
¿Qué mejor que nuestra propia madre para cuidar a nuestros hijos pequeños? Es casi regla general que las mujeres, cuando tenemos la suerte de contar con una abuela bien predispuesta, confiamos en ella ciento por ciento para el cuidado de nuestros bebés. Más si es una persona activa, que ha dirigido escuelas llenas de niños, que ha sido docente respetada de primaria y una persona que participa en la comunidad y en la iglesia locales. Tracey Nix tenía todas esas credenciales en su currícula. Kaila no tuvo una sola duda en dejarle sus hijos a su madre, era de total confianza.
Lo que pasó después no habita en ningún imaginario popular. Porque una y otra vez las cosas salieron mal. Trágicamente mal.
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La directora de colegio
Tracey y su marido Nun Ney Nix vivían en Wauchula, Hardee, una ciudad pequeña de no más de cinco mil habitantes, en el centro del estado de Florida, Estados Unidos. Durante 39 años ella se desempeñó dentro del sistema educativo. Primero lo hizo como docente y fue ascendiendo hasta ocupar cargos directivos. Entre 2010 y 2017 fue directora de la primaria del North Wauchula Elementary School y, al momento de su retiro, trabajaba en otra pequeña escuela de la zona. Tracey era alguien destacado en la comunidad y participaba en todas las actividades con padres, hijos y vecinos. Formada, con una maestría en su área, era respetada, querida y admirada. En la iglesia cantaba en el coro y también enseñaba religión. Había criado dos hijas, Kaila y Rebekah.
Las chicas crecieron sin ningún inconveniente. Se graduaron, Kaila terminó el secundario en 2007, y siguieron sus vidas estudiando en otros estados.
Cinco años después fue que Kaila se reencontró con Drew Schock, un compañero del colegio. El amor surgió como algo natural. Se pusieron de novios y decidieron casarse y volver a Wauchula para formar una familia en su pueblo natal. Regresaron en 2018 y se instalaron a vivir. Por su parte, Rebekah se casó con Jonathan Tucker y también vivían en la misma ciudad.
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Drew enseguida se unió al negocio familiar: A-1 Safari Glass, una empresa de vidrios y cerramientos donde él y Kaila figuran hasta el día de hoy como directores. Ella tiene un rol más especializado en contratos generales, estimaciones de gastos y coordinación de proyectos. En la página de la compañía se aclara que Kaila está cursando una carrera nueva: administración de empresas.
Mientras Rebekah tuvo sus hijos, Kaila y Drew tendrían -en total- cuatro hasta hoy. El mayor de la pareja, Asher, llegó a sus vidas en el año 2019. El 13 de agosto de 2020, en plena pandemia, nació otro varón: Ezra.
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Desde el principio Tracey se mostró como una abuela colaborativa y muy presente.

Primera tragedia
Tracey se jubiló como directora cuando cumplió 39 años de docencia, pero continuó sumamente activa. Estaba vinculada con el arte y a la iglesia, tomaba clases de piano y tenía una banda de amigas. Y, por supuesto, siempre ofrecía ayuda para cuidar a todos sus nietos.
Fue tres días antes de la Navidad de 2021 que la tragedia se asomó a sus vidas.
El 22 de diciembre de 2021 Kaila (32) pasó por la casa de sus padres y le dejó a su hijo Ezra, de 16 meses. Con un embarazo de seis meses y medio y mucho trabajo en su empresa, para ella era clave que su madre pudiera ayudar. Tracey (64) y Nun (64) se quedaron con su nieto. Él, sentado en un sillón, tenía a Ezra dormido entre sus brazos. Tracey se encontraba descansando en otro sofá del living. En un momento determinado Nun dijo que tenía que hacer unos mandados, cargar nafta y pasar por el banco. Dejó al bebé en el sillón, al lado de Tracey. Ella quedó a cargo.
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Nun se subió a su auto y se fue.
En ese ambiente tranquilo la abuela también se durmió profundamente. Cuando un rato después abrió los ojos, notó que Ezra ya no estaba en el sillón y que la puerta que daba al garaje estaba abierta. ¿Cómo podía ser si había aprendido a caminar solo dos semanas antes? Sorprendida se levantó y comenzó a buscarlo. En la casa no estaba. Se subió al auto y condujo por el camino hasta la entrada de la propiedad para ver si lo veía. Mientras llamó a Nun para decirle que no encontraba a su nieto. Cuando volvía por el mismo camino de ingreso, llegando a la casa, vio algo en el estanque de patos. El espejo de agua estaba cercado, pero notó algo flotando. Se acercó corriendo y era su nieto. Ezra estaba boca abajo. Inmediatamente lo sacó del agua y comenzó con las maniobras de resucitación pulmonar. Un vecino la escuchó gritar y corrió para ayudar. Nun llegó minutos después y siguió intentando recuperar a Ezra que todavía parecía tener pulso.
