El panadero que cazaba a sus víctimas como animales en los bosques de Alaska y las marcas de las tumbas en un mapa del horror

Robert Hansen mató a treinta mujeres. El asesino serial secuestraba a sus víctimas, las subía a su avioneta y las llevaba hasta su cabaña. Allí las liberaba y las hacía correr para dispararles con su rifle a distancia

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Robert Hansen piloto, cazador, asesino
Robert Christian Hansen, el norteamericano que se había radicado en Anchorage, Alaska, era de esos tipos queridos y respetados por la mayoría de sus vecinos (Captura de video)

Nada más amable que el panadero que sonríe detrás de una nube de harina. El de la vuelta. El que te guarda el pan calentito en medio de un clima frío y hostil. El trabajador tempranero y confiable. En todas las sociedades a los panaderos se los presume buena gente, más si encima son padres de familia y asisten cada domingo al servicio religioso de su iglesia.

Robert Christian Hansen, el norteamericano que se había radicado en Anchorage, Alaska, era de esos tipos queridos y respetados por la mayoría de sus vecinos y empleados y, sobre todo, resultaba una persona confiable.

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La ruta del futuro asesino

Hansen nació en una ciudad de Iowa llamada Estherville, el 15 de febrero de 1939, pero al tiempo su familia se instaló a una hora de allí, en Pocahontas, un pueblo pequeño de mil quinientos habitantes. Su padre Christian, un inmigrante danés sumamente estricto y verbalmente violento, tenía una panadería. Hansen siguió sus pasos: se hizo panadero como él. Su madre Edna y su hermana Pearl soportaban también la tensión de un ambiente familiar disfuncional con ese jefe de familia dominante.

Robert Hansen padecía su vida intramuros y, también, sufría en el colegio. Flaquísimo, tartamudo y con la cara invadida por un acné quístico y las cicatrices que le iba dejando, vivió acomplejado durante toda su adolescencia. No bien se acercaba, las chicas le daban vuelta la cara. Hansen no podía hacer otra cosa que disimular su frustración, pero cada día las odiaba más. Detestaba a las mujeres que lo rechazaban.

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Fue por esa época que encontró en el tiro con arco y en la caza un entretenimiento perfecto donde refugiarse. Se volvió un tirador experto y con nervios de acero. Cuando los tenía en la mira, ciervos, patos, faisanes y mamíferos pequeños caían bajo sus disparos certeros. Eximio cazador, Hansen comenzó a elucubrar en su cabeza una venganza letal y perversa contra el género femenino. Cada tiro sería una venganza y una victoria. Disfrutaba del poder que le otorgaba el ejercicio del odio.

A los 18 años, en 1957, se alistó en la Reserva del Ejército de los Estados Unidos. Estuvo un año entero hasta que terminó su contrato y lo dieron de baja. Un tiempo después, entró como asistente de instructor en la academia de policía de Pocahontas.

Robert Hansen
Cindy Paulson era prostituta y tenía 17 años cuando escapó del múltiple asesino. Lo denunció a la policía, pero no le creyeron

En 1960, con 21 años, se puso de novio con una joven llamada Janice E. Reutzel, con la que se casó meses después. La pareja fue un desastre. Hansen arrastraba inestabilidad emocional, inseguridades y resentimientos profundos.

Hacia fines de ese mismo año empezaron sus problemas con la ley. El 7 de diciembre de 1960 fue arrestado luego de incendiar el depósito de autobuses escolares de la escuela de la zona. Curiosamente hacía poco tiempo que se había unido a los bomberos voluntarios del pueblo y resultó de los primeros en llegar a la escena para apagar las llamas. Duró poco la mentira: su cómplice de 16 años, un adolescente que trabajaba con él en la panadería de su padre, se quebró y lo denunció como el autor intelectual.

Le dieron tres años de prisión de los que solo cumplió veinte meses. Estando recluido fue diagnosticado con depresión maníaca y episodios esquizofrénicos. Detectaron que el joven tenía una gran sed de venganza para desquitarse de aquellos que lo habían marginado. Sin embargo, nada de esto alcanzó para que el sistema de salud mental emitiera señales de alerta.

