
La película que aún hoy se considera la favorita del público estadounidense no generó ganancias en su estreno. El mago de Oz sumó seis nominaciones al Oscar y elogios de la crítica, pero la Metro-Goldwyn-Mayer recién empezó a recuperar lo invertido con las reediciones de 1949 y 1955.
El estudio la había lanzado el 25 de agosto de 1939, apenas una semana antes de que Alemania invadiera Polonia y diera inicio a la Segunda Guerra Mundial.
PUBLICIDAD
El 3 de noviembre de 1956, CBS emitió por primera vez El mago de Oz en televisión. La transmisión reunió a treinta y cinco millones de espectadores. Obviamente esa cantidad descomunal de público superaba lo que se podía llegar a alcanzar con la exhibición de una película durante varias semanas. Fue aquella emisión, de la que se cumplen 70 años, la que convirtió a la película de 1939 en un fenómeno masivo.
Para 1956 ya habían pasado 17 años desde que una Judy Garland adolescente cantara “Over the Rainbow” en la piel de Dorothy, la niña protagonista del filme.

Aquella transmisión fue calificada por la revista Time como “la propiedad fílmica individual más popular en la historia de la televisión de Estados Unidos”, en un informe de 1967. Durante su primera década en el aire, la película había captado en promedio el 53% de los televisores encendidos cada vez que se emitía, cuando un 30% ya se consideraba una cifra alta.
PUBLICIDAD
“Cambió toda la naturaleza de esa película”, dijo el historiador de Hollywood Scott Essman a Los Angeles Times. “Se convirtió en un evento verla”, amplió Essman ante el diario, algo que ningún otro filme lograba por entonces.
La cadena CBS no volvió a emitirla hasta diciembre de 1959. Recién ahí verla se transformó en una tradición anual, sostenida porque apenas existían tres canales y ,como sucedía hasta bien entrado el siglo pasado, no había manera de grabar o volver a ver una película cuando uno quisiera.
El historiador John Fricke, especialista en la película y en Garland, contó que esa espera de tres años fue la que convirtió la emisión en “este evento anual que creció y creció”, porque bastaba con haberla visto una vez para querer repetirla. Fricke agregó que, hacia 1965 o 1966,una revista de alcance nacional le dedicó media página bajo el título “OZ-Bowl Game”, en comparación con lo que el Super Bowl (el espectáculo deportivo mas visto en Estados Unidos) representaba para los padres de los chicos que miraban la película. La tradición duró cuatro décadas.
PUBLICIDAD

La película pasó de la televisión abierta al cable en 1999, mientras que Fricke ubicó ese cambio en 1937: según contó, Turner Network compró los derechos de todo el catálogo de la MGM en 1998 y desde entonces solo la emitió por sus propios canales de cable. Lo del mago de Oz fue singular. Por ejemplo la exitosa película Lo que el viento se llevó, otro clásico de 1939 y ganador del Oscar a mejor película ese mismo año, no llegó a la televisión hasta 1976, veinte años después que El mago de Oz.
La producción tuvo cuatro directores distintos. Victor Fleming llevó el peso principal, pero King Vidor, Mervyn LeRoy y Richard Thorpe también se hicieron cargo del rodaje en distintos tramos. Dieciséis guionistas pasaron por el proyecto antes de que la historia quedara cerrada.
PUBLICIDAD
La Metro-Goldwyn-Mayer buscaba hacerle frente a Blancanieves, el filme animado que Disney había estrenado en 1937. El actor Ray Bolger iba a interpretar al Hombre de Hojalata, pero pidió el cambio y terminó siendo el Espantapájaros.
Buddy Ebsen, el actor elegido en primer lugar para el Hombre de Hojalata, por poco pierde la vida durante la filmación de la película. El historiador relató que el maquillaje combinaba una base blanca de payaso con partículas de aluminio molido, que debían renovarle varias veces por día.

Después de ocho a diez días de exposición, Ebsen descubrió que era alérgico al aluminio. “Había estado inhalando esas partículas. Sus pulmones quedaron como cubiertos de pegamento”, describió Fricke. El actor no podía abrir los puños ni mover las piernas y debieron internarlo; lo reemplazaron de un día para el otro por Jack Haley.
PUBLICIDAD
Durante décadas circuló la versión de que la nieve del campo de amapolas, la que salva a Dorothy y al León Cobarde, estaba hecha de asbesto. Fricke explicó que también existe la hipótesis de que era yeso, y que en 1938 y 1939 nadie conocía los riesgos de ese material, usado en el cine hasta los años 60.
La historia más oscura sobre la película habla de un supuesto suicidio filmado de fondo en la escena del rescate del Hombre de Hojalata. Según el historiador, la versión fue mutando: primero se habló de un tramoyista (una persona que trabaja en la puesta escena), después de una actriz que no consiguió el papel de Dorothy, luego de un ejecutivo de la productora y finalmente de un Munchkin (los enanos de la película).
PUBLICIDAD
La restauración del filme permitió aclarar el misterio sobre el supuesto suicida: se trataba de una grulla sarus, un ave de casi metro y medio alquilada al zoológico de Los Ángeles para dar ambiente a escenas filmadas en los estudios de Culver City, donde se rodó toda la película.