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Nun llamó de inmediato a Drew y le dijo “algo le pasó a Ezra”. Drew fue quien avisó a Kaila. Fueron cada uno desde donde estaban. Kaila, embarazada, condujo a toda velocidad, a unos 140 km por hora y con los nervios desatados. Poco antes de llegar observó que estaba bajando un helicóptero en la zona, no pudo quitarle la vista y en una bocacalle chocó de frente con otro coche. Se inflaron los airbags. De alguna manera logró zafarse de esos globos. Ya estaba cerca de la propiedad de sus padres así que abandonó el vehículo y corrió descalza, sus zapatos quedaron en el auto, hasta la casa. Llegó agitada, sin aire.
La llamada a emergencias quedó registrada a las 12.52. Los paramédicos ante la gravedad del caso solicitaron un helicóptero para trasladar al menor hasta el Hospital General de Tampa donde, finalmente, murió al día siguiente.
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Ezra no solo había abierto la puerta del garaje, había pasado por debajo del cerco que rodeaba el estanque de los patos. Cayó y se ahogó. La investigación determinó que salió solo de la casa y que su caminata terminó en un accidente fatal.
Nun explicó que el tiempo estimado que había estado ausente de su casa podría ser entre una y dos horas. Primero había cargado nafta, luego había pasado por el banco y, acto seguido, había terminado comprando algunas cosas en Walmart.
Era una tragedia familiar espantosa. No había un hecho criminal para imputar. Kaila y Drew no presentaron cargos contra Tracey por la muerte de su hijo.
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Sobrevino un período de enorme dolor que incluyó distanciamiento familiar. Los padres de Ezra pusieron distancia con los abuelos. Y dejaron claro que no dejarían a Asher, el mayor de sus hijos, con Tracey.
El médico de Kaila le dijo claramente: debía cuidar el embarazo, sino sería otra pérdida para lamentar. Kaila dice que no tuvo tiempo para el duelo porque debía cuidarse: “Por mucho que amara a mi hijo, tenía otra vida por llegar. No podía manejar la muerte de Ezra porque también corría peligro la de mi hija”. Kaila y Drew eligieron, esos meses siguientes, no saber los detalles del caso de Ezra, no leyeron lo que escribieron los fiscales.
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El 5 de marzo de 2022 nació Uriel: “Es un nombre hebreo que significa Dios es mi luz, ella llegó y era tan pequeña, tan luminosa y radiante”, explicó.
Fue con Uriel que empezaron a perdonar. Un accidente le puede pasar a cualquiera. Podría haberles ocurrido a ellos mismos. Poco a poco, comenzaron a volver a confiar. Los encuentros de Uriel con su abuela materna empezaron siendo breves y supervisados. Tracey fue reconquistando la confianza de su hija y de su yerno.
“Yo creía en ese momento en las segundas oportunidades”, expresó Kaila.

Segundo episodio mortal
Trescientos catorce días después de que Ezra se ahogara, el martes 1 de noviembre de 2022, Kaila dejó a su hija de siete meses al cuidado de su madre. Tenía un turno en la peluquería para arreglarse el pelo y aunque generalmente la llevaba con ella, ese día su madre se ofreció a cuidarla y la pasó a buscar. Kaila sabía que su madre estaría con amigas en un almuerzo, Uriel no estaría sola con ella. Le pareció una buena manera de permitir el acercamiento entre abuela y nieta.
Tracey (65) esa mañana había participado en un coro de la iglesia y al mediodía tenía un almuerzo con tres de sus amigas al que asistiría con Uriel. La buscó y la colocó en el asiento trasero de su camioneta Lexus Suv y condujo hasta el restaurante Beef ‘O´Brady. Bajó con su nieta y todo transcurrió normalmente. La tuvo a upa y le dio la mamadera. Después del almuerzo, la sentó en la sillita y condujo hasta su casa durante diez minutos. Las cámaras de la zona del restaurante la ven ajustando la silla de Uriel a las 13.40. Por lo que a su casa debería haber llegado alrededor de las 13.50.
Tracey estacionó su auto en el jardín delantero, se bajó e ingresó a su casa. En el exterior hacían 32,2 grados de temperatura. En el coche, con las ventanillas cerradas el calor sería agobiante. Ahí, había quedado dormida Uriel.
Simplemente, Tracey se olvidó de ella. Y no fueron cinco minutos. Ni diez. Ni los 15 minutos máximos que tolera la ley del estado de Florida.
