
La historia de Dominique Bikaba y su defensa de los gorilas de Grauer y los pueblos indígenas en la República Democrática del Congo comienza marcada por la pérdida. Desplazado en su infancia por la creación del parque nacional Kahuzi-Biega, hoy encabeza la protección de tierras ancestrales y especies amenazadas. Indicó que el conflicto y la tala ilegal redujeron la población de gorilas a menos de un 25% en tres décadas, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
En el parque nacional Kahuzi-Biega, ubicado en el este de la República Democrática del Congo, Bikaba concentra sus esfuerzos en defender a los gorilas de Grauer y a las comunidades indígenas. Nació en Kivu del Sur y, siendo niño, su familia perdió sus tierras cuando la zona fue transformada en área protegida durante la década de 1970. Actualmente, lidera Strong Roots Congo, una organización dedicada a la conservación de la biodiversidad y la garantía de derechos ancestrales.
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En la región abunda la riqueza biológica y habita el gorila de llanura oriental, la subespecie más grande del mundo. La convivencia con la fauna marcó la infancia de Bikaba, quien aprendió de la comunidad Batwa sobre la vida en el bosque. La memoria del despojo y la adaptación a nuevas realidades lo llevaron a comprometerse con la conservación y la restitución de derechos.
El desafío de la conservación y el desplazamiento

De acuerdo con el medio británico The Guardian, la familia de Bikaba fue uno de los numerosos grupos desplazados cuando Kahuzi-Biega expandió sus límites. Este parque constituye el principal refugio del gorila de Grauer, que puede alcanzar los 250 kg y en la actualidad está en la lista de especies en peligro crítico de extinción, de acuerdo con la organización internacional de conservación Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
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A partir de esa experiencia personal, Bikaba inició su labor en conservación en 1992 tras un pedido de líderes comunitarios: “Mi abuela me enseñó a ser ‘un hombre’, pero mi madre pigmea me enseñó a convivir con el bosque”, recuerda. Más adelante, la llegada de refugiados ruandeses, la guerra y la violencia agravaron la crisis ambiental y humanitaria en el este del país.
El impacto de la guerra y la crisis ambiental
Desde entonces, la población de gorilas de Grauer experimentó una caída abrupta. Según datos de la UICN citados por el medio británico, en 1994 existían unos 17.000 ejemplares. Sin embargo, en 2016 los censos registraron apenas 3.800, lo que representa una drástica reducción. Bikaba lo resume así: “Desconocemos la situación actual de los gorilas”. Quizás después de la guerra, señala, logren evaluarlos y determinar su destino.
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Según el portal, la deforestación y la explotación de recursos impactan de manera directa en los ecosistemas y en el sustento local. “A veces salían del bosque y se alimentaban de nuestros cultivos. Los babuinos venían a por nuestros plátanos”, recuerda sobre la convivencia cotidiana con la fauna. El mercado de carbón vegetal en Murhesa es un ejemplo de la presión sobre los recursos naturales.

De acuerdo con la organización internacional de conservación, la tala, la quema y la caza para obtener carne silvestre complican la recuperación de la especie. El conflicto armado restringe las acciones de conservación y provoca desplazamientos constantes en la región.
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Nuevas estrategias comunitarias
En 2009, Dominique Bikaba fundó Strong Roots Congo para coordinar la protección del entorno natural y los derechos de las comunidades desplazadas. La organización trabaja con el Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza (ICCN), el organismo estatal, y fomenta la gestión compartida del territorio y la formalización de derechos consuetudinarios. Explica: “Lo que estamos haciendo es reunir a las comunidades para que puedan prosperar juntas, como lo hicieron durante siglos”.
Uno de los proyectos más ambiciosos conecta el parque Kahuzi-Biega con la reserva de Itombwe, buscando asegurar un millón de hectáreas para la fauna y los pueblos indígenas. El informe señala que Strong Roots Congo colabora en la creación de 23 bosques comunitarios, que suman cerca de 600.000 hectáreas. Este modelo integra saberes tradicionales y gestión moderna, y toma inspiración en experiencias latinoamericanas.
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Bikaba subraya: “Es fundamental que también mejoremos las condiciones de vida de la gente”. La protección de la biodiversidad se vincula estrechamente con la mejora social y la preservación cultural. La inseguridad y los desplazamientos dificultan el acceso a las zonas protegidas, pero la organización sostiene su compromiso.
El rol del conocimiento ancestral
Strong Roots Congo impulsa la integración del conocimiento indígena con herramientas de conservación contemporáneas. Para él, su labor es una forma de restitución y reparación. El Parque Nacional Kahuzi-Biega cumple una doble función: protege especies en riesgo y representa una historia compartida de resistencia.
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Bikaba objeta el enfoque de conservación que excluye a las poblaciones originarias: “Los conservacionistas occidentales afirman que las poblaciones indígenas destruyen el bosque porque son pobres, y existe una tendencia a separar a los animales de los humanos. Pero los humanos también formamos parte de la naturaleza. Hay mucha sabiduría que podemos aprender de las comunidades que habitan los bosques”.
La continuidad de los gorilas de Grauer y de los pueblos indígenas permanece amenazada mientras la violencia persista en el este del Congo. La conservación en esta región depende de la paz y de la inclusión de las comunidades en la gestión y defensa de sus territorios.
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