“Fui madre por mail”. Con esta frase, Antonela Bonazzola resumió el desenlace de un proceso complejo, marcado por la espera, la incertidumbre y un deseo de maternidad que desafió todos los obstáculos. A los 29 años, se casó convencida de que pronto sería madre, pero un diagnóstico inesperado complicó su sueño y la llevó a iniciar un largo camino de tratamientos. Hoy, su hija la acompaña tras una experiencia atravesada por la búsqueda de respuestas médicas, la subrogación de vientre y una travesía internacional en pleno conflicto bélico.
Sin sospechar ningún problema, Bonazzola se sometió a estudios médicos por recomendación de su padre y recibió el diagnóstico de perimenopausia a los 30 años. “Yo era perimenopáusica a los treinta años”, recordó en diálogo con Infobae en Vivo A las Nueve. La noticia detuvo su rutina y la obligó a iniciar el primer ciclo de tratamientos para lograr el embarazo, proceso que la marcó física y emocionalmente.
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Consultó a diferentes clínicas especializadas en fertilidad. “Mi carpeta a lo largo del tiempo era mi nombre y diagnóstico: infertilidad”, rememoró. En la primera institución que asistió, se sometió a cuatro tratamientos y todos resultaron negativos. “Con cada negativo llorás el anterior y el anterior y el anterior”, expresó.

El desgaste emocional y la decisión de buscar alternativas
Bonazzola habló sobre el impacto emocional del proceso y la repercusión en su entorno. “Lo que a mí más me pasaba era la cara de pena de la gente, de mis viejos, de mis hermanos; que la gente está esperando que a vos te vaya bien y vos tener que darle la noticia de que te fue mal”. Con el paso del tiempo, dejó de compartir los resultados porque sintió que el dolor se volvía cada vez más íntimo.
Al referirse a los tratamientos, subrayó el efecto en la pareja y la relación entre ambos: “En los tratamientos de fertilidad la mujer siente que hace todo, que lo deja todo y no alcanza. Y a su vez, si tenés la suerte, o al menos como me pasó a mí, de tener un compañero que la veía de afuera y me bancaba a mí, pero él se iba al auto a llorar, lloraba cuando se bañaba, porque él también lo sufría. No podía hacer más de lo que hacía”. También evaluaron la posibilidad de la adopción.
Cambio de rumbo: la búsqueda internacional y la experiencia en Ucrania
Bonazzola exploró la opción clínica internacional. “Yo necesitaba que a mí me digan: ‘Antonela, este camino es difícil. Antonela, necesitás hacer esto’. Yo no tenía miedo a que me digan: ‘Sos infértil, tenés que ir por otro lado’. Me dolía más el que me digan: ‘Sigamos intentando’ y seguir en esta rueda de perder vida en el camino”.

Realizó dos tratamientos más y en 2021 logró congelar un embrión. Una seguidora le recomendó investigar la alternativa del vientre subrogado en Ucrania. Contó: “Yo no lo tenía en mi radar. Mi bebé nació en Ucrania”.
Consideró Estados Unidos como alternativa, pero el proceso allí resultaba mucho más complejo y costoso. “En Estados Unidos lo que me sucedía es que todo lo tenés que hacer vos. Hasta en muchos casos buscarte tu gestante, un estudio jurídico que te haga los papeles, un gestor, un traductor, todo lo tenés que hacer vos. Y todo lo que te puede pasar por fuera no está contemplado... Además de que es un treinta por ciento más caro”.
En Ucrania, la legislación exige que la pareja sea heterosexual y casada. Bonazzola detalló: “Por ley del país, tiene que ser una pareja heterosexual casada. Hay muchas parejas que se casan para este proceso. Yo tuve que mandar todo mi historial médico y una carta de mi médico que explicaba que yo no podía quedar embarazada”.

El procedimiento fue coordinado junto al Ministerio de Salud, que facilitó el envío del embrión criopreservado. “Yo lo envié en junio y a mí me mandaron un mensaje: ‘Antonela, vamos a hacer la transferencia el 28 de julio. Ya tenemos gestante para vos’. Ellos fueron buscando, a partir de que yo firmé contrato con todos nuestros estudios, la gestante”.
Un embarazo a distancia y los desafíos de la guerra
La transferencia resultó exitosa y la noticia llegó por correo electrónico. Bonazzola compartió: “Me mandaban los mails o las conversaciones las empezábamos a nuestro mediodía. Yo en ese momento tenía un trabajo de siete a una, que yo había jurado que si quedaba embarazada, renunciaba a ese trabajo. 07.23 me mandan un WhatsApp: ‘Antonela, le hemos enviado un mail’. Abrí el mail. ‘Enhorabuena, estáis embarazados’”. y explicó: “Fui mamá por mail”.
Tras recibir la confirmación, vivió los meses del embarazo a la distancia. Armó el cuarto, compró la ropa y esperó el nacimiento. En enero, un alerta médico la obligó a prepararse para un posible parto prematuro: “Me mandan un mensaje: ‘Antonela, no te preocupes, no es grave, pero a la gestante se le acortó el cuello del útero y tuvo que entrar a quirófano a ponerse un pesario’”.

La fecha estimada de parto era el 10 de abril. Sin embargo, el 14 de marzo, Bonazzola recibió la noticia: “Me llega un WhatsApp: ‘Enhorabuena, 17. 17 h. nació su niña’”.
El reencuentro con su hija y el regreso a casa
Bonazzola viajó de emergencia junto a su marido, cruzó la frontera en tren y enfrentó controles estrictos. “Dieciséis horas de tren con tres controles de pasaporte. El tren tiene diez vagones para civiles y dos para armamento militar. Por eso atacan los trenes”, detalló. Al llegar a Ucrania, se refugió en un departamento, esperó a su hija y finalmente pudo conocerla.
“‘Entre las 13.30 media llega tu bebé’, me decían. Ni dormí, ni comí, agarrada de la mano de mi marido, los dos mirando un punto fijo sin hablar. Toca la puerta y me dicen: ‘Bueno, suba, la está esperando su bebé’. Abrí la puerta y se dio vuelta una señora y me dijo: ‘Tomá’. Y todo cambió”, rememoró emotiva.
El regreso incluyó el cruce de la frontera hacia Polonia y la llegada a casa con Georgia, su hija, tras varios días de trámites y controles migratorios.
Reflexión sobre el proceso de subrogación
Bonazzola calificó la experiencia como positiva y subrayó la diferencia con lo que ocurre en Argentina: “En Ucrania se paga el tratamiento efectivo y exitoso. Vos pagás como si fuera un pack de cinco intentos, de ocho intentos o de ilimitado. A partir del tercer tratamiento negativo, la clínica empieza a perder plata. Ellos necesitan que quedes embarazada o tengas tu bebé”.

“Lo volvería a hacer porque la clínica trabaja muy bien, porque es un servicio llave en mano. Desde que firmás el contrato, ellos te hacen todo: la reunión con la embajada, el registro civil, las traducciones, te acompañan, te mandan un chofer, todo. Nosotros no hicimos absolutamente nada, que para alguien que ya llega emocionalmente muy cansado está bueno. Pero en el momento en el que te dan tu bebé, lo único que querés es irte a tu casa”, concluyó Bonazzola, convencida de que su testimonio puede ayudar a otras personas en la misma situación.
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