Los sastres de las caballerías: cómo un oficio olvidado sostuvo durante siglos el transporte y la economía rural

Antes de la mecanización del campo, los albardoneros medían cada animal, cosían a mano con aguja y palmete, bordaban piezas de gala y transmitían el oficio de padres a hijos durante generaciones en talleres familiares

Guardar
Google icon
Un artesano trabaja sobre una albarda de cuero en un taller con mesas de madera, varias herramientas antiguas, rollos de cuero y lana, y luz de ventana.
El oficio del albardonero fue clave en el transporte y la economía rural en España antes de los motores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Antes de los motores, el oficio del albardonero fue parte del transporte y de la economía rural en España y gran parte de Europa, según National Geographic. A esos artesanos los llamaban los sastres de las caballerías porque hacían a medida albardas y otros aparejos para mulos, burros y caballos.

Un albardonero era el artesano que fabricaba y reparaba albardas, cinchas y otros aparejos para animales de carga. Su trabajo permitió durante siglos que mulos, burros y caballos cargaran mercancías, araran, recorrieran veredas y acudieran a ferias y romerías sin dañarse.

PUBLICIDAD

El nombre del oficio venía de la albarda o albardón, la pieza almohadillada que se colocaba sobre el lomo de la caballería para repartir el peso y evitar roces. Pero su trabajo no se limitaba a esa pieza: también confeccionaba y reparaba jáquimas, bozales, mandiles, jalmas, sobrejalmas, ataharres, petrales, alforjas, colleras y badanas, entre otros aparejos citados por National Geographic.

Llamarlos sastres de las caballerías no era una exageración. Su labor consistía en adaptar cada pieza al animal y mantener en condiciones el equipo del que dependían el trabajo diario, el transporte y los desplazamientos rurales.

PUBLICIDAD

Un trabajo hecho a la medida del animal

Dos hombres con sombreros ajustan aparejos a tres caballos con sillas y alforjas en un camino de tierra. Al fondo se ven colinas secas y un cercado.
Los albardoneros fabricaban y reparaban albardas, cinchas y otros aparejos para mulos, burros y caballos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada encargo exigía medir al animal, ajustar patrones, cortar, coser, rellenar, bordar y rematar con precisión porque cada encargo exigía medir al animal, ajustar patrones, cortar, coser, rellenar, bordar y rematar con precisión. Si el aparejo quedaba mal hecho, se estropeaba antes y además podía herir al animal o impedirle trabajar bien.

Los albardoneros trabajaban con cuero, lonas de algodón, telas, cáñamo, paja de centeno, tamo, pelo de animal, esparto y cera de abeja. Entre sus herramientas figuraban el almaraz o aguja grande, el palmete para empujar la aguja, punzones, tijeras, cuchillas y baquetillas para prensar el relleno.

Todo se hacía a mano y requería paciencia, vista y pulso. Había que dar puntadas iguales, zurcir, remendar, encordonar, rellenar sin huecos y calcular tensiones para respetar la anatomía del animal.

El acabado también marcaba diferencias entre talleres. Algunos artesanos se distinguían por la firmeza de las piezas, la calidad de los bordados y la forma de rematar cada trabajo.

Un oficio en la economía rural

Aguja de metal, punzón con mango de madera, hilo encerado, trozos de cuero cosido, paja de centeno, fibras de esparto sobre una mesa de madera.
El trabajo del albardonero consistía en adaptar cada aparejo a medida para garantizar el transporte y las tareas rurales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante siglos, allí donde había arrieros, labradores y bestias de carga, había también un albardonero. En algunas localidades coexistieron varios talleres familiares y los maestros transmitían el oficio de padres a hijos durante generaciones.

Era un trabajo relativamente estable porque, mientras los animales siguieran en faena, no faltaban encargos. Antes de la mecanización, buena parte de la actividad rural descansaba sobre mulos, burros y caballos que cargaban mercancías, ayudaban a arar y servían para viajar por caminos difíciles.

