
Hace casi cinco años, en 2020, un hecho fuera de lo común sorprendió al mundo entero: un maestro proveniente de una remota zona de la India fue galardonado con el Premio Global al Maestro y tomó la decisión inédita de repartir la mitad de un millón de dólares entre sus colegas finalistas.
El Premio Global al Maestro, otorgado anualmente por la Fundación Varkey, representa una distinción sin igual en el campo educativo y reconoce la labor de docentes excepcionales que elevan los estándares de enseñanza y propician el cambio social. La distinción fue creada para echar luz sobre el impacto de los maestros en la vida de las personas y las comunidades. Se organiza bajo el auspicio de la Fundación Varkey —una organización sin fines de lucro con sede principal en el Reino Unido— en alianza con la UNESCO, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la educación, la ciencia y la cultura.
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La estructura del premio contempla una selección rigurosa de candidatos procedentes de todo el mundo. Participan unos 12.000 maestros provenientes de más de 140 países. En cada edición, tras un proceso exhaustivo de evaluación, el jurado selecciona a diez finalistas que demuestran un compromiso extraordinario con la innovación, la equidad y la mejora de la calidad educativa en contextos adversos.

El caso del maestro Ranjitsinh Disale trascendió los límites del aula. Su llegada, en 2009, a la Escuela Primaria Zilla Parishad en Paritewadi, una pequeña aldea del estado indio de Maharashtra, lo enfrentó de inmediato a una realidad dura: la deserción escolar de las niñas era la norma, las aulas se encontraban invadidas por ganado y el edificio apenas podía llamarse escuela. “El primer día fue impactante”, relató Disale. Su aula estaba invadida por vacas y búfalos. Un agricultor la había transformado en un establo y se negaba a retirarse. “Tuve que presentar una denuncia policial”, recordó el maestro. “Me gritaba y me tiraba piedras a la moto”.
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Las alumnas, mayormente pertenecientes a comunidades tribales, estaban destinadas a abandonar sus estudios a los pocos años en aras de matrimonios tempranos o el trabajo infantil. En palabras del propio Disale, “Ellos piensan que las niñas solo están hechas para [casarse]”, según sus declaraciones recogidas por la prensa local. En 2010, el maestro se encontró ante una situación concreta: “Fui directamente a la casa de la niña y le dije a su padre: ‘No podés hacer esto’”, recordó acerca de una de sus estudiantes adolescentes, para quien se planeaba un matrimonio con un hombre de unos 30 años. El padre, al principio, se negó a ceder; entonces, Disale recurrió a la policía porque el matrimonio infantil está prohibido en la India. Juntos aconsejaron al padre. Finalmente, canceló la boda. Esta intervención marcó un punto de inflexión: evitar matrimonios forzados y sostener el derecho de las niñas a la educación se convirtió en un eje central de su tarea.
Grandes desafíos
Para transformar la realidad, Disale adoptó enfoques poco convencionales. Detectó que muchos de sus estudiantes no dominaban el maratí, idioma oficial de la escuela, por lo que aprendió el kannada, lengua materna de la comunidad local, y tradujo íntegramente el plan de estudios. Descubrió que las familias veían la educación como una pérdida de dinero, que no les aseguraría un buen futuro: “Sentían que la mejor opción era llevar a los niños al campo [a trabajar] para que adquieran experiencia”, sostuvo el docente en diálogo con la Fundación Varkey. Disale comenzó a visitar a los padres en los campos, dialogando en su idioma y desarmando prejuicios sobre la inutilidad de la escolarización formal.
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La innovación metodológica fue uno de los sellos de Disale. Adquirió una laptop nueva —financiada por su padre— y utilizó películas, canciones y videos para atraer la curiosidad de estudiantes habituados al trabajo manual y la rutina agrícola. Pero la tecnología no se detuvo en el aula. Detectó que muchas niñas, a pesar de los esfuerzos, seguían sin acudir a clase porque sus familias lo impedían. Su respuesta fue desarrollar materiales digitales personalizados, traducidos y adaptados, invitando a los padres a retirar los archivos en la escuela para que sus hijas pudieran estudiar en casa a través de sus móviles.
