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Miedo, Guerra Fría y un toque que lo cambió todo: Antonin Panenka y el día que entró a la historia gracias a su penal

El checoslovaco convirtió el remate decisivo de la Eurocopa 1976 ante Alemania Occidental. Ese envío suave al centro del arco, ensayado durante meses después de los entrenamientos, terminó por darle su apellido a una manera de patear desde el punto blanco

Hombre mayor con bigote y suéter verde sujeta un balón de fútbol junto a un poste. A su derecha, arquero con camiseta roja y brazos alzados detrás de la red.
Antonín Panenka convirtió el penal decisivo de la Eurocopa 1976 ante Alemania Occidental y llevó a Checoslovaquia a su único título europeo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Antonín Panenka aseguró que el penal decisivo de la Eurocopa 1976 no fue solo una apuesta técnica: lo ejecutó bajo la presión del régimen comunista de Checoslovaquia, convencido de que un error ante Alemania Occidental podía costarle hasta 50 años de trabajo forzado en una mina o una fábrica. La jugada que definió el título quedó así ligada, según su propio relato, a una amenaza política que excedía por completo el fútbol.

En una entrevista con FourFourTwo, Panenka añadió un detalle que ilumina el clima de aquella noche: fue el único jugador checoslovaco que conservó la camiseta de su selección durante la premiación. Sus compañeros ya la habían intercambiado con los alemanes y, tiempo después, una grabación registró al presidente del país preguntando quién había ganado, porque en el podio casi solo se veían camisetas de Alemania Occidental.

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“Los años 70 fueron un período de tensión política y, en aquella ocasión, los dos bloques se enfrentaban en el campo”, recordó Panenka, que tenía 28 años cuando disputó la final en Belgrado.

El penal más famoso nació de apuestas por chocolate y cerveza

La jugada que terminó por llevar su apellido no surgió de una improvisación en la noche de la final. Panenka la había ensayado durante largas sesiones después de los entrenamientos con el Bohemians de Praga, en tandas de penales con el arquero del club, con una chocolatina o una cerveza como premio.

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En ese contexto de práctica repetida, encontró la variante que cambiaría su carrera. “Desde que empecé a usar mi pequeño chip por el medio, ya no hubo competencia”, dijo al medio. “Seguía ganando tanto que hasta empecé a engordar un poco”.

El recurso tenía además una ventaja táctica ligada al mapa político de la época. Panenka explicó que las imágenes de los partidos checoslovacos no llegaban a Europa Occidental, de modo que sus rivales del otro bloque no conocían la manera en que ejecutaba los penales.

Meses antes de la final, ya había resuelto que, si le tocaba un disparo decisivo, patearía de esa forma. La decisión provocó rechazo en su propio entorno: su compañero de cuarto en la concentración, Koloman Gogh, le advirtió que no lo dejaría entrar otra vez a la habitación si lo intentaba, mientras que el arquero titular Ivo Viktor tampoco aprobaba la idea.

El entrenador Václav Ježek y algunos compañeros, en cambio, lo respaldaron y le dijeron que hiciera lo que sintiera.

Un jugador de fútbol con camiseta roja y amarilla junto al arco, un portero con camiseta azul, una pelota en el césped, público y vallas publicitarias.
Panenka afirmó que ejecutó el penal de la Eurocopa 1976 bajo la presión del régimen comunista de Checoslovaquia (Captura/UEFA)

La final ante Alemania Occidental condensó deporte, riesgo y símbolo

Checoslovaquia llegó al partido decisivo como el equipo menos favorecido frente al campeón vigente del mundo y de Europa. Panenka lo resumió así: “En papel, ellos eran más fuertes. Dicho esto, nosotros tampoco nos sentíamos débiles: no teníamos nada que perder.”

La final terminó 2-2 tras los 90 minutos y la prórroga. Según el exfutbolista, los propios jugadores alemanes habían pedido antes del encuentro que, en caso de empate, el título se definiera por penales y no en una reedición del partido, porque querían irse de vacaciones cuanto antes; el seleccionado checoslovaco aceptó sin objeciones.

Panenka reveló a FourFourTwo que ejecutó el penal decisivo de la final de la Eurocopa 1976 con la idea de que un fallo podía traerle represalias del régimen comunista de su país. La consecuencia fue doble: convirtió a Checoslovaquia en campeona de Europa por única vez y transformó su remate en un símbolo político además de futbolístico.

En la tanda, Uli Hoeness desvió su disparo por encima del travesaño. Después, Panenka caminó hacia el punto de penal, esperó el movimiento de Sepp Maier y tocó la pelota con suavidad al centro del arco, mientras el guardameta alemán se arrojaba a su izquierda.

Panenka (el único con la camiseta de Checoslovaquia) levanta la Eurocopa junto a sus compañeros (SPORT)
Panenka (el único con la camiseta de Checoslovaquia) levanta la Eurocopa junto a sus compañeros (SPORT)

La confesión de Panenka reescribe el sentido de aquella definición

Casi medio siglo después, Panenka dio a esa escena una lectura más dura que la de la simple genialidad deportiva. “Si hubiera fallado de esa manera, habría dejado en ridículo a mi país y al Partido Comunista, y probablemente me habrían obligado a trabajar en una fábrica, o incluso en una mina durante los próximos 50 años”, afirmó.

La frase aporta una dimensión nueva a una acción convertida en modelo para generaciones enteras de futbolistas. “Pero sabía que era lo correcto en ese momento”, agregó sobre una decisión que, según su propio relato, había madurado mucho antes de llegar a la definición en Belgrado.

La noche del título también tuvo un epílogo singular. Gogh cumplió su promesa y no lo dejó volver al cuarto, de modo que Panenka durmió en el hotel de dos amigos de la infancia emigrados a Canadá, que habían conseguido entradas y una habitación en el centro de la ciudad.

A la mañana siguiente, desayunó con champán y caviar. Según contó, fue la primera y la única vez en su vida.

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