Tracey entró a su casa y jugó primero con su perro y luego se sentó al piano y se puso a practicar. Tenía su próxima clase el jueves. En un rato vendría su hija Rebekah con su hijo Ayden. Tracey le había prometido a su nieto mayor una cena especial. Pero Rebekah se atrasó una hora y Tracey se impacientó. Fue hasta su auto y sacó dos tazas de té que precisaba y condujo hasta el fondo de la propiedad donde estaba Nun. El terreno de los Nix era de unas tres hectáreas y la casa tenía unos 290 metros cuadrados cubiertos.
Eran las 16.30 cuando Tracey bajó de su coche y se puso a hablar con su marido durante unos diez minutos, hasta que vió que llegaba Rebekah en su auto con Ayden. Apenas vió a Ayden su mente se aceleró: ¡Uriel estaba todavía en el auto!
Eran entre las 16.40 y las 16.45 horas cuando Tracey abrió desesperada la puerta de atrás y sacó a la bebé que ya estaba inconsciente. Su marido Nun comenzó con el RCP. La beba estaba inconsciente. Rebekah acababa de llegar y fue ella quien llamó al 911. Minutos antes de las 17. En la llamada le explica a la operadora que la beba tiene los ojos abiertos, pero que no se mueve ni respira. Se escucha a la operadora preguntarle cuánto tiempo había estado en el auto la bebé. Rebekah le pregunta a su madre: “¡Mamá cuánto rato estuvo Uriel en el auto!” y se oye la voz de Tracey responder imprecisamente: “Un rato”.
Ese rato eran más de tres horas.
Kaila y Drew llegaron antes que emergencias. Cuando los paramédicos arribaron la situación era angustiante: encontraron a Uriel extremadamente caliente y en paro cardiorespiratorio. La declararon muerta a las 17.01.
La autopsia determinó que había muerto a causa de la hipertermia que le generó el calor dentro del vehículo. El certificado médico consignó su muerte como un homicidio: para los forenses esa muerte de la menor había sido causada por la acción o por la omisión de otra persona.
En la necrológica de Uriel figuraron los padres, hermanos, los abuelos paternos Greg y Joanne Schock y Nun Nix. Tracey no figuró.

Descuidos que son como homicidios
Cuando las autoridades se enteraron de que unos diez meses antes a Tracey se le había ahogado un nieto que tenía también bajo su cuidado, las cosas oscurecieron. Ya no era un accidente ocurrido bajo su supervisión, eran dos muertes de menores.
La fiscalía la acusó de homicidio culposo agravado de un menor. Sostuvo que su conducta había ido mucho más allá de un simple descuido, constituía negligencia criminal.
El 14 de noviembre de 2022 fue arrestada. Salió bajo fianza luego de pagar 100.000 dólares.
En abril de 2023 Nun pidió la internación de su esposa en un hospital psiquiátrico: estaba destrozada, tenía pensamientos suicidas y no podía hablar de lo ocurrido con él ni con sus abogados que estaban preparando su defensa. Requería tratamiento psiquiátrico urgente. Fue internada en The Blackberry Center, en St Cloud.
La internación duró 40 días.
En septiembre de 2024, Kaila y Drew tuvieron otra hija a la que llamaron Adriel. Los lazos con Tracey estaban rotos y con Nun, lo justo y necesario.
El lunes 13 de enero de 2025, comenzó el juicio contra Tracey con la selección del jurado. Las audiencias se llevaron a cabo los días 14 y 15.
El juez no permitió que la fiscalía utilizara la muerte del primer nieto Ezra como evidencia durante el proceso de este caso. El jurado debía decidir sobre este episodio trágico sin tener en cuenta el anterior.

¿Fallas de memoria? ¿Intención? ¿Olvidos irreparables?
Fue durante el juicio que Kaila y su marido Drew se enteraron de algo más: cuando había ocurrido lo de Ezra, los investigadores habían intentado promover cargos por negligencia contra su madre, pero la fiscalía no los había presentado.
Nun siempre defendió a su mujer: dijo que desde el asiento de adelante, la sillita con la menor no se veía en el espejo retrovisor de la camioneta. Eso podría haber contribuido al olvido. Pero el fiscal señaló que los vidrios del auto eran claros y que por allí sí que se podía ver el interior.
