La historia real de Desmond Doss, el soldado que rescató a 75 compañeros sin disparar una sola bala, transformó la percepción del heroísmo en la guerra.
Miembro del cuerpo médico del ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, Doss salvó bajo fuego enemigo a decenas de soldados en la batalla de Okinawa, el 5 de mayo de 1945, sin portar armas.
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Este episodio lo convirtió en el primer objetor de conciencia en recibir la Medalla de Honor, según el portal de divulgación histórica National Geographic.
Infancia y convicciones religiosas

Nacido el 2 de febrero de 1919 en Lynchburg, Virginia, Doss creció en el seno de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
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Desde niño, las enseñanzas bíblicas, especialmente el mandamiento de “no matarás”, marcaron su carácter y fundamentaron su rechazo a la violencia, incluso durante el conflicto.
Su ingreso al ejército estadounidense en 1942 estuvo marcado por el acoso y las burlas de superiores y compañeros, quienes desconfiaban de su negativa a portar armas. Aunque la condición de objetor de conciencia contaba con reconocimiento legal, Doss sufrió agresiones verbales y desprecio durante el entrenamiento, resistiendo gracias a su fe.
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La batalla de Okinawa: heroísmo sin armas

El destino de Doss en el cuerpo médico de la 77 División de Infantería resultó determinante. Tras llegar a la isla de Guam, demostró su valor al atender y salvar vidas en situaciones extremas. Quienes antes lo rechazaban comenzaron a respetar la entrega con la que socorría a los heridos en los combates más intensos.
Durante la batalla de Okinawa, Doss enfrentó el momento más severo de su carrera militar. Bajo el fuego japonés, salió al campo para auxiliar a los heridos, extrayendo a cada soldado de las zonas de mayor peligro y cargándolos sobre sus hombros, como relató National Geographic. Gracias a su tenacidad, salvó la vida de 75 compañeros.
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Reconocimiento y legado
Semanas después, el 21 de mayo, una granada lo hirió gravemente y, más tarde, recibió un disparo en el brazo. Antes de ser evacuado, pidió que trasladaran primero a un compañero más grave. Herido y con recursos limitados, improvisó una férula con un fusil abandonado y logró arrastrarse hasta el hospital militar.

Por estos hechos, el presidente Harry S. Truman le otorgó la Medalla de Honor en una ceremonia celebrada el 12 de octubre de 1945. Truman expresó: “Estoy orgulloso de ti. Realmente te lo mereces. Considero que esto es un honor más grande que ser presidente”.
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Doss, primer objetor de conciencia en recibir este reconocimiento, insistió en que actuó conforme a sus principios y citó el Evangelio: “Siento que recibí la Medalla de Honor del Congreso porque guardé la Regla de Oro que leemos en Mateo 7:12. ‘Todo lo que quisieras que te hicieran los hombres, hazlo así con ellos’”, según recogió National Geographic.
Compañeros como Fred Headrick, presente en Okinawa, resaltaron la singularidad del caso: “La mayoría de todos ellos recibieron su medalla por matar a alguien. Mi amigo recibió la suya por haber salvado vidas”.
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Vida después de la guerra

Fuera del campo de batalla, Doss mantuvo activo su vínculo con la Iglesia Adventista y participó en labores benéficas.
En su honor, una autopista de Georgia lleva su nombre y, en 2016, la película Hasta el último hombre llevó su historia al cine. Tras la guerra, enfrentó problemas de salud como la tuberculosis, vivió hasta los 87 años y murió el 23 de marzo de 2006 en Tennessee.
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La humildad caracterizó a Desmond Doss. Siempre minimizó su hazaña, adjudicándose menos rescates de los que acreditaba el ejército estadounidense, mientras el reconocimiento social crecía con el tiempo, como subraya National Geographic.
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