Durante ese tiempo Janice pidió el divorcio y, cuando Hansen salió, ella ya se había ido de la casa y estaban divorciados.

Los años que siguieron no fueron mucho mejores. Fue arrestado varias veces más por robos menores. Sucumbía al irrefrenable impulso de robar cualquier cosa con tal de burlar la seguridad del lugar. Eso le daba sensación de control. Como no fueron sucesos graves, su legajo no se manchó con antecedentes penales.

Sus padres, preocupados y queriendo alejarse de la mala fama que adquiría su hijo, vendieron la panadería para empezar de nuevo en otro sitio. Compraron el complejo turístico Stony Point Resort en Leech Lake, en Walker, en Minnesota. Pero Hansen se mudó cerca de ellos para seguir trabajando con su padre pintando cabañas, haciendo excursiones de pesca y operando los muelles.

Robert Hansen piloto, cazador, asesino
Robert Hansen había marcado en un mapa los sitios donde había enterrado a sus víctimas (Captura de video)

El segundo amor y el vecino confiable

Fue en ese centro de turismo que Hansen conoció a Darla Marie Henrichsen, una joven de 20 años que trabajaba, por el verano, en el complejo haciendo limpieza de las cabañas. Hansen la llevaba a remar por las noches y mantenían largas conversaciones. Darla se enamoró de ese joven tímido, trabajador y apasionado por la naturaleza. Al terminar el verano, él le propuso matrimonio. Darla le dijo que sí, pero que antes quería terminar con sus estudios en la Universidad de Iowa. Por insistencia de él, se casaron a finales de ese mismo año 1963.

Darla se recibió en Educación, con especialidad en pedagogía y educación especial para niños con dificultades de aprendizaje y comenzó a trabajar como tutora de chicos con dislexia. Era muy religiosa, de principios morales estrictos y extremadamente bondadosa. Si bien sabía de los problemas anteriores de Hansen, del incendio y de su diagnóstico, no veía la oscuridad profunda que realmente rodeaba a su marido. Estaba segura de que podría rescatarlo de la depresión. Tuvieron un hijo y, luego, una hija. La familia creció y, en 1967, Hansen decidió por consejo de su propio padre, cambiar de escenario para poder quitarse la etiqueta de problemático. Con Darla y sus hijos se mudaron a Anchorage, Alaska, para empezar de cero una vez más. Escogió el lugar porque allí podría practicar la cacería con arco y armas que tanto le gustaban. Ahora podría construir su nuevo círculo social con vecinos y amigos, sin los prejuicios por su mala reputación. Se compraron una casa cómoda y grande y comenzaron a construir la nueva historia.

Darla consiguió un excelente trabajo; Hansen abrió su propio negocio al que llamó Hansen ‘s Bakery, en la esquina de la avenida 9 y la Seward Highway, que enseguida comenzó a funcionar de maravillas.

Los vecinos y quienes trabajaban con él lo veían como un tipo afable, macanudo, tranquilo.

Para la cultura local de Alaska la caza mayor es una actividad de prestigio. Hansen era experto tirador y eso le otorgó algo que él buscaba desde siempre: status y reconocimiento social.

Los domingos la imagen de él se completaba cuando se dejaba ver, con Darla y sus dos hijos, sentados en los bancos de la iglesia luterana de la zona. Era una familia perfectamente integrada a la sociedad local.

Hansen se hizo miembro del Club de Tiro y obtuvo reconocimientos por batir múltiples récords mundiales de caza mayor con arco. Su destreza quedó plasmada en los libros de caza mayor de Alaska. Recibió un trofeo tras abatir con arco y flecha a una oveja Dall macho de dimensiones extraordinarias por sus cuernos. También registró marcas por los osos negros y pardos (entre los más peligrosos) de 300/400 kilos que atrapó. Su precisión extrema era motivo de conversación entre los cazadores.

Pasaba su tiempo libre practicando: tomaba su rifle preferido, un Ruger Mini 14 calibre .223, y se iba a zonas inhóspitas del ártico donde buscaba, principalmente, alces y osos.