Ese mundo también tenía una dimensión estética. Muchas piezas de gala se adornaban con lanas e hilos de colores y con diseños geométricos que National Geographic vincula con la herencia andalusí.

La vistosidad importaba, sobre todo entre los arrieros que comerciaban de cara al público. Cada taller dejaba además una marca propia en el bordado y en la terminación de los aparejos.

La desaparición con la llegada del motor

Imagen dividida. Izquierda: hombre cosiendo una albarda de cuero en un taller con esparto, lana y herramientas. Derecha: tractor rojo arando un campo.
La mecanización del campo y la expansión del coche, el camión y el tractor aceleraron la desaparición del oficio del albardonero (Imagen Ilustrativa Infobae)

El declive empezó de forma gradual, pero avanzó con la mecanización del campo y la expansión del coche, el camión y el tractor. Los encargos para el trabajo diario se redujeron hasta quedar casi solo usos puntuales como romerías, paseos, caza, decoración o equitación tradicional.

Con la pérdida de ese oficio no desapareció solo una técnica artesanal. También se debilitó un conjunto de saberes ligados al trabajo con animales y un vocabulario que incluía términos como jarma, carona, ataharre, pleital, bozal, collera o mandil, según recoge National Geographic.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

El manual del éxito de Oprah Winfrey: de la adversidad extrema a crear un imperio de USD 3.400 millones

La conductora y productora reveló las claves que la impulsaron a transformar el dolor en liderazgo y a desafiar los límites de la televisión, el cine y la filantropía

El manual del éxito de Oprah Winfrey: de la adversidad extrema a crear un imperio de USD 3.400 millones

El día que Hitler creyó que ya había ganado la Segunda Guerra Mundial y visitó los símbolos más conocidos de París

El 23 de junio de 1940, apenas horas después de la rendición francesa, el führer recorrió la capital francesa. Fue una visita breve, cuidadosamente planificada y cargada de simbolismo. Una visita que buscaba mostrar al mundo el poder aparentemente imparable del Tercer Reich

El día que Hitler creyó que ya había ganado la Segunda Guerra Mundial y visitó los símbolos más conocidos de París

El misterio de la caída del vuelo 182 de Air India: una explosión sin causa cierta y 329 cadáveres flotando en el mar

El domingo 23 de junio de 1985, un Boeing 747 de la compañía aérea india desapareció abruptamente de las pantallas del radar cuando volaba sobre el océano cerca de las costas de Irlanda. Los grupos de rescate encontraron cientos de cuerpos y restos del avión flotando en el agua. Los estremecedores relatos de quienes participaron en el operativo, las llamadas anónimas adjudicándose un atentado y la polémica entre los peritos sobre la causa de la tragedia

El misterio de la caída del vuelo 182 de Air India: una explosión sin causa cierta y 329 cadáveres flotando en el mar

“Hola, acabo de matar a mi novia”: una confesión por teléfono y los audios que la víctima grabó en secreto para perpetuar la verdad

Cuando Aren Pearson le pidió a Claire Leveque, su flamante novia, que se mudaran a las Islas Shetland, un archipiélago remoto al norte de Escocia, donde viven apenas 170 personas, nadie podía prever el final. Pronto, la vida de ella se volvió un infierno: quedó sola, aislada, ante una persona violenta. Decidió que lo grabaría a escondidas, sin que él se diera cuenta, para que quedara documentadan sus agresiones

“Hola, acabo de matar a mi novia”: una confesión por teléfono y los audios que la víctima grabó en secreto para perpetuar la verdad

Cómo un exjugador de fútbol americano cambió su vida tras las lesiones y se convirtió en referente del bienestar

Amir Madison pesaba más de 100 kilos al retirarse del deporte y perdió 18 de forma natural después de incorporar yoga, alimentación vegetal y meditación a su rutina diaria

Cómo un exjugador de fútbol americano cambió su vida tras las lesiones y se convirtió en referente del bienestar