
Birmingham es una de las ciudades más importantes en Inglaterra. Situada en el corazón de la nación, cuenta con más de un millón de habitantes y una vasta tradición futbolera gracias al Birmingham City FC y el Aston Villa, dos equipos históricos que componen el denominado Second City Derby.
Al ser uno de los encuentros más calientes y con mayor rivalidad, ha dejado escenas que perduraron en el tiempo y a día de hoy explican el odio que sienten mutuamente. Desde 1879 se disputa oficialmente el clásico y, para finales y principios del siglo XX, la relación con los gánsteres marcaba la agenda.
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Los Blues, ubicados en el centro de la ciudad, compartieron vínculo con la reconocida banda de los Peaky Blinders, ligada históricamente al contexto social de la localidad en aquella época. Con las carreras de caballos como principal atracción, el fútbol se estaba consolidando como un pasatiempo popular en las clases trabajadoras influenciadas por estos grupos.

Tanto el club como la banda surgieron en los mismos barrios industriales y marginales, donde la violencia, el desempleo y la vida comunitaria eran moneda corriente. Así fue como se construyó una relación con los hinchas, contribuyendo a la construcción de una identidad marcada por la pasión y el vandalismo.
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El robo de los Peaky Blinders
En la historia futbolística inglesa, la FA Cup emerge como el torneo más añejo y con mayor tradición. En 1895, el Aston Villa se consagró por segunda vez al ganar por 1 a 0 ante el West Bromwich Albion en Crystal Palace, Londres. Aquella tarde, Bob Chatt anotó el único gol a los 30 segundos y llevó el trofeo hacia Birmingham, que fue exhibido con orgullo y desencadenó una de las historias más singulares del deporte.
El trofeo, que conserva rasgos de la estructura original, había sido fabricado por 20 libras esterlinas (3000 dólares actuales aproximadamente) por los plateros Martin, Hall & Co de Sheffield, según el Museo Nacional del Fútbol (NFA). Esta copa, según reconstruyó la BBC, fue presentada en la tienda de deportes William Shillcock, en el centro de la ciudad, para que los hinchas pudieran verla de cerca. Sin embargo, esta decisión marcó el inicio del destino del tan preciado objeto.
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Durante la madrugada del 11 de septiembre, un grupo de personas, afines a la banda criminal, ingresó al local y sustrajo la copa sin dejar rastro. El robo fue descubierto al día siguiente, desencadenando una búsqueda infructuosa por parte de la policía local. Tanto el propietario de la tienda como el club solicitaron la colaboración ciudadana durante semanas y ofrecieron una recompensa de 10 libras a quienes aportaran información relevante, pero nadie pudo aportar datos que permitieran recuperar el trofeo.
Como consecuencia del incidente, la Federación Inglesa de Fútbol (FA) impuso una multa de 25 libras esterlinas al Aston Villa, ya que el trofeo se encontraba bajo su custodia cuando fue sustraído. Este hecho generó descontento en el club, que además debió afrontar el descrédito y la presión de resolver el caso ante una afición que seguía reclamando el preciado símbolo del triunfo.
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Qué sucedió con el trofeo robado por los Peaky Blinders
Tras el robo, la copa original nunca volvió a ser vista y los intentos de recuperación e investigación fracasaron. De este modo, la directiva de los Villanos solicitó a la FA la fabricación de una nueva copa que sustituyera a la original. De este modo, la empresa escogida para esta tarea fue Vaughtons, una orfebrería de Birmingham con vínculos históricos con el club. La elección no fue casual: Howard Vaughton, nieto del fundador de la empresa y socio de la misma en ese momento, había sido campeón de la FA Cup con el Aston Villa en 1887, lo que reforzaba el lazo entre la orfebrería y la historia del club.
La tarea de reproducir fielmente el trofeo robado se facilitó porque, tres años antes, la empresa había realizado un molde de yeso de la copa original para fabricar una miniatura destinada al club Wolverhampton Wanderers, otro de los ganadores de la zona. Así, la nueva copa fabricada en Birmingham mantuvo la esencia y el diseño de la desaparecida.
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La copa fabricada por Vaughtons se utilizó oficialmente hasta 1910, cuando fue entregada al presidente de la FA, Lord Kinnaird, y reemplazada por un nuevo trofeo producido en Bradford. De este modo, la versión surgida tras el robo quedó integrada en la historia del fútbol inglés como un símbolo de resiliencia y continuidad institucional.
Décadas después del robo, nuevos testimonios y confesiones arrojarían luz sobre el destino de la copa desaparecida. A finales de la década de 1950, un delincuente de poca monta oriundo de Birmingham, entonces octogenario, aseguró que él y otros dos cómplices habían perpetrado el robo y fundido la copa para fabricar monedas falsas de media corona. Según el Museo Nacional del Fútbol (NFA), el hombre afirmó que parte del dinero falsificado se gastó en un pub regentado por Dennis Hodgetts, exjugador del Aston Villa y campeón del torneo tanto en 1887 como en 1895.
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Aunque el hombre manifestó que deseaba aliviar su conciencia con esta confesión hecha a un periodista, la veracidad de su relato nunca pudo ser probada. Paralelamente, relatos familiares recogidos años después identificaron a John ‘Stosher’ Stait como uno de los integrantes del grupo responsable del robo, información confirmada por sus nietos y otros descendientes.
El trofeo original nunca fue recuperado, convirtiéndose en la única copa auténtica cuyo paradero sigue siendo un misterio en la larga historia de la FA Cup. A pesar de ello, el Aston Villa continúa exhibiendo con orgullo la réplica fabricada tras el suceso, manteniendo viva la memoria de un episodio que marcó la historia del fútbol inglés.
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