
En una pequeña ciudad de Cataluña, el 11 de mayo de 1904, nació un niño que con el tiempo se convertiría en uno de los artistas más reconocidos y excéntricos del siglo XX.
Era el segundo hijo de una familia de clase media. Su hermano mayor había muerto 9 meses antes de que naciera él a causa de un catarro gastroenterítico infeccioso. Al nacer, sus padres decidieron darle exactamente el mismo nombre que al hermano fallecido.
Aquel hecho marcó profundamente su infancia.
Cuando tenía apenas cinco años, sus padres lo llevaron al cementerio y le dijeron algo que lo acompañaría durante toda su vida: que él era la reencarnación de su hermano muerto. Durante años llegó a creerlo.
Más tarde recordaría esa sensación extraña de identidad compartida y diría que ambos eran como “dos gotas de agua, aunque reflejaban cosas distintas”. Incluso llegó a pensar que él era una versión mejorada de aquel hermano que nunca conoció.
Su padre era un abogado y notario respetado y de carácter severo, mientras que su madre tenía una personalidad más cálida y alentaba los intereses artísticos del niño.
Y esos intereses aparecieron muy temprano.
A los 12 años comenzó a estudiar en la Escuela Municipal de Dibujo de su ciudad. Su talento era notable. Poco tiempo después, su padre organizó una exposición de sus dibujos en carbonilla en la casa familiar.
A los 14 años, el joven artista ya participaba en exposiciones colectivas de artistas locales y también en una muestra en Barcelona patrocinada por una universidad, donde incluso recibió un premio.
Durante su adolescencia también mostró interés por la literatura y la reflexión artística. Junto con varios compañeros editó una revista llamada Studium, donde publicaban ilustraciones, poemas y artículos sobre grandes maestros de la pintura como Goya, Velázquez y Leonardo da Vinci.
Pero la vida también le dio un golpe devastador.
En 1921, cuando tenía 16 años, su madre murió a causa de un cáncer de útero. Aquella pérdida lo marcó profundamente. Años después recordaría ese momento como “el golpe más fuerte” que había recibido en su vida.
Ese mismo año se trasladó a Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció a jóvenes artistas y cineastas que más tarde se volverían muy influyentes.
Poco tiempo después comenzaba a formarse en Europa un movimiento artístico revolucionario que buscaba explorar los sueños, lo irracional y el mundo del subconsciente: el surrealismo.
El joven catalán no solo se sumaría a ese movimiento, sino que terminaría convirtiéndose en una de sus figuras más célebres.
A lo largo de su carrera experimentó con múltiples disciplinas: pintura, escultura, ilustración e incluso cine. Su estilo, su imaginación y su personalidad extravagante lo transformaron en un símbolo cultural del siglo XX.
Respuesta: el niño de la foto es Salvador Dalí
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