
Jan Koum pasó de la escasez a construir una de las aplicaciones más usadas del planeta. Nació en un pequeño pueblo de Ucrania y, junto a su madre, emigró a Estados Unidos escapando de la pobreza y la incertidumbre. Sin hablar inglés y con escasos recursos, sobrevivió gracias a su tenacidad y a una curiosidad insaciable por la tecnología.
Autodidacta por naturaleza y con una mezcla de ingenio y perseverancia, creó WhatsApp, la app