Destacó la necesidad de mantener una conducta coherente con los principios de servicio y respeto institucional. A su juicio, el ejercicio del poder implica un compromiso ético y responsabilidad frente a los desafíos nacionales.

El sacerdote Lenihan se pronunció sobre los intentos de reabrir el conteo electoral o trasladar los resultados nuevamente al Consejo Nacional Electoral o al Congreso Nacional, advirtiendo que tales acciones podrían ocasionar “retrasos innecesarios” y mayor confusión para la población. “Si cuentan los votos nuevamente, creo que van a atrasar más. Vamos a causar mucha confusión en la mente de la gente. Es como un juego con la gente; ya se hizo la declaratoria”, sostuvo. Lenihan reconoció que siempre existirán sectores inconformes con los resultados, pero aseguró que la mayoría de la población acepta el desenlace del proceso. Resaltó los riesgos de prolongar la discusión electoral, pues ello podría ahondar la incertidumbre política y “afectar la estabilidad institucional”.

Sobre la búsqueda de salidas a los conflictos políticos, Lenihan manifestó su expectativa de que los principales partidos, incluidos Libre, Nacional y Liberal, logren sentarse a dialogar y avanzar hacia puntos en común. En sus palabras, “la solución se encuentra en el diálogo, escucharse y decidir qué es lo mejor para el país, algo sincero que permita llegar a consensos y llevarlos adelante”.

La promoción de la paz
La promoción de la paz social y el respeto a la institucionalidad son ejes prioritarios en los llamados de líderes religiosos hondureños al nuevo gobierno.

Tanto líderes católicos como evangélicos han puesto énfasis en la necesidad de mantener la lucha contra la corrupción como una prioridad ineludible. Sus mensajes insisten en que las nuevas autoridades deben asumir compromisos claros para erradicar prácticas corruptas y fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones públicas, en respuesta a una de las principales demandas sociales de los últimos años.

El contexto de estos llamados incluye la disposición de las iglesias a colaborar con la promoción de la paz social, el entendimiento entre los diferentes sectores y la exigencia de una conducta ética por parte de quienes ejerzan el poder. Las voces religiosas coinciden al ubicar el diálogo, la responsabilidad y el respeto a la institucionalidad como elementos fundamentales para la convivencia democrática.