Como las cosas les iban muy bien y con Darla tenían economías separadas, ella no pudo objetar cuando él en 1982 decidió comprarse una avioneta Piper PA-18-150 Super Cub con matrícula N3089Z. Era un monomotor ligero para piloto y un pasajero en tándem. Iba equipada con neumáticos para terrenos difíciles como los de Alaska, pero también podía ponerle esquíes para bajar sobre el hielo de la tundra.

Robert Hansen piloto, cazador, asesino
Algunas de las víctimas de Robert Hansen (Captura de video)

Se convirtió en un piloto competente y audaz, aunque Alaska le había negado oficialmente la renovación de su licencia debido a su tratamiento mental con litio por lo que volaba de manera ilegal. Casi nadie lo sabía, eran épocas de poca vigilancia y cero control. Eso favoreció que él despegara y aterrizara, en las pistas privadas del aeropuerto Merrill Field, sin problemas.

A estas alturas la familia Hansen era la envidia de muchos: tenían trabajo, dinero y salud. El jefe de familia era un hombre respetable, experimentado cazador, piloto avezado, empresario exitoso. Las tenía todas. La envidia, generalmente, carece de brújula.

Darla creyó que su marido había encontrado, por fin, el camino para superar sus problemas mentales.

Está claro que creer no es un verbo que alcance para sostener la realidad. La fachada de la perfección de su vida en Alaska estaba por caer como una guadaña impiadosa cercenando demasiadas vidas.

No todo era perfecto

Quien diga que no hubo señales del descalabro que se venía, miente. No todo en esos años fue perfecto como Darla deseaba ver, ni mucho menos. Pasaron hechos graves que, gracias a la buena fama construida, no tuvieron grandes consecuencias para la familia.

Vamos hacia 1971, cuando hacía solo cuatro años que estaban instalados en Anchorage. Ese año Hansen levantó a un ama de casa que hacía dedo en una ruta de la ciudad. Esa mujer luego denunció que él había intentado violarla dentro del auto amenazándola con un arma.

La policía detuvo a Hansen, pero operó el sesgo de su apariencia de impecable hombre de familia que impidió que vieran más allá. Eso y un buen abogado lograron que la sacara barata.

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Fue por la década del 70 cuando en las zonas boscosas de Anchorage comenzaron a aparecer cuerpos de mujeres violadas y asesinadas (Captura de video)

Apenas conocido este caso, surgió otro: una prostituta dijo que él la había violado bajo amenaza de matarla si hablaba. Habló igual. A pesar de la gravedad del tema la fiscalía llegó a un acuerdo con Hansen: si él aceptaba ser culpable del intento de violación al ama de casa, retirarían los cargos de violación de la trabajadora sexual. Así fue. El juez tuvo en cuenta el pasado psiquiátrico de Hansen y su trastorno disociativo, fue indulgente y lo sentenció a recuperarse en una institución psiquiátrica. Seis meses después salió en libertad porque fue considerado apto para la reinserción social por su psicólogo. La manipulación era algo que se le daba al paciente.

Darla demostró paciencia y piedad por su marido: sentía que lo conocía, necesitaba contención.

En 1976 Hansen tuvo otro rapto de cleptomanía y robó una motosierra. El psiquiatra que lo evaluó luego de este episodio, Robert McManmon, sostuvo que Hansen tenía un trastorno afectivo bipolar y se le prescribió litio para controlar sus drásticos cambios de humor. Además identificó su cleptomanía obsesiva: robaba por impulso irresistible. Por eso fue que la licencia para pilotar aviones no le fue renovada.

Aunque los profesionales veían en su marido a un adulto perturbado, con una inmadurez emocional que le impedía lidiar con cualquier rechazo o frustración y con un trastorno disociativo que le permitía desconectarse y no experimentar empatía, Darla siguió creyendo en que la recuperación de su marido era posible.

Escapar para sobrevivir

Fue por la década del 70 cuando en las zonas boscosas de Anchorage comenzaron a aparecer cuerpos de mujeres violadas y asesinadas. Muchas de las víctimas eran bailarinas o trabajadoras sexuales por lo que al principio nadie pensó que sus casos pudieran ser obra de un mismo criminal. Fue el detective Glenn Flothe el primero que empezó a pensar que podría haber un único depredador suelto en Anchorage.