Un obstáculo técnico persistía: los dispositivos de los padres muchas veces no eran compatibles y se producían fallas en la transferencia de archivos. Para resolverlo, en 2014, ideó una solución innovadora para el medio local: implementó códigos QR adheridos a los libros de texto, permitiendo que las alumnas accedieran a videos, tareas y audios descargables con facilidad. De este modo, tanto quienes asistían a clase como las que permanecían en casa podían retomar lecciones según su ritmo y disponibilidad.
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La magnitud del cambio registrado fue notoria. Según la Fundación Varkey, “El impacto de sus intervenciones fue extraordinario: ahora no hay matrimonios adolescentes en el pueblo y la asistencia de las niñas a la escuela es del 100%”. La propia escuela fue reconocida como la mejor del distrito, con el 85% de sus estudiantes alcanzando calificaciones A en los exámenes anuales, mientras que varias egresadas pudieron ingresar a la universidad, un hecho inédito antes de la llegada del maestro. Disale, por su parte, además de personificar la defensa activa del derecho a la educación, también demostró cómo la empatía, la innovación y el diálogo directo fueron capaces de romper el círculo de exclusión histórica que pesaba sobre las niñas de Paritewadi.
El reparto del millón
Durante la ceremonia virtual de 2020, mientras recibía felicitaciones de figuras políticas, culturales y educativas, Disale anunció que compartiría la mitad de los USD 1.000.000 del galardón con los otros nueve finalistas, provenientes de diferentes partes del mundo, incluyendo Italia, Vietnam, Brasil y Nigeria. Así se posicionó como el primer ganador en la historia del premio en tomar una decisión semejante. Dijo que usaría parte del premio para construir una red de maestros afines en la India que estén apasionados por la innovación en el aprendizaje.
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Sunny Varkey, fundador del galardón, remarcó el impacto simbólico del gesto: “Al compartir el premio, enseñás al mundo la importancia de dar”. La acción de Disale estableció un nuevo paradigma y recalcó ante millones el rol formativo del docente más allá de los contenidos: la transmisión activa de valores solidarios.
Ranjitsinh Disale no fue el primero en no quedarse con el millón de dólares. En la edición anterior, el profesor keniano Peter Tabichi —otro ganador del Global Teacher Prize— destinó el 80% de su salario para ayudar a estudiantes pobres en su país. Tras obtener ese año el premio, Tabichi insistió en su discurso de aceptación con la idea de que el deber del maestro se extiende al bienestar colectivo y no se restringe a las paredes de la escuela.
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El trabajo de Ranjitsinh Disale excedió los límites de su escuela y se proyectó a escala internacional. Articuló comunidades educativas atravesadas por el conflicto y la distancia geográfica. Desde Paritewadi, donde enfrentó desafíos estructurales tan elementales como la falta de recursos básicos o el riesgo permanente de desertificación, impulsó un programa de alcance global orientado a fomentar la paz y el entendimiento intercultural entre jóvenes.
En el marco del proyecto “Cruzando Fronteras” —conocido también como “Crucemos las fronteras”—, el maestro indio promovió la integración de más de 19.000 estudiantes de ocho países en un sistema de intercambio que empareja a cada participante con un “compañero de paz” de otra nación, muchas veces enfrentadas históricamente (India y Pakistán, Palestina e Israel, Irak e Irán, Estados Unidos y Corea del Norte).
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Disale aprovechó plataformas digitales para la enseñanza a distancia y la capacitación masiva. De acuerdo con informes suministrados por Microsoft y recogidos en la prensa, el maestro utilizó la plataforma Microsoft Educator Community para dictar clases a más de 85.000 estudiantes de 1.400 aulas en 83 países, articulando excursiones virtuales e intercambio de buenas prácticas más allá de su región.
El impacto de su metodología, basada en la inclusión y la personalización —especialmente a partir de la implementación de códigos QR en los textos escolares y el desarrollo de materiales adaptados a contextos diversos—, fue destacado como caso ejemplar por líderes tecnológicos y figuras globales. Entre otros, el CEO en funciones de Microsoft, Satya Nadella, mencionó la trayectoria de Disale en su libro “Hit Refresh” como una de las mayores historias de transformación educativa de la India.
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