La dueña de un colegio pequeño, el último donde había trabajado Tracey antes de retirarse, mencionó algo para ser tenido en cuenta: la había despedido porque había notado en la acusada olvidos repetidos, falta de claridad mental y dificultades para seguir instrucciones y cumplir con sus tareas. No era un detalle menor, pero no fue tenido en cuenta durante el juicio. El psiquiatra geriátrico forense, Ryan Estevez, declaró que algunos de los medicamentos que la acusada tomaba habitualmente podían producir sedación y afectar su estado natural de alerta. El doctor David Diamond (profesor de psicología y neurociencia de la Universidad del Sur de Florida y que lleva estudiando el Síndrome del bebé olvidado en los autos), la evaluó a pedido de la defensa. Sostuvo que los medicamentos que tomaba Tracey (dosis altas de Ambien, un somnífero, además de benzodiazepina para la ansiedad) podrían haber influido en su memoria, pero el juez no admitió su testimonio. No creyó que hubiera una capacidad disminuida de la acusada y apuntó que no veía en ella arrepentimiento.
Declararon también los médicos y el forense del caso. Este último explicó que la muerte de Uriel había sido una agonía que se había prolongado bastante en el tiempo. Otros familiares y amigas de Tracey, la describieron como una abuela cariñosa y preocupada. La defensa insistió en diferenciar el error trágico involuntario del delito, pero la fiscalía no pensó igual.
Kaila habló sobre la tremenda tragedia de haber perdido dos hijos bajo el cuidado de su propia madre. No la atacó directamente, pero dejó en claro que tuvo que elegir hacer justicia por sus hijos. Habló llorando y mirando a su madre: “Todavía te amo. Odio esto. Odio tener que elegir, pero sabés que tengo que hacerlo. Pero eso no cambia mi corazón”.
Drew fue más duro para encarar a su suegra. Contó que él y Kaila habían tenido que tomar medidas para proteger a Uriel luego de la muerte de Ezra, pero que no alcanzó: “Ella hizo esto dos veces, y que estemos discutiendo si merece ir a prisión me resulta simplemente una locura”. Remarcó que son ellos los que deben vivir el resto de su vida con las consecuencias: “Nuestro hijo mayor va a crecer sin sus hermanos”. Además, consideró que no se podía tratar lo de Uriel como un hecho aislado, porque era el segundo hijo que perdían en manos de Tracey: “Ella tomó dos vidas. Para mí las cosas son blanco o negro (…) No puedo perdonarlo. Absolutamente no. Como padre no puedo. Ni siquiera puedo hacerlo como cristiano (...) Sentimos culpa porque, como padres, debíamos protegerlos. Y fallamos”.
Rebekah, la otra hija de Tracey, sostuvo que ella siempre había confiado en su madre para que cuidara de su hijo y, al recordar la escena que encontró esa tarde, se largó a llorar en el estrado.
El 15 de enero, después de dos horas de deliberación, el jurado dio su veredicto y declaró a Tracey: no culpable de homicidio agravado, pero culpable por haber dejado un menor dentro del auto más allá de 15 minutos.
Tracey, que no había querido testificar en su juicio, sí habló el día de la sentencia, el 3 de abril de 2025, y antes de saber cuál sería la pena.
Dijo estar totalmente destrozada por lo ocurrido, que no podía imaginar qué hubiera sentido ella si le hubieran quitado a una hija y, especialmente, le habló a su yerno Drew para decirle que estaba “desesperadamente arrepentida” por el dolor al que los había sometido. De Ezra sostuvo que jamás imaginó que él pudiera salir de la casa por sus propios medios porque recién empezaba a caminar. De Uriel admitió que, sencillamente, olvidó que estaba en su auto. Jamás, apuntó, habría lastimado deliberadamente a los chicos. Le dijo al juez que cualquiera fuera la condena, daba igual, porque ya estaba “en prisión” por lo que había sucedido.
Recibió una pena de cinco años de cárcel. Sus abogados apelaron y solicitaron libertad bajo fianza. El juez Rafool se la denegó porque consideró que la convicta era un peligro para la comunidad y porque existía el riesgo de fuga debido a su capacidad económica.
Ese día Kaila se acercó, por primera vez desde la muerte de Uriel, a su madre y la abrazó. Luego, abrazó a su padre. Lo justificó diciendo: “Elegí abrazarla para decirle adiós (...) No sé si algún día la volveré a ver o tocar. La traté como había hecho con mi hijo Ezra para despedirme, cuando le sacaron el soporte vital. Sabía que era una despedida”. Para Kaila es especialmente duro pensar que “fue mi madre, mi propia madre, la que le rompió a Drew el corazón”.
Computando el tiempo que lleva encarcelada Tracey Nix podría salir de prisión el 2 de enero de 2030, pero por la ley del estado podría pedir la libertad anticipada en abril de 2029.
La muerte golpeó la puerta de esta familia dos veces y con la misma mano: la de la abuela. El perdón, en cambio, no se repitió. Dos hijos es demasiado.
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