
Tres semanas después de salir de prisión, Yishai Schlissel volvió a apuñalar personas. Fue en la Marcha del Orgullo Gay de Jerusalén el 30 de julio de 2015. Ya había atacado en la misma marcha en 2005, había pasado 10 años preso y, en 2015, hirió a seis personas. Shira Banki, de 16 años, murió días después. La policía sabía quién era, conocía sus antecedentes y no lo detuvo.
Schlissel era un judío ultraortodoxo de Modi’in Illit, una ciudad al oeste de Jerusalén con mayoría haredi. Su primer ataque ocurrió en la edición de 2005 de la misma marcha, cuando apuñaló a tres personas entre la multitud. Fue condenado y pasó una década en prisión. Salió en libertad en junio de 2015. En las semanas siguientes hizo pública su posición de manera insistente.
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Concedió entrevistas en las que arremetió contra la homosexualidad y dijo que la marcha de Jerusalén tenía que ser detenida. Distribuyó panfletos en los que convocaba a los judíos a “arriesgarse a recibir golpes o ir a prisión” para actuar contra el evento. Publicó en Internet una carta en la que calificaba al desfile del orgullo como una “abominación” en la ciudad santa. Todo eso ocurrió antes del 30 de julio y fue ignorado.
El 30 de julio de hace 11 años, Schlissel se presentó en las inmediaciones de la marcha y efectivos policiales lo rechazaron. No se fue: tomó calles laterales, sorteó el perímetro y se infiltró entre los manifestantes.
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Una vez que estaba mezclado entre la gente, sacó el cuchillo y atacó. Apuñaló a seis personas antes de ser reducido y detenido. Un fotógrafo capturó el momento exacto en que metía la mano para sacar el arma. Esa imagen circuló por todo el mundo.
Entre los heridos había personas de distintas edades. La más grave era Shira Banki, una adolescente de 16 años que había ido a la marcha no porque fuera gay, sino para apoyar a sus amigos. Sus familiares recordaron que ella había explicado que marchaba por “el derecho de cualquier persona a vivir su vida a su manera”.
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Shira ingresó al hospital en estado crítico. Murió el 2 de agosto de 2015, tres días después del ataque. Los otros cinco heridos sobrevivieron. Su funeral se realizó en el Kibbutz Nahshon, a unos 60 kilómetros al oeste de Jerusalén, un lunes por la tarde. Fue cerrado a la prensa. Antes del entierro, su familia emitió un comunicado: “Nuestra encantadora, feliz, vivaz y querida Shira de 16 años fue asesinada simplemente porque vino a apoyar a sus amigos y el derecho de cualquier persona a vivir su vida a su manera. Sin ningún propósito, con estupidez, maldad e imprudencia, su vida llegó a su fin”.

