Este reportaje audiovisual presenta imágenes de Lady Diana dentro de un automóvil, un vehículo Mercedes negro rodeado de paparazzi en una calle nocturna y una escena de accidente en un túnel con vehículos de emergencia y personal. Manos humanas examinan fotografías y recortes de prensa sobre el suceso. Otra mano deposita una fotografía de Diana entre ofrendas florales en un tributo público. El contenido detalla los eventos que culminaron en la muerte de la princesa.
En la tarde del 30 de agosto de 1997, tres elementos que no debían coincidir se encontraron en París: una mujer que el mundo entero reconocía y que no podía caminar por ninguna calle sin ser seguida, un hombre que la quería proteger y que tomó la decisión equivocada en el último momento, y un conductor que había bebido y que esa noche no debería haber estado al volante. Los tres se subieron juntos a un Mercedes negro. Ninguno llegó a donde iba.
Este lunes 31 de agosto se cumplen 29 años de la muerte de Diana, quien recibió el nombre de la Princesa de Gales, fallecida a las 04:00 en el túnel del Pont de l’Alma, en París, tras un accidente que causó además las muertes de Dodi Al-Fayed y el conductor Henri Paul.
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Cronología de una noche que cambió al mundo
El 30 de agosto de 1997, Diana Frances Spencer y su compañero Dodi Al-Fayed aterrizaron en el aeropuerto de Le Bourget, en las afueras de París, alrededor de las 15:30, de regreso de nueve días a bordo del yate Jonikal, propiedad de Mohamed Al-Fayed, padre de Dodi. Los fotógrafos ya esperaban en la pista. No habían llegado todavía a la ciudad y la jornada ya era una persecución.
La tarde fue una sucesión de planes que se deshacían. La pareja visitó la Villa Windsor, en el Distrito 16 de París, antes de intentar cenar en el restaurante Chez Benoît, un bistró discreto donde esperaban pasar desapercibidos.
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No funcionó: los fotógrafos retomaron su rastro y la cena nunca ocurrió. Terminaron en el Ritz, donde la seguridad era mayor y el edificio, propiedad del padre de Dodi, los protegía al menos de las cámaras.
De acuerdo con la reconstrucción de la Associated Press (AP), cenaron en la Suite Imperial con platos enviados desde L’Espadon, el restaurante de dos estrellas del hotel. Diana eligió salmón de Dover, tempura de vegetales y una tortilla de hongos y espárragos. Afuera, sobre la Place Vendôme, los fotógrafos no se movían.
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La decisión de irse llegó pasada la medianoche. A las 00:07 del 31 de agosto, según reconstruyó AP, Diana y Dodi salieron de la Suite Imperial y se detuvieron en el pasillo. Allí, Diana le dijo a su guardaespaldas Trevor Rees-Jones que le preocupaba la forma en que los fotógrafos manejaban sus motocicletas, no por ella, sino por ellos mismos.
Era la última conversación que quedó registrada. A las 00:19, una cámara de seguridad del hotel captó a Dodi pasando su brazo alrededor de la cintura de Diana junto a la salida trasera sobre la Rue Cambon.
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Un minuto después subieron al automóvil. El hombre que los esperaba al volante, Henri Paul, había sido convocado esa noche de improviso, después de tres horas fuera de servicio. Nadie en el vehículo llevaba el cinturón puesto.
Tres minutos en el túnel
El trayecto desde el Ritz hasta el apartamento de Dodi en la Rue Arsène Houssaye, a pocos metros del Arco de Triunfo, era de unos cuatro minutos. Paul tomó una ruta alternativa a través de la ribera del Sena para intentar despistar a los fotógrafos que ya los seguían en motocicleta. El plan no funcionó.
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A las 00:23, el Mercedes entró al túnel del Pont de l’Alma a una velocidad estimada de entre 105 y 155 km/h (65 a 96 mph), más del doble del límite permitido de 50 km/h (31 mph). Según la investigación francesa concluida en 1999, el vehículo rozó primero a un Fiat Uno blanco que circulaba por el carril derecho, lo que desestabilizó su trayectoria.
El Mercedes viró hacia la izquierda, luego hacia la derecha y, finalmente, impactó de frente contra el decimotercer pilar de soporte del techo del túnel, el único tramo sin baranda de contención. El coche giró sobre sí mismo y chocó de espaldas contra la pared lateral de piedra antes de detenerse.
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Dodi Al-Fayed y Henri Paul murieron en el acto. Rees-Jones quedó consciente, con fracturas múltiples en el rostro. Diana fue hallada con vida entre los asientos, con heridas en la cabeza, el pecho, el brazo derecho y la cadera.
Un médico que pasaba por el lugar, Frédéric Mailliez, fue uno de los primeros en llegar y la describió inconsciente pero con respiración. Los servicios de emergencia tardaron seis minutos en arribar. La extracción de Diana del vehículo llevó casi una hora, porque su pie derecho quedó atrapado bajo uno de los asientos.
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La ambulancia partió hacia el hospital Pitié-Salpêtrière a paso lento por la naturaleza de las lesiones. A las 02:10, Diana sufrió un paro cardíaco. Los médicos detectaron una hemorragia interna provocada por una laceración profunda en la vena pulmonar izquierda, que había desplazado su corazón hacia el lado derecho del tórax. Durante dos horas realizaron masaje cardíaco externo e interno. A las 04:00, fue declarada muerta. Tenía 36 años.
El doctor Bruno Riou, jefe de la unidad de reanimación del hospital, anunció su muerte ante la prensa a las 06:00.
Las causas y las investigaciones

La investigación judicial francesa, cerrada en 1999, concluyó que el accidente fue consecuencia de la conducción a alta velocidad bajo los efectos del alcohol y los medicamentos.
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Los análisis toxicológicos revelaron que Paul tenía 1,74 gramos de alcohol por litro de sangre, más del triple del límite legal en Francia, según recoge el informe oficial. Además, su sangre contenía fluoxetina —comercializada como Prozac— y tiapride, un fármaco usado para tratar la dependencia al alcohol, cuya combinación agravó su estado. El informe señaló que tanto Diana como Dodi habrían sobrevivido de haber llevado el cinturón puesto.
El Fiat Uno blanco nunca fue identificado.

En 2008, la investigación británica denominada Operación Paget dictaminó homicidio por negligencia grave, atribuida tanto a Paul como a los fotógrafos que los perseguían en motocicleta. El jurado determinó que la conducta de la prensa gráfica contribuyó al desenlace, aunque ningún fotógrafo fue condenado penalmente.
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