Las escuelas que navegan hasta sus alumnos y recibieron un premio de la UNESCO por enseñar durante las inundaciones

En Bangladés, embarcaciones con paneles solares trasladan aulas, bibliotecas y servicios comunitarios a localidades donde el agua interrumpe los caminos. La iniciativa fue distinguida internacionalmente

Las escuelas flotantes de Bangladés permiten que los niños continúen sus estudios durante las inundaciones, gracias a embarcaciones que los recogen cerca de sus hogares y funcionan como aulas (Crédito: Abir Abdullah)
Las escuelas flotantes de Bangladés permiten que los niños continúen sus estudios durante las inundaciones, gracias a embarcaciones que los recogen cerca de sus hogares y funcionan como aulas (Crédito: Abir Abdullah)
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Cuando las lluvias convierten los caminos en canales, miles de chicos pueden quedar lejos de las aulas. Pero en una región de Bangladés, una iniciativa decidió invertir la lógica del traslado: en lugar de exigir que los estudiantes lleguen a la escuela, la escuela navega hasta ellos.

La propuesta nació para enfrentar las dificultades que provocan las inundaciones y la interrupción de las clases. Opera en Chalan Beel, un extenso sistema de humedales donde las crecidas estacionales pueden aislar comunidades y volver poco seguros o directamente imposibles los recorridos terrestres.

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El proyecto de Shidhulai Swanirvar Sangstha recibió formalmente el Premio UNESCO-Confucio de Alfabetización 2025 durante una ceremonia realizada el 10 de junio de 2026. El reconocimiento destacó sus embarcaciones educativas alimentadas con energía solar y su respuesta a las barreras geográficas.

Del embarcadero al aula sin salir del agua

Las escuelas funcionan en barcos diseñados para transportar estudiantes y ofrecerles un espacio de enseñanza. Según la organización, la embarcación recoge a los niños en paradas cercanas a sus viviendas y después permanece amarrada mientras se desarrollan las clases. Así, el viaje y el edificio escolar quedan reunidos en una misma estructura.

El modelo busca responder a una dificultad concreta: durante el monzón, los ríos y canales desbordan y numerosos establecimientos convencionales quedan inaccesibles. Para las familias, trasladarse puede implicar largas distancias, riesgos y gastos que complican la continuidad educativa.

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El proyecto educativo de Bangladés, distinguido con el Premio UNESCO-Confucio de Alfabetización 2025, cuenta con una flota de 56 embarcaciones destinadas a la enseñanza y otros servicios comunitarios (Crédito: UNESCO)
El proyecto educativo de Bangladés, distinguido con el Premio UNESCO-Confucio de Alfabetización 2025, cuenta con una flota de 56 embarcaciones destinadas a la enseñanza y otros servicios comunitarios (Crédito: UNESCO)

Las embarcaciones utilizan materiales y técnicas locales de construcción naval. Sus techos impermeables protegen el interior de las lluvias y sostienen paneles solares que suministran electricidad para las actividades. Esta fuente de energía permite utilizar equipamiento sin depender exclusivamente de una conexión terrestre.

El proyecto no consiste únicamente en improvisar clases durante una emergencia. Forma parte de una red estable de servicios que adapta la infraestructura educativa a un entorno donde el agua tiene una presencia cotidiana.

Una idea surgida de una experiencia personal

El arquitecto Mohammed Rezwan, fundador de la iniciativa, creció en el noroeste de Bangladés y observó cómo las inundaciones impedían estudiar a personas de su entorno. Según el relato institucional, inicialmente pensó en construir escuelas y hospitales, pero comprendió que esos edificios también podían terminar anegados.

En 1998 creó la organización con ahorros propios y comenzó a buscar respaldo económico. Después de varios años de gestiones y recaudación, la primera escuela flotante empezó a funcionar en 2002. El diseño combinó conocimientos de los constructores de barcos de la zona con necesidades educativas específicas.

Además, la propuesta aprovecha habilidades de navegación y construcción desarrolladas en las aldeas. Esa participación facilita que las embarcaciones respondan a necesidades sin depender de soluciones importadas.

Representantes de Shidhulai Swanirvar Sangstha, la organización que impulsa las escuelas flotantes, durante un encuentro de la UNESCO (Crédito: UNESCO)
Representantes de Shidhulai Swanirvar Sangstha, la organización que impulsa las escuelas flotantes, durante un encuentro de la UNESCO (Crédito: UNESCO)

La expansión no se limitó a sumar lugares para dictar clases. También incorporó recursos de lectura, aprendizaje digital y formación para otras edades, además de servicios destinados a comunidades con dificultades de acceso.

Una flota de 56 barcos con distintas funciones

De acuerdo con los datos difundidos por la UNESCO en junio de 2026, Shidhulai operaba 56 embarcaciones. De ellas, 26 funcionaban como aulas, 10 como bibliotecas y laboratorios informáticos y ocho como centros de capacitación. Las restantes se utilizaban para atención sanitaria, espacios recreativos y transporte.

Esa distribución muestra que la iniciativa aborda la educación junto con otras necesidades comunitarias. En poblaciones aisladas por las crecidas, una biblioteca o un servicio sanitario móvil pueden acercar prestaciones que normalmente se concentran en ciudades o localidades mejor conectadas.

La UNESCO subrayó el valor de una respuesta diseñada con la participación de las propias comunidades. El reconocimiento corresponde a la edición de 2025, aunque la entrega oficial se realizó al año siguiente. No significa que el sistema comenzara a funcionar recientemente: acumula más de dos décadas de actividad.

La experiencia tampoco demuestra que un barco pueda reemplazar cualquier escuela convencional. Su aporte consiste en adaptar el acceso a la enseñanza a las condiciones del territorio. Allí donde el agua impide llegar al aula, convertir la embarcación en escuela permite que el aprendizaje continúe.

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