A 44 años de la guerra de 1982, un veterano argentino regresó a las Islas Malvinas para homenajear a los compañeros caídos y retratar los escenarios del conflicto con sus pinturas. Junto a familiares y amigos recorrió Darwin, Zapper Hill, Monte Longdon y Monte Harriet, donde sintetizó el impacto de la visita: “Cada cosa que pisás acá está cargada de una emoción tremenda”.
El pintor y artista plástico desde Islas Malvinas Ricardo Nicolás Mitolo viajó acompañado por familiares y amigos, en una travesía que había comenzado a planear antes de la pandemia. El propósito, explicó, estaba puesto en recordar a quienes murieron durante la guerra. “Era un viaje que estaba planeado antes de la pandemia”, explicó en Infobae Al Amanecer.
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Con una caja de pinturas entre el equipaje, Mitolo buscó dejar registro de los paisajes y, al mismo tiempo, rendir tributo a los compañeros que no volvieron. “Venir a rendir un homenaje a los compañeros que quedaron acá”, dijo sobre el sentido central de la visita.

La trinchera de Zapper Hill concentró el recuerdo de los caídos
El homenaje abarcó a los argentinos muertos en los distintos frentes de la guerra, tanto en tierra como en el mar y el aire. Mitolo lo expresó al referirse a quienes quedaron en el archipiélago: “O bajo el agua o en el aire”.
Aunque no combatió en tierra en las Islas Malvinas, Mitolo integró la Marina durante el conflicto y durante años conoció esos escenarios a través de los relatos de otros veteranos. “Yo no estuve en las islas, estuve en Marina”, aclaró.
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Varios de sus compañeros sí habían pasado por los montes donde se libraron combates, y aquellas historias acompañaron su llegada a esos lugares. “Tenía muchos compañeros que sí habían estado en los montes”, contó el artista.
Una de las paradas fue una trinchera en Zapper Hill, a la que llegó junto a la madre de su hijo Bruno. En ese punto del recorrido apareció una huella concreta de la guerra. “Encontramos esa trinchera”, relató.
Mientras sus acompañantes siguieron camino hacia el cerro, Mitolo eligió quedarse en el reparo de la posición y sacó sus materiales para dibujar. “Me quedé ahí porque había un poco de reparo”, explicó.
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La escena se extendió entre pinceles, conversación y el recuerdo de quienes murieron. Desde un teléfono celular sonaba música a bajo volumen, mientras él y su acompañante hablaban de los compañeros caídos. “Uno como que sentía la presencia de los chicos”.
Para el veterano, ese sonido terminó de darle otra dimensión a lo que ocurría dentro de la trinchera. “Eso creo que potenció la emoción”, afirmó al volver sobre aquel momento en Zapper Hill.
El recorrido continuó en el cementerio de Darwin, donde están enterrados soldados argentinos muertos durante la guerra. Allí, la reacción no admitió mayores precisiones. “Fuimos a Darwin y fue una cosa indescriptible”, dijo Mitolo.
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La visita, sostuvo, no permite prever de antemano qué puede despertar cada lugar ni cómo se atravesará el homenaje. “Uno creo que va a ir a rendir un homenaje, pero no sabés cómo”.
Darwin llevó a Mitolo de regreso a los días de 1982
El paso por el archipiélago devolvió a Mitolo a recuerdos de la guerra, entre ellos las chapas de identificación y los rosarios que recibieron durante aquellos meses. “Uno automáticamente vuelve a todos esos días”, señaló.
Esos objetos, recordó, les fueron entregados el 2 de mayo, una fecha que quedó fijada en su memoria personal del conflicto. “Eso nos lo habían entregado el 2 de mayo”.
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Las consecuencias de la guerra, planteó, persisten en la vida cotidiana de quienes la atravesaron y algunas fechas vuelven ese vínculo más intenso. “Nosotros convivimos con eso eternamente”, expresó.
El viaje incluyó además una despedida particular para Marcelo Faro. Daniela, integrante del grupo, contó que la familia le pidió llevar sus cenizas a Monte Harriet y a Darwin. “La familia me pidió que deje sus cenizas en Harriet y en Darwin”.
Parte de esas cenizas ya había quedado en Darwin, según informó Daniela, y el grupo se preparaba para completar la ceremonia en otra escala del trayecto. “Vamos a ir a hacerle honras”.
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El vuelo demoró la llegada, pero el grupo pudo recorrer las islas
Antes de arribar, el grupo atravesó una demora provocada por el viento: el avión tuvo que regresar al continente y el viaje se retomó al día siguiente. “Tuvimos un temita con el vuelo que se demoró”, relató Mitolo.
El segundo intento permitió finalmente llegar a las islas sin nuevos contratiempos. Sobre los controles de ingreso, el artista fue escueto. “No hubo problema”.
Según Mitolo, entre el personal que los recibió había ingleses, chilenos y filipinos, y durante el ingreso no percibió maltrato ni hostigamiento. “Te reciben bien”, afirmó.
El trato, describió, fue correcto aunque distante, y el grupo pudo moverse por el territorio durante la estadía. “Una cierta indiferencia, pero no te tratan mal”.
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El veterano sostuvo que quienes visitan el archipiélago deben evitar actos que generen reacciones y respetar el marco de convivencia existente. “Son las reglas que hay”.
Al referirse al reclamo argentino de soberanía, recordó la bandera exhibida durante el Mundial y consideró que aquel gesto proyectó el tema fuera del país. “Fue abrir una ventana al mundo”.
Para Mitolo, la persistencia de ese reclamo debe sostenerse por canales diplomáticos. “Hay que intentar seguir intentando por la diplomacia”.

Los paisajes de Monte Longdon también quedaron en los cuadros
La pintura acompañó el viaje desde el comienzo. Mitolo llevó una caja para hacer estudios breves de los paisajes y trasladar al papel los colores y las formas que encontraba a su paso. “La idea era retratar un poco”.
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Desde las islas observó Mount Tumbledown y Monte Longdon, a la espera de una mejora en las condiciones del tiempo que le permitiera trabajar al aire libre. “Se está disipando una niebla”, comentó en uno de esos momentos.
Cuando el cielo se abrió por un lapso breve durante la tarde, el pintor aprovechó para avanzar en una obra pequeña sobre los montes. “En quince o veinte minutos hice una pequeña mancha”, contó.
Mitolo se reconoce como paisajista y vincula esa elección con una enseñanza familiar recibida de su padre. “Mi tradición pictórica viene a través de mi papá”, explicó.
Nacido en La Boca, cerró el recorrido al recordar la impronta artística de ese barrio porteño y el modo en que esa pertenencia atraviesa su obra.
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