
Jesse Harding Pomeroy fue un asesino serial adolescente de Boston cuya figura pasó a ocupar un lugar singular en la historia criminal de Estados Unidos durante la década de 1870. Nacido el 29 de noviembre de 1859 en Charlestown, Massachusetts, creció en una familia trabajadora y se hizo conocido en una ciudad que atravesaba una rápida expansión urbana e industrial.
Pomeroy vivió primero en su ciudad natal y más tarde se trasladó con su familia al sur de Boston. Su padre trabajaba en un matadero y su madre sostenía una pequeña tienda, donde Jesse colaboraba cuando aún era menor de edad. También había pasado por el reformatorio estatal de Westborough antes de convertirse en una figura de alcance nacional.
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Su apariencia física llamaba la atención: tenía una lesión ocular congénita que dejaba su ojo derecho cubierto por una película blanca. Esa característica, sumada a las versiones sobre su carácter reservado y su afición por las novelas populares de aventuras y violencia, alimentó el interés público alrededor de su caso. Con el tiempo, la prensa lo bautizó como el “Niño Demonio de Boston”, un apodo que consolidó su notoriedad en Estados Unidos.
El detrás de los crímenes del Niño Demonio de Boston
Antes de los homicidios que lo hicieron conocido en todo Estados Unidos, Jesse Pomeroy ya había sido señalado por ataques contra niños en distintos barrios de Boston. Según la investigación de Dawn Keetley, profesora de la Universidad de Lehigh y autora de Making a Monster, los primeros episodios ocurrieron entre 1871 y 1872, cuando Pomeroy tenía 12 años. Las víctimas tenían entre tres y nueve años y los ataques se registraron en Chelsea, East Boston, Dorchester y Jamaica Plain.
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El patrón era similar, se acercaba a niños menores que él, entablaba una conversación y les prometía golosinas o dinero para llevarlos a lugares alejados. Allí los golpeaba, los ataba a cercos, postes telegráficos o construcciones abandonadas y les provocaba heridas con objetos cortantes y alfileres. Algunas víctimas también denunciaron agresiones sexuales. La prensa de la época lo apodó “el Torturador de Niños” y “el Diablo Rojo”.
Los relatos de las víctimas coincidían en un rasgo físico que luego resultó decisivo para identificarlo: una opacidad blanca en su ojo derecho, producto de una afección congénita. De acuerdo con CBS News, uno de los niños describió ese ojo como una “canica” blanca. Pomeroy tenía entonces 13 años y sus ataques ya habían generado temor entre las familias de la zona.
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Tras un período fuera de Boston, los hechos escalaron. El 18 de marzo de 1874 desapareció Katie Curran, una niña de 10 años que había salido de su casa para comprar útiles escolares. La última vez que fue vista con vida había estado en la tienda de la familia Pomeroy, en South Boston, donde Jesse colaboraba con su madre.
Un mes después, el 23 de abril de 1874, apareció el cuerpo de Horace Millen, de cuatro años, en una zona pantanosa cercana a Dorchester Bay. El niño presentaba heridas provocadas con un arma blanca y signos de extrema violencia. Según el relato publicado por CBS News, dos hombres que se encontraban cerca del lugar vieron a un joven alejarse de la zona; ese dato reforzó la hipótesis de que el agresor podía ser menor de edad.
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El caso de Pomeroy desconcertó a la sociedad estadounidense porque sus víctimas eran niños y porque él también lo era. Tenía 14 años cuando ocurrieron los dos homicidios atribuidos a su nombre. Para Keetley, su caso anticipó la figura moderna del asesino serial: alguien que elegía víctimas desconocidas y repetía un patrón de violencia. La autora sostuvo que Pomeroy “fue la primera persona que asesinó compulsivamente a completos desconocidos sin motivo alguno”.
Las explicaciones sobre sus actos variaron desde el comienzo. Algunos contemporáneos hablaron de una “locura moral” o de un “impulso irresistible”; otros apuntaron a la violencia que leía en las novelas baratas del Oeste. Pomeroy, por su parte, alternó negaciones con frases que sugerían una compulsión. Según A&E Crime and Investigation, repetía: “No pude evitarlo” y “algo me obligó a hacerlo”.
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Cómo cayó preso Jesse Pomeroy
La investigación por el asesinato de Horace Millen condujo hasta Jesse Pomeroy pocos días después de que el cuerpo del niño de cuatro años apareciera. Según reconstruyó CBS News, las huellas halladas cerca del lugar coincidían con las botas del adolescente; además, la policía encontró sangre en su ropa y rasguños en su cuerpo. Fue detenido el 24 de abril de 1874, cuando tenía 14 años.

La pesquisa también reabrió la desaparición de Katie Curran, de 10 años, a quien habían visto por última vez en la tienda de la madre de Pomeroy. Luego de que Ruth Pomeroy vendiera el local, los nuevos ocupantes hallaron el cadáver de la niña en el sótano. El joven quedó vinculado a ambos homicidios.
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El juicio por el asesinato de Millen comenzó en diciembre de 1874. La defensa planteó que padecía una forma de trastorno mental que entonces se definía como “locura moral” y que actuaba bajo un “impulso irresistible”. El jurado rechazó ese argumento y lo declaró culpable. El juez dictó una condena a muerte, aunque la sentencia no llegó a cumplirse debido a la edad del acusado.
Tras dos años de discusiones y decisiones administrativas, la pena fue conmutada por prisión perpetua en aislamiento. Pomeroy ingresó el 7 de septiembre de 1876 en la prisión estatal de Massachusetts. Según The New York Times, pasó cerca de 40 años en aislamiento y 22 gobernadores rechazaron sus pedidos de indulto. En 1917 dejó ese régimen y, en 1929, fue trasladado a la granja penitenciaria estatal de Bridgewater. Pomeroy murió allí por causas naturales el 30 de septiembre de 1932, a los 72 años. Había permanecido bajo custodia estatal durante más de medio siglo.
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