Recién en 1983 pasó algo que cambió la dinámica de los homicidios: una mujer, Cindy Paulson, logró escapar de las garras del brutal criminal.

La noche del 13 de junio de 1983 Robert Hansen se acercó a Cindy, 17 años, y le ofreció dinero. Ella subió a su auto creyendo que ese hombre con cara de inocente era un cliente más. Pocos minutos después, el clima dentro del vehículo se tensó: él sacó un revólver 357, la amenazó de muerte y la esposó. La condujo a su casa ubicada en el número 7223 en la calle Old Harbour Road, en el barrio residencial Muldoon. La familia de Hansen se encontraba de vacaciones en Arkansas. Hansen tenía toda la propiedad para hacer lo que quisiera sin preocuparse. La bajó al sótano/estudio donde tenía sus trofeos de caza. Esa zona de su vivienda estaba vedada para el resto y él la mantenía bajo llave.

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Hansen fue arrestado frente a sus clientes y empleados (Captura de video)

En ese sitio violó a Cindy y, luego, la encadenó desde el cuello a un poste de madera mientras él dormía una siesta en el sofá. Al despertar decidió que la llevaría al aeropuerto (como ya había hecho con tantas otras mujeres). La introdujo de nuevo esposada en su auto y partieron para las pistas privadas de Merrill Field. Mientras él preparaba el avión para despegar hacia un destino incierto cometió dos errores que sellarían su destino.

Primero, dejó por unos momentos sola a Cindy y se dispuso a acomodar lo que llevaría en el vuelo. Segundo, la tenía esposada con las manos por delante. Cindy escuchaba voces en su cabeza que le gritaban “Corre, perra corre”. Sabía que enfrentaba a la muerte. Apenas vio la oportunidad con su captor de espaldas a ella, juntó coraje para abrir la puerta del asiento trasero del Buick donde estaba sentada y salió corriendo a toda velocidad. Iba con sus manos atadas y descalza hacia la única ruta. Cuando Hansen la vio, salió tras ella corriendo. Cindy voló con las alas del miedo y llegó antes al medio del pavimento donde le hizo señas desesperadas al conductor de un camión que se acercaba. Bajo la luz de la mañana Robert Yount frenó en seco ante esa joven aterrorizada, medio desnuda y ensangrentada, le abrió la puerta para que subiera.

Hansen iba detrás de ella empuñando su Magnum .357. Al verla subir al camión dio la vuelta y huyó del lugar.

Yount llevó a la joven hasta donde ella le pidió, el motel Mush Inn, donde la joven entró y le rogó al recepcionista que llamara a su novio y a la policía. El camionero, a su vez, siguió su camino y al llegar a destino, también llamó a la policía para denunciar el hecho del que había sido testigo. Su testimonio resultó clave para que le creyeran a Cindy. En ese entonces a las trabajadoras sexuales no siempre les creían.

El relato de Cindy sobre su cautiverio y violación llevó directo a la casa del respetado cazador, panadero y piloto Robert Hansen.

Al principio él negó todo. Admitió conocer a Cindy, pero inventó una historia donde ella era una prostituta loca que pretendía extorsionarlo y sacarle dinero. Ofreció dos amigos suyos como testigos. Esos ciudadanos respetados, manipulados por él que decía que no quería destruir a su familia por un desliz con una mujer de la calle, mintieron y dijeron haber estado con él en una cena.

¿Resultado? Amparado por sus amigos, que desconocían su costado siniestro, Hansen quedó libre a pesar de la denuncia.

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Robert Hansen nació en una ciudad de Iowa llamada Estherville, el 15 de febrero de 1939 (Captura de video)

El pasado sale a flote

En septiembre de 1983, el detective Glenn Flothe se devanaba los sesos intentando relacionar los casos de las mujeres que aparecían asesinadas. Empezó a pensar que podría haber un único asesino.