El mago de Oz se basó en El maravilloso mago de Oz, el libro que L. Frank Baum publicó en 1900. La trama sigue a Dorothy, una joven de Kansas, y a su perro Toto, arrastrados por un tornado hasta el mundo fantástico de Oz.
Para volver a su casa, Dorothy se cruza con un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón y un león sin coraje, y los tres la acompañan por el camino de baldosas amarillas hasta la Ciudad Esmeralda. Allí deben enfrentar a la Bruja Mala del Oeste antes de encontrar al propio Mago.
PUBLICIDAD
El libro de Baum planteaba una lucha entre brujas buenas y malas: las del Norte y el Sur ayudan a Dorothy, mientras que las del Este y el Oeste son hostiles. En la película, el Mago le advierte a Dorothy: “Recuerda que la Bruja es malvada, tremendamente malvada, y debe ser eliminada”.
El Museo Nacional de Historia Estadounidense, dependiente de la Smithsonian Institution, destacó que los efectos especiales, el vestuario y los decorados en Technicolor convirtieron a la película en “uno de los grandes logros de la magia del cine”, en épocas donde no había computadoras y mucho menos IA que permite “filmar” a cualquiera que se lo proponga. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por su parte, la definió como “un caso excepcional en el que un gran libro se convirtió en una gran película”.
PUBLICIDAD

La bruja nunca tiene nombre propio en la obra original. Sí lo tiene en Wicked, la película basada en la novela de Gregory Maguire y en el musical de Winnie Holzman y Stephen Schwartz, donde se llama Elphaba, en homenaje a las iniciales de Lyman Frank Baum, el nombre de pila que el autor casi nunca usaba.
Smithsonian Magazine reconstruyó el origen real de esas brujas a partir de la figura de Matilda Joslyn Gage, suegra de Baum. Fue ella quien lo impulsó a enviar sus relatos a revistas y quien le sugirió incluir un ciclón en una historia infantil.
Gage integraba, junto con Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton, el trío que lideraba el movimiento por los derechos de la mujer en Estados Unidos. En 1886, durante la inauguración de la Estatua de la Libertad, subió a una barcaza con un megáfono para gritar que representar la libertad como una mujer era “una mentira gigantesca, una farsa y una burla”, mientras las mujeres reales tenían tan pocos derechos.
Sus críticos la acusaron de satánica y hereje. Gage respondió con un estudio sobre la caza de brujas: su manifiesto de 1893 documentó cinco siglos, entre 1300 y 1800, en los que decenas de miles de personas, en su mayoría mujeres, fueron acusadas de brujería y ejecutadas por fuego, horca, tortura, ahogamiento o lapidación.

En una de sus escenas más crudas, describió a 400 mujeres quemadas juntas en una plaza pública francesa “por un crimen que nunca existió, salvo en la imaginación de quienes las perseguían”.
La comunidad LGBTIQ+ adoptó El mago de Oz como propia desde los años 60. El escritor Alejandro Melero, autor de El Mago de Oz: el libro del 80 aniversario, sostiene que el León Cobarde refleja el temor de muchos hombres homosexuales a ser descubiertos, y que la Ciudad Esmeralda funciona como un refugio.
“Dorothy es una chica de pueblo que no encaja en su mundo. Su familia la quiere, pero ella sabe que es la rarita, la que siempre está de más”, escribió Melero en su libro. Para el autor, esa idea resultó clave para generaciones de homosexuales que pelearon por su libertad.
“Over the Rainbow”, la canción que le valió un Oscar a la película, fue nombrada la mejor composición del siglo XX por la National Endowment for the Arts y la Asociación de la Industria Discográfica. Esa misma canción se convirtió en el himno de la comunidad LGBTIQ+.

Cuando Judy Garland murió en 1969, a los 47 años, un grupo de admiradores, en su mayoría homosexuales, cantó ese tema al paso del cortejo fúnebre en Nueva York. La policía los desalojó, y ese episodio derivó en los disturbios de Stonewall. Cinco décadas más tarde, esa misma canción inspiró la bandera del arcoíris como símbolo del colectivo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Un cautiverio de 26 horas de terror y la valentía de una joven que permitió atrapar a un asesino serial de mujeres
Lisa McVey tenía 17 años cuando Bobby Joe Long la secuestró mientras regresaba en bicicleta de su trabajo, en Tampa. La violó y la mantuvo encerrada durante más de un día. La joven logró sobrevivir y contó detalles que permitieron identificar a su atacante

Una abuela que fue directora de colegio, dos descuidos y dos nietos muertos: el caso de la hija que llevó a su madre a la cárcel
Tracey Nix era una educadora respetada en su comunidad y la persona en quien su hija confiaba ciegamente. En once meses, entre diciembre de 2021 y noviembre de 2022, dos tragedias dividieron a la familia y a la sociedad. La trama de una condenada a la que no le importó la decisión del juez de enviarla a la cárcel: ella igual se siente prisionera de su propia historia

Era agente de la DEA, investigaba el mayor mercado de drogas de internet y descubrió que su abuela era parte de la red
Lili Infante perseguía transacciones en criptomonedas y seudónimos dentro de Hydra, una plataforma rusa con millones de usuarios, cuando una revelación cambió el sentido de toda la investigación


