El pediatra y psiquiatra Johann ‘Hans’ Friedrich Karl Asperger (1906-1980) fue durante décadas considerado una figura central en la historia del autismo. La condición que describió en 1944 recibió su nombre y apareció en los principales manuales de diagnóstico. El 18 de febrero, fecha de su nacimiento, se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger.
No fue hasta 1981 que la reconocida psiquiatra Lorna Wing introdujo el término síndrome de Asperger en un artículo de la revista Psychological Medicine. A partir de ese momento, el síndrome se popularizó y finalmente se incorporó al DSM en 1994.
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El síndrome de Asperger fue definido como un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades en la interacción social y patrones de comportamiento e intereses restringidos o repetitivos, sin retraso significativo en el desarrollo del lenguaje ni en la capacidad intelectual. Desde 2013, con la publicación del DSM-5, dejó de considerarse un diagnóstico independiente y pasó a integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Para muchos, Hans Asperger representaba la cara benévola de la psiquiatría, un hombre que, según se creía, salvó a niños del régimen nazi. El hallazgo documental presentado por el historiador austríaco Herwig Czech en el simposio celebrado en el Ayuntamiento de Viena de 2010 sorprendió a los asistentes, entre quienes se encontraban la hija y los nietos de Asperger. En el mismo encuentro en que expertos internacionales analizaban los más recientes estudios sobre el síndrome de Asperger, Czech interrumpió el ambiente de homenaje cuando detalló los resultados de su investigación y rompió con la imagen tradicionalmente positiva del famoso psiquiatra. En ese escenario, expuso los avances de su investigación, que generó el primer gran impacto.
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Las pruebas documentales revelaron que el pediatra austríaco Hans Asperger estuvo vinculado y colaboró con estructuras del programa de eutanasia infantil impulsado por el nazismo en Austria.
El estudio del historiador Herwig Czech, publicado formalmente en 2018 en la revista Molecular Autism, estableció por primera vez, con evidencia directa, la colaboración de Asperger con las políticas eugenésicas y de exterminio del Tercer Reich, desmintiendo la imagen de tolerancia que durante décadas acompañó al médico.
Colaboración activa con el régimen nazi

La investigación dirigida por Herwig Czech, de la Universidad de Viena, accedió a informes escritos por Asperger entre 1928 y 1944. Entre estos documentos figura una carta fechada en 1938, en la que Asperger remite a la niña Herta Schreiber al centro Am Spiegelgrund en Viena. Durante la ocupación nazi, el envío de un niño a una institución como esa equivalía, según Edith Sheffer, historiadora de la Universidad de California Berkeley, a firmar una sentencia de muerte.
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Am Spiegelgrund, parte del hospital Steinhof, se ganó la reputación de ser uno de los establecimientos más letales del programa, donde al menos 800 niños murieron tras ser sometidos a sobredosis de sedantes y prolongados ayunos. En declaraciones tras publicar su investigación, Czech explicó: “La investigación repasa la vida y el trabajo de Asperger y demuestra por primera vez, con documentos, sus vínculos con el nacionalsocialismo”.
El historiador aseguró que Asperger supo adaptarse al régimen nazi en Viena y obtuvo oportunidades profesionales gracias a sus muestras de lealtad. Entre ellas se documenta que Asperger llegó a firmar informes de diagnóstico con la expresión “Heil Hitler” y, en un documento de 1940, expresó su conformidad con las leyes raciales y de esterilización implementadas por el Tercer Reich. Además, Czech señaló que el médico integró una comisión que evaluó a unos 200 pacientes del área infantil; al menos 35 de los menores considerados ‘no educables’ fueron posteriormente derivados al programa de eutanasia Aktion T4.
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El investigador sostiene que los escritos y recomendaciones de Asperger contribuyeron al traslado y muerte de decenas, sino centenares, de niños identificados por los nazis como “defectuosos” o una carga para el Estado.
Cambios de postura y adaptación al contexto nazi
El entorno en Austria se transformó radicalmente tras la anexión alemana en 1938. Según Sheffer, Asperger comenzó a utilizar en sus diagnósticos términos como crueldad, malicia o rasgos sádicos para describir a ciertos niños, postura que coincidió con la intensificación de las políticas de eugenesia del régimen.
Steve Silberman, autor de un libro sobre autismo, recordó en la Red de Radio Pública de Estados Unidos que los médicos debían reportar obligatoriamente a los niños discapacitados y que los estudiantes de medicina recibían entrenamiento para administrar inyecciones letales y falsificar certificados de defunción. No tolerar la disidencia era la norma.
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Aunque Asperger nunca se afilió formalmente al partido, sí se integró a círculos profesionales afines. Sus vínculos con destacados representantes del programa de eutanasia en Viena, incluido el director de Am Spiegelgrund, reforzaron su posición en la medicina local.
El director de la clínica infantil donde Asperger trabajaba, Franz Hamburger, fue un ferviente defensor de la ideología nazi y llegó a protegerlo de ser detenido por la Gestapo en dos ocasiones.
Los autores John Donvan y Caren Zucker, en su libro sobre el espectro autista, subrayan la cercanía de Asperger con la ideología nazi, validada por los documentos descubiertos por Czech y la correspondencia que el médico firmaba con el tradicional saludo del régimen.
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Eutanasia infantil y la expansión del espectro autista
La eutanasia infantil se implementó en Alemania y Austria desde julio de 1939, con el objetivo explícito de eliminar a quienes los nazis calificaban como “vida indigna de ser vivida”. Sheffer señala que al menos 5.000 niños murieron en estos programas, la mayoría después de haber sido trasladados a pabellones especiales en centros como Am Spiegelgrund.
Los fallecimientos ocurrían por sobredosis administradas deliberadamente por el personal. Asperger, según la exhaustiva revisión documental de Sheffer, recomendó la transferencia de decenas de niños que terminaron allí. A pesar de este oscuro historial, una interpretación posterior consideró a Asperger como un posible protector de niños con condiciones neurológicas, debido a informes aislados en los que argumentó que el autismo demostraba la capacidad de adaptación de “personalidades anormales”.
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En 1943, expresó que era obligación defender a estos niños y sus aportes teóricos impulsaron, décadas después, la formulación del concepto de espectro autista. La psiquiatra Lorna Wing, inspirada en su obra, amplió la definición y ayudó a disociarla de la idea de psicosis infantil.
El estudio de Czech ha reconfigurado la valoración histórica de Hans Asperger. Si bien tras la guerra predominó la creencia de que no solo no colaboró, sino que incluso habría protegido a algunos pacientes, la revisión documental lo desmiente, mostrando su rol como parte estructural de los equipos médicos implicados en decisiones de vida o muerte sobre menores.
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Ante la pregunta sobre si corresponde cambiar el nombre del síndrome, Czech declaró a la agencia Efe: “Simplemente deberíamos ser conscientes del contexto histórico que hay detrás de su origen, pero no borrarlo de nuestro vocabulario”.
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