El FBI elaboró, con un psiquiatra, el perfil de cómo sería ese múltiple asesino: era un cazador obsesivo, una persona tímida o con problemas sexuales, podía tener antecedentes piromaníacos. Era el retrato perfecto de Robert Hansen, pero nadie lo asociaba con él. Salvo Flothe que enseguida recordó el caso de Cindy, la sobreviviente del aeropuerto. ¿Y si esa chica decía la verdad sobre Robert Hansen?

Flothe comenzó a bucear en el pasado de Hansen, en viejas denuncias y otros casos. Todo encajaba a la perfección con la declaración de Cindy. Pidió entonces los antecedentes penales completos de Hansen a nivel nacional. Con esos resultados confirmó todas sus sospechas: el sujeto tenía historial de violencia sexual y un incendio en su haber. Consiguió que un juez le firmara una orden para allanar sus propiedades.

El 27 de octubre de 1983 a las 8.40 de la mañana se presentaron, con la orden judicial, para allanar el domicilio de los Hansen. Darla estaba dando clases en el colegio, a pocas cuadras de su vivienda, cuando le avisaron que la policía estaba en su casa. Volvió de inmediato.

Cuando la policía rodeó la casa encontraron allí desayunando muy tranquilamente a Edna Hansen, la madre de Robert. La mujer estaba de visita luego de haber perdido dos meses antes a su marido.

Un batallón de agentes avanzó sobre los ambientes.

Darla (41 años en ese entonces) no podía creer lo que pasaba. Tenía que ser una confusión. ¿Cómo iban a sospechar que su marido fuera el asesino que todos buscaban? Cooperó con calma y de inmediato con las autoridades, tenía que ser un terrible error.

Si bien Darla conocía la debilidad de su esposo con las prostitutas y había sido testigo de sus escapadas de madrugada, no creía que hubiera nada más grave que eso.

Cuando una hora después los agentes comenzaron a romper paredes y dar vuelta todo buscando más y más cosas que iban apareciendo, decidió llevarse a su suegra a otro sitio para evitarle tanto estrés.

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En el sótano/estudio del dueño de casa encontraron su santuario privado. Un enorme ambiente bajo tierra, decorado con cabezas de animales, cornamentas y pieles de los animales cazados por Hansen (Captura de video)

En el sótano/estudio del dueño de casa encontraron su santuario privado. Un enorme ambiente bajo tierra, decorado con cabezas de animales, cornamentas y pieles de los animales cazados por él. El lugar tenía las paredes recubiertas con paneles de madera, lo que lo insonorizaba, y un buen sofá. Ese era su espacio prohibido para el resto de la familia, siempre bajo llave. Detrás de uno de los paneles de madera que quebraron hallaron una bolsa con joyas, relojes, anillos, cadenas, dijes y documentos de identidad que habían pertenecido a las víctimas. Eso fue determinante.

En el ático, un espacio oscuro y cerrado, hallaron un arsenal con municiones.

En el cuarto de la pareja, oculto en la cabecera de la pesada estructura de madera de la cama matrimonial, pegado con cinta adhesiva detrás del mismo, encontraron un mapa aeronáutico con muchas marcas con forma de X. Darla dijo no haberlo visto, ella no podía mover esa cama.

Era el mapa de las tumbas del horror.

Al mismo tiempo que se producía el allanamiento a su casa, se realizaba otro en la panadería donde estaba trabajando Hansen. Fue arrestado frente a sus clientes y empleados.

Las autoridades también revisaron la avioneta y el auto, donde encontraron pruebas biológicas irrefutables de que Cindy había estado allí. Fibras por transferencia secundaria y cabellos que llegaron al avión en la chaqueta de caza y los guantes de Hansen. En el auto hallaron más esposas y correas que había usado para inmovilizarla.

En la aeronave, con más pericias, terminaron hallando más muestras de sangre que había sido lavada y más cabellos sueltos. Pertenecían a tres mujeres distintas. La sangre era de una chica llamada Joanna Messina cuyo cuerpo había sido hallado en 1980.

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Si bien Hansen negó primero todas las acusaciones, cuando lo confrontaron con la montaña de evidencia, comenzó a hablar (Captura de video)

Cacería humana y adrenalina

Si bien Hansen negó primero todas las acusaciones, cuando lo confrontaron con la montaña de evidencia, comenzó a hablar. Intentó culpar a esas mujeres de mala vida.

