
Alvin “Creepy” Karpis y los hermanos Barker sembraron el terror en los años treinta con una seguidilla de robos, secuestros y sangrientos choques con la policía que coparon los titulares de la época y marcaron a fuego la era del crimen durante la Gran Depresión.
El 1° de mayo de 1936, la cacería llegó a su fin en Nueva Orleans, cuando el entonces director del FBI, J. Edgar Hoover, capturó a Karpis. El destino del delincuente fue Alcatraz, donde pasó 26 años tras las rejas, mientras la banda Barker-Karpis quedaba en la historia como uno de los grupos criminales más perseguidos de Estados Unidos.
La historia comenzó en Minnesota en 1933, cuando la banda secuestró a William A. Hamm, Jr., presidente de la cervecería Theodore Hamm, quien fue sorprendido al salir de su oficina, capturado y trasladado a Wisconsin. Allí lo obligaron a firmar notas de rescate por más de USD 100.000. La banda lo retuvo en un escondite de Illinois hasta recibir el dinero y luego lo dejó en libertad en las afueras de Wyoming, Minnesota.
El FBI utilizó tecnología pionera para resolver el caso. De acuerdo con fuentes oficiales, los agentes recuperaron huellas dactilares latentes de las notas de rescate mediante el método del nitrato de plata, lo que permitió identificar a Alvin Karpis, “Doc” Barker y otros miembros del grupo. Este avance marcó un antes y un después en la investigación criminal en Estados Unidos.

Secuestros y nuevas técnicas forenses
Según informes del FBI, la utilización del nitrato de plata en el caso Hamm representó la primera aplicación exitosa de extracción de huellas latentes en pruebas forenses. Los científicos aprovecharon la presencia de sudor, rico en sal, en las huellas ocultas.
Al aplicar nitrato de plata, el cloruro de sodio reaccionó y formó cloruro de plata, una sustancia blanca visible a simple vista. Las pruebas incriminaron de manera contundente a la banda.
En enero de 1934, la banda volvió a actuar. Esta vez secuestró a Edward George Bremer Jr., un banquero adinerado de St. Paul que pasó tres semanas en cautiverio hasta que su familia pagó un rescate de USD 200.000. Aunque no identificó a los secuestradores, aportó datos relevantes a la investigación.
La policía local encontró una huella de “Doc” Barker en una lata de gasolina abandonada cerca de la ruta del secuestro. A partir de esa pista, las autoridades vincularon a Fred Barker, Harry Campbell, Fred Goetz, Russell Gibson, Volney Davis y otros miembros de la banda con el delito.

El declive y la dispersión del grupo
Tras el secuestro de Bremer, la banda comenzó a desmoronarse. Algunos miembros huyeron a Cuba, mientras otros recurrieron a cirugías clandestinas para borrar sus huellas dactilares y eludir a la justicia. En paralelo, los cómplices repartieron el botín y buscaron formas de blanquear el dinero del rescate. En septiembre de 1934, Fred Barker y Harry Campbell asumieron identidades falsas y se instalaron en un hotel de Miami junto a Kate “Ma” Barker, la figura materna y estratégica del clan.
En noviembre, la familia Barker se trasladó a una cabaña en el lago Weir, Florida, intentando desaparecer del radar federal. Pero el cerco se cerró rápido: en diciembre, el FBI arrestó a “Doc” Barker en Chicago y, ese mismo día, detuvo a allegados de Russell Gibson. Gibson se resistió armado y murió en un tiroteo con los agentes. En su apartamento, los federales encontraron armas, municiones y un mapa de Florida con el lago Weir señalado, una pista clave.
Con esas pruebas, el FBI identificó la cabaña como el nuevo escondite de los Barker, marcando el comienzo del tramo final de la persecución.

El asedio final en Florida
El 16 de enero de 1935, poco después de las 5, un grupo de agentes rodeó la casa en Ocklawaha y exigió la rendición de los ocupantes. Nadie respondió. Los agentes insistieron y, ante el silencio, lanzaron granadas de gas lacrimógeno. Desde el interior, respondieron con disparos de ametralladora.
Durante más de una hora, el fuego cruzado dominó el ambiente. A las 10:30, cesaron los disparos. Los agentes ingresaron y hallaron los cuerpos de Fred y Kate “Ma” Barker. El enfrentamiento marcó el fin de la resistencia armada de la banda en Florida.
El FBI recuperó un importante alijo de armas y municiones en la vivienda. El episodio consolidó la reputación de la agencia en la lucha contra el crimen organizado. De acuerdo con el archivo histórico de la institución, el operativo de Ocklawaha fue uno de los más notorios de la época.

El arresto de Alvin Karpis y el cierre del caso
Alvin Karpis, el cerebro de la banda, logró evadir la captura durante meses. La presión aumentó tras el testimonio del senador Kenneth McKellar, quien cuestionó a Hoover sobre su participación en arrestos. El director del FBI decidió intervenir personalmente en la siguiente gran captura.
El 1 de mayo de 1936, Hoover viajó a Nueva Orleans tras recibir información sobre el paradero de Karpis. Cuando el criminal salió de su apartamento, los agentes lo interceptaron. Hoover ordenó esposarlo, pero nadie tenía esposas. Un agente improvisó con su corbata. El FBI finalmente atrapó a su objetivo más buscado.
En cuestión de horas, Hoover trasladó a Karpis a St. Paul, donde el gánster se declaró culpable del secuestro de Hamm y recibió cadena perpetua. Karpis pasó veintiséis años en Alcatraz antes de obtener la libertad condicional a fines de los años sesenta.
La caída de la banda Barker-Karpis cerró uno de los capítulos criminales más notorios de la historia de Estados Unidos, dejando un legado marcado por la violencia, la astucia criminal y los avances en la investigación forense.
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