El rabino jefe de Jerusalén, Aryeh Stern, visitó a uno de los heridos en el hospital pocas horas después del ataque. Una fotografía suya tomándole la mano al paciente, publicada en su página de Facebook, circuló ampliamente en Israel. Desde el hospital, Stern declaró a Jerusalem Post: “La persona que cometió este acto es un criminal en todos los sentidos, y su intención de matar judíos es algo aterrador”.
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El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó el ataque públicamente y retomó el asunto en su reunión de gabinete de aquella semana. “No permitiremos que este despreciable asesino socave los valores fundamentales en los que se basa la sociedad israelí”, afirmó. El entonces presidente Reuven Rivlin dijo: “La falta de tolerancia nos llevará al desastre. No podemos permitir tales crímenes y debemos condenar a quienes los cometen y los apoyan”.
Dentro de la propia comunidad ultraortodoxa, varios importantes dirigentes tomaron distancia. Moshe Gafni, jefe del partido ultraortodoxo UTJ, rechazó la violencia en nombre de su sector. Los rabinos jefes de Israel, David Lau e Yitzhak Yosef, también repudiaron el ataque. “Es impensable que un hombre pueda levantar su mano contra otra alma judía en nombre de la religión”, dijo Yosef.
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Pero el repudio no fue unánime ni inmediato. Tom Canning, director de desarrollo del centro comunitario LGBT Open House en Jerusalén, advirtió a The Media Line que tras el ataque aparecieron grafitis y protestas que elogiaban a Schlissel. “Incluso después del ataque hubo grafitis que lo alababan y protestas que lo elogiaban y se burlaban de la comunidad”, señaló.
Canning no culpó a la comunidad ultraortodoxa en su conjunto, sino a ciertos rabinos y líderes comunitarios cuyas palabras, dijo, alentaban la violencia. “Creo que están directamente vinculados”, afirmó sobre el discurso de odio y los hechos de violencia.
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El ex legislador haredi Dov Lipman reconoció a The Media Line que algo había fallado en su propia comunidad. “Se está produciendo una búsqueda de alma en la que hay un reconocimiento de que usar cierta terminología sin intención de provocar violencia puede, de todas formas, provocarla”, dijo.
La diputada Michal Rozin, del partido Meretz, apuntó directamente a sus colegas parlamentarios: “Los políticos tienen una gran responsabilidad y sus declaraciones tienen impacto”. Y agregó que “para evitar que se desarrollen más Schlissels, es necesario mejorar el diálogo y fomentar el pluralismo en la sociedad”.
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La actuación policial quedó bajo la lupa desde el primer día. La investigación interna determinó que varios oficiales superiores debían ser sancionados o reasignados. El tribunal que juzgó a Schlissel fue explícito en su sentencia: las autoridades conocían el peligro que representaba y no actuaron en consecuencia. Una investigación policial pidió la remoción de seis oficiales de alto rango.
El caso también expuso una falla del sistema israelí. Israel no contaba entonces con estadísticas completas sobre crímenes de odio. Ayala Katz, cuyo hijo gay fue asesinado en 2009 en un ataque a un centro juvenil LGBT en Tel Aviv, explicó a The Media Line que una agresión seguida de grafitis homofóbicos no quedaba registrada como crimen de odio sino como una simple disputa vecinal. En respuesta a esa ausencia, se fundó el Centro Nir Katz, con el nombre de su hijo, para recopilar estadísticas sobre violencia contra personas LGBT en Israel.
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La vocera de la policía israelí, Luba Samri, reconoció que no existía ninguna unidad especializada en crímenes de odio contra homosexuales y que los equipos de trabajo se armaban de forma improvisada cuando se iniciaba una investigación por un delito grave.
El 1 de agosto de 2015, dos días después del ataque, Schlissel compareció ante la jueza Chana Miriam Lomp del Tribunal de Magistrados de Jerusalén. La magistrada extendió su detención por 12 días. Schlissel no cooperó.
Ante la jueza, declaró: “No acepto la autoridad de este tribunal. Este tribunal es parte del mecanismo del mal. No tengo ningún interés en cooperar. No reconozco ninguna de las instituciones del régimen”. Argumentó que el tribunal carecía de jurisdicción porque no seguía las reglas de la Torah. Se negó a ser representado por un abogado.
Antes del inicio formal del proceso, Schlissel fue sometido a una evaluación psiquiátrica para determinar si estaba en condiciones de ser juzgado. El tribunal concluyó que sí lo estaba.

El juicio culminó en mayo de 2016 con su condena por asesinato y seis cargos de intento de homicidio. En junio de ese año, el tribunal le impuso cadena perpetua. En la sentencia, los jueces volvieron a señalar a la policía por su inacción frente a un peligro que conocían de antemano.
La condena no cerró el expediente. En julio de 2016, semanas antes de la siguiente edición de la marcha, la policía israelí acusó a Schlissel de haber organizado un nuevo ataque desde su celda.
Su hermano Michael Schlissel fue arrestado el miércoles previo al desfile. Otros familiares fueron detenidos brevemente. La noticia del supuesto complot se conoció horas antes del inicio de la marcha. Ese año, cientos de policías fueron desplegados para garantizar el desarrollo de la marcha sin incidentes.

En febrero de 2016, la municipalidad de Jerusalén anunció que la Plaza Sión, uno de los espacios públicos de la ciudad, sería rebautizada como Plaza de la Tolerancia en memoria de Shira Banki. La plaza, construida durante el Mandato Británico en la intersección de la calle Jaffa y Ben Yehuda, había sido el punto de encuentro espontáneo de quienes salieron a llorar y a debatir tras el ataque.
El intendente Nir Barkat anunció que el espacio sería rediseñado por completo. La madre de Shira, Miki Banki, integraría el jurado que elegiría el proyecto arquitectónico ganador.
Días después del funeral en aquel no tan lejano 2015, mientras un grupo de jóvenes hacía la shivá (ceremonia al séptimo día de duelo) en la Plaza Sión, otros adolescentes se acercaron e insultaron a los presentes por ser homosexuales. La diputada Rozin lo presenció. “Como si no hubieran aprendido nada”, dijo.
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