Si bien la pena de muerte no existe en Alaska porque fue abolida en 1957, debido a que Hansen transportaba mujeres secuestradas en una aeronave que utilizaba el espacio aéreo y las instalaciones reguladas por el gobierno federal de los Estados Unidos donde el secuestro es un delito federal, la fiscalía federal tenía el derecho de llevar el caso a sus tribunales y condenarlo a muerte.

Debido a la magnitud de los crímenes de Hansen los fiscales estatales y federales querían asegurarse de poder esclarecer cada hecho y encontrar los cuerpos. Decidieron unirse y ofrecerle al asesino serial un trato: si confesaba detalladamente los homicidios y cooperaba para encontrar los restos, el gobierno federal renunciaría a pedir la pena de muerte y permitiría que fuera juzgado por las leyes de Alaska.

Hansen aceptó. Y gracias a esto se encontró a la mayoría de las víctimas.

Lo más siniestro que reveló la investigación fue la mecánica de la mayoría de los asesinatos. El perturbado Hansen no solamente violó y mató, también llevó a cabo rituales sádicos que incluyeron tortura, persecución y “caza” en un medio salvaje y hostil.

Se probó que en la mayoría de los casos llevaba a sus víctimas amordazadas y esposadas hasta su casa aprovechando cuando su familia estaba fuera. Allí las violaba en su sótano insonorizado y las ataba a un poste de la estructura de la casa. Luego las conducía escondidas, en su auto, hasta el avión. Las colocaba en el asiento trasero atadas y tapadas con una lona. Despegaba de esas pistas privadas hacia destinos remotos que tenía previamente identificados para lo que él consideraba caza mayor, la cacería humana de sus víctimas.

Principalmente viajaba a tres sitios en vuelos de entre 29 y 40 minutos: al Río Knik donde, en un valle casi inaccesible, tenía una cabaña; al Lago Eklutna y a Horseshoe Lake una zona pantanosa con bosques y osos. En esos minutos terroríficos las jóvenes eran conscientes de que se estaban alejando de la civilización con un monstruo. Antes de bajar Hansen miraba con su prismático desde el aire para asegurarse de que el área estaba libre de testigos.

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Robert Hansen usaba su avioneta para llevar a sus víctimas hasta bosques de Alaska (Captura de video)

Al llegar, tenía lugar la práctica más sádica. Volvía a agredirlas sexualmente y, luego, simulaba que las liberaría. Les quitaba las esposas y las animaba a irse advirtiéndoles que tendrían una breve ventaja de tiempo hasta que el saliera a cazarlas. La persecución era cruel porque para las chicas sería imposible escapar de la muerte en un lugar que desconocían por completo y donde corrían desnudas y descalzas. Desorientadas comenzaban su huída mientras él disfrutaba de la adrenalina que le generaba que la víctima quisiera sobrevivir. Eso alimentaba su fantasía de poder sobre ellas.

Lo que seguía a esos segundos liberadores era una persecución salvaje. Él tranquilamente tomaba su rifle semiautomático con mira telescópica y un cuchillo de caza y sus binoculares. Y comenzaba su juego mortal. Conocía la zona como nadie y rastreaba sus huellas en la nieve o el barro. Sin abrigo ellas sucumbían con rapidez al frío y se agotaban. La persecución podía durar minutos y horas. Las ejecutaba desde lejos con su rifle o, si se defendían, lo hacía a corta distancia. Luego cavaba un foso y las descartaba. Al volver a su casa limpiaba el avión y después marcaba una X en su mapa secreto pegado detrás de la cabecera de la cama matrimonial.

Las víctimas con nombre y apellido

Durante el proceso los detectives pudieron confirmar que solamente en Alaska violó a más de 30 mujeres. Se sabe que al menos 17 mujeres perdieron la vida en sus manos, aunque no todos los cuerpos fueron recuperados.

Hay tres víctimas a las que él negó haber asesinado. Son tres estudiantes que nada tenían que ver con el mundo de la prostitución. Los peritos psicológicos creen que la explicación de su negación está en que los homicidios de estas chicas no eran justificables, desde el punto de vista del homicida, frente a su propia familia como el caso de las prostitutas. Admitir que había asesinado a estudiantes habría destruido su narrativa.

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Durante el proceso los detectives pudieron confirmar que solamente en Alaska violó a más de 30 mujeres. Se sabe que al menos 17 mujeres perdieron la vida en sus manos (Captura de video)

Estas tres chicas fueron:

-Celia Beth Van Zanten, 17, secuestrada a plena luz del día el 22 de diciembre de 1971 mientras iba a un supermercado local. Su cuerpo congelado fue descubierto el día de Navidad en un parque. Había sido abusada sexualmente. En su mapa Hansen había hecho una X en el exacto lugar donde se halló su cadáver.

-Megan Emeric,17, se evaporó el 7 de julio de 1973. Era una estudiante del secundario con un empleo en una lavandería local. Su cuerpo nunca fue recuperado.

-Mary Thill, 22, otra estudiante que trabajaba temporalmente en los yacimientos petrolíferos de North Slope.

Si bien negó estos tres crímenes, en su mapa hay tres X que los investigadores aseguran que se corresponden con los casos.

Las otras víctimas de Hansen fueron:

-Joanna Messina, 24 y trabajaba en los bares del puerto. Desapareció en mayo de 1980. Su cuerpo fue hallado en julio de ese mismo año con varios impactos de bala.

-Roxanne Eastland, 24. Desapareció el 28 de junio de 1980 cuando iba a reunirse con un cliente. Su cadáver tampoco apareció.

-Lisa Futrell, 41, trabajadora sexual, fue secuestrada en septiembre de 1980. Su cuerpo apareció porque el asesino señaló el lugar.

-Malai Larsen, 28, stripper tailandesa, desapareció en julio de 1981. Con ella el asesino fue especialmente brutal: antes de perseguirla por el bosque, se puso un impermeable negro y una máscara terrorífica. También marcó el lugar donde descartó el cuerpo.

-Sherry Morrow, 23, bailarina exótica del Wild Cherry Bar. Desapareció el 17 de noviembre de 1981. Los restos fueron encontrados, en septiembre de 1982, por unos cazadores. Había recibido tres disparos. El novio de Sherry le había regalado un amuleto: un collar de oro con punta de flecha. Ese collar fue encontrado en el allanamiento en la casa de Robert Hansen.

-Andrea Altiery, 24, trabajaba en la zona nocturna de Anchorage, desapareció el 2 de diciembre de 1981 cuando iba a un centro comercial para encontrarse con un hombre. Su cuerpo no fue recuperado nunca, pero una de sus alhajas, una cadena de oro con un dije con forma de salmón con un brillante por ojo, fue encontrada en el sótano de Hansen. El asesino tuvo que admitir su crimen.

-Sue Luna tenía 23 años cuando se cruzó con su victimario en mayo de 1982. Trabajaba en un club nocturno y él le ofreció 300 dólares por una hora de servicios sexuales. Su cuerpo fue desenterrado de un banco de arena dos años después. Hansen señaló el sitio.

-Tami Pederson, 20, desapareció en octubre de 1982 de la misma manera: aceptó dinero para ir con él y Hansen la secuestró como al resto.

-Angela Feddern, 24, fue abordada por Hansen por la calle en febrero de 1983 y enterrada en una zona de bosques.

-Teresa Watson, 23, desapareció en mayo de 1983 y fue una de las últimas víctimas de Hansen.

-DeLynn “Sugar” Frey, 22, era moza y se esfumó en marzo de 1983. Su cuerpo lo encontró un piloto por casualidad en un banco de arena sobre el río Knik en agosto de 1985, pero no fue identificada hasta el año 1989. Fue un crimen particularmente cruel porque era invierno y Hansen la subió a su aeronave que había sido equipada con esquíes para conducirla a una zona congelada. Al llegar, la hizo correr descalza sobre el hielo. En su mapa la marcó con la X y el número 9.

-Paula Goulding, 31, trabajaba en un club llamado The Bush Company. Fue vista por última vez el 25 de abril de 1983. Sus restos fueron encontrados en septiembre de ese año, justo antes de que Hansen confesara.

