
Para millones de personas, el DeLorean DMC-12 es sinónimo de la máquina del tiempo más famosa del cine debido a la trilogía Volver al Futuro. El auto, con sus puertas de ala de gaviota que se abrían hacia arriba y su diseño futurista, se transformó en un símbolo cultural, aunque en su momento fue un fracaso comercial. Detrás de este icono estuvo John DeLorean, un ingeniero que apostó por la innovación y terminó asociado tanto a la fama como al escándalo.
Los orígenes de John DeLorean y su ascenso industrial
John Zachary DeLorean nació el 6 de enero de 1925 en Detroit, en el seno de una familia de inmigrantes rumanos y húngaros que trabajaban en fábricas en la ciudad. Creció en un entorno marcado por la precariedad y las dificultades familiares.
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Desde joven, demostró aptitud para los estudios. Ingresó al Instituto Tecnológico Lawrence y luego obtuvo títulos en ingeniería y administración. Tras desempeñarse brevemente en la venta de seguros, inició su carrera en 1952 en Packard Motor Car Company. En cuatro años, pasó a General Motors (GM), donde su talento lo llevó a dirigir la división Pontiac.
Allí fue responsable de instalar un motor V8 de alto rendimiento en modelos como el Bonneville y el Tempest, creando los primeros autos deportivos de gran potencia. DeLorean fue ascendiendo: primero gerente general en Pontiac y luego vicepresidente de GM. Su estilo de vida, excéntrico y distinto al tono conservador de la empresa, lo hizo destacar e incluso, estuvo a detalles de dirigir la automotriz, recogió All Interesting.
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Tras años de desacuerdos con la cultura empresarial, el ingeniero buscó nuevos desafíos. “Siempre fantaseé con lo que haría si pudiera fundar mi propia empresa para diseñar y fabricar mi coche personal ideal”, escribió en su autobiografía. Así nació la DeLorean Motor Company en 1975, con el objetivo de fabricar un “automóvil ético” que equilibrara seguridad, sostenibilidad y diseño.
El DMC-12: del fracaso al legado
La apuesta empresarial de DeLorean tomó forma en 1981, cuando abrió una planta en Dunmurry, Belfast (Irlanda del Norte), impulsada por una inversión de USD 120 millones del gobierno británico y respaldada por figuras del espectáculo como Johnny Carson y Sammy Davis Jr. Esta nueva etapa en su vida se caracterizó por el riesgo, ya que el ingeniero abandonó Detroit, ciudad conocida por la innovación en el rubro, y se mudó a Gran Bretaña.
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El DMC-12, diseñado por Giorgetto Giugiaro, aspiraba a revolucionar tanto la estética como la tecnología automotriz. Sin embargo, la producción estuvo plagada de obstáculos. Las dificultades para encontrar técnicos y proveedores, agravadas por el contexto social de Irlanda del Norte, elevaron los costos operativos, destacó All Interesting.
Los primeros DMC-12 tenían problemas notables, como desalineación en las puertas de ala de gaviota y fallos eléctricos, lo que afectó su reputación desde el principio. El precio de venta, USD 25.000, resultó alto frente a la media del mercado, situada en unos USD 10.000.
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A pesar de la inversión y las expectativas, solo se fabricaron unas 9.000 unidades, de las cuales se vendieron cerca de 6.000 durante el primer lanzamiento. Barrie Wills, director de ventas de la compañía, confesó: “El problema más grande que teníamos es que el primer plan de negocios que desarrollamos apenas el proyecto llegó a Irlanda del Norte nos dejó en claro que nos íbamos a quedar sin plata el día que fabricáramos el primer auto”. Las deudas aumentaron. El sueño se desplomó y la empresa fue declarada en quiebra en 1982.
Irónicamente, el DMC-12 alcanzó su consagración definitiva tres años después, cuando en 1985 la película “Regreso al Futuro” lo transformó en mito. Su aparición en el cine le otorgó un estatus de culto y, en la actualidad, su rareza y valor simbólico hacen de él una pieza de colección. Incluso, algunos ejemplares restaurados llegan a valores cercanos a USD 100.000, recogió la revista.
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Escándalos judiciales
Mientras el auto ganaba fama mundial, la situación de DeLorean se precipitaba. A comienzos de los años 80, la empresa acumulaba grandes pérdidas y el futuro era incierto. En 1982, el ingeniero se vio involucrado en una operación encubierta del FBI y la DEA. James Hoffman, antiguo vecino y entonces informante del buró, le propuso un negocio de tráfico de cocaína valorado en USD 24 millones con la promesa de obtener fondos para salvar la compañía.
“Cuando me ofrecieron la oportunidad de obtener el dinero para salvar la empresa, lo consideré. Fue un error terrible, pero en ese momento, con 2.600 empleos en juego, parecía que no tenía otra opción”, aseguró, según declaraciones recogidas por ABC. La operación concluyó con la detención de DeLorean en un hotel de Los Ángeles mientras inspeccionaba una maleta llena de cocaína.
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El proceso judicial fue un espectáculo mediático. La defensa sostuvo que el hombre fue víctima de una trampa por parte de las autoridades y el informante. En agosto de 1984, fue absuelto de todos los cargos, pero su imagen pública y la empresa ya estaban arruinadas. Posteriormente, enfrentó acusaciones por malversación y fraude, de las que también resultó absuelto, aunque nunca consiguió restaurar su reputación ni su fortuna.
En la última etapa de su vida, intentó sin éxito regresar al mundo empresarial y defendió su legado. Falleció el 19 de marzo de 2005 en Summit, Nueva Jersey, a los 80 años, tras sufrir un derrame cerebral. Su fama quedó ligada para siempre al éxito inmortal del DMC-12 y marcada por la controversia. Al morir, su figura provocaba opiniones divididas entre quienes colaboraron con él y en la memoria de la industria automotriz y la cultura pop.
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