Habían quedado dos cuerpos hallados sin identificar. En 2021 se logró ponerle nombre a uno de ellos: pertenecía a Robin Pelkey, quien tenía 19 años cuando fue asesinada en algún momento de 1983. Hansen reconoció haberla llevado en su avión, pero dijo no tener idea de quién era. Al otro cadáver NN se lo conoce como Eklutna Annie y fue hallado en 1980. Es muy triste porque ni Hansen, que reconoció el crimen de esta bailarina, recordó su nombre.

De estos 17 crímenes. Hansen pudo ser sentenciado solo por cuatro. Además, fue imputado por el secuestro y violación de la sobreviviente Cindy Paulson. También debió enfrentar demandas por fraude y robo. Con ese dinero se había comprado la tristemente célebre avioneta.

Lo que quedó del panadero

El 27 de febrero de 1984 fue sentenciado a 461 años en prisión, sin posibilidad de libertad condicional, por el juez Ralph Moody. Fue enviado en primer lugar a la penitenciaría Lewisburg, en Pensilvania.

Su avioneta fue confiscada como evidencia para el caso y, luego, subastada.

Darla se divorció de él dos años después de la sentencia. La extensión de los crímenes de su marido y la exposición pública fueron demasiado. Vendió la panadería y la casa y se marchó, con sus hijos, de Alaska. Cambiaron su apellido para poder rehacer sus vidas en el anonimato. Y, según trascendió, habrían cortado todo contacto con él.

Robert Hansen piloto, cazador, asesino
La historia de Robert Hansen dio origen a la película The Frozen Ground (2013) con Nicholas Cage y John Cusack (IMDB)

Nunca fue acusada de nada, pero la duda sobrevuela: ¿nunca sospechó nada Darla de los crímenes de su marido?

En 1988 Hansen fue enviado a Alaska por su propia seguridad porque la población carcelaria lo amenazaba. Era un preso molesto. Cayó por un breve tiempo en el Centro Correccional de Lemon Creek y, luego, fue otra vez trasladado a una prisión de máxima seguridad en Spring Creek, en Seward. Como tenía problemas de salud, en mayo de 2014, fue llevado al Correccional de Anchorage.

Su madre Edna había muerto a los 88 años en 2005 y jamás fue a visitarlo. Su hijo, el panadero asesino, falleció el 21 de agosto de 2014, a los 75 años, en el hospital regional de Anchorage. En los 30 años de cárcel nadie de su familia lo habría visitado.

Cindy Paulson quedó muy marcada por el trauma de lo vivido. Declaró contra él en el juicio, pero vivió aterrada por la posibilidad de que él la mandara a matar. Se volcó a las adicciones y se perseguía por el estigma de su vida como trabajadora del mundo del sexo. Solo el tiempo le permitió ver que era la persona que había logrado detener al asesino y salvar a muchas mujeres que podrían haber sido nuevas víctimas. En 2026 habló con la prensa y reconoció que respiró aliviada cuando Hansen murió. Contó que tiene tres hijos adultos y varios nietos a los que ve y disfruta.

La historia de Robert Hansen dio origen a la película The Frozen Ground (2013) con Nicholas Cage y John Cusack y varios documentales. Inspiró, además, varios libros. Los más importantes: Butcher,Baker escrito por Walter Gilmour, que participó de la investigación, y Leland Hale y Fair Game, de Bernard DuClos, más centrado en lo que vivieron las víctimas.

La cantidad de X del mapa que el monstruo había marcado varía según las fuentes consultadas y cómo se interprete las marcas del plano. Algunas, mencionan 21; otras, hablan de 37. En cualquier caso más que las 17 víctimas identificadas. No todas las X eran del mismo tamaño ni tan evidentes. Este misterio, lamentablemente, parece que quedará sin resolver.

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Elizabeth Báthory gobernó castillos y tierras en la Hungría del siglo XVII, acumuló acusaciones de crímenes atroces y terminó encerrada en su propio castillo por razones que los historiadores vinculan tanto a la justicia como a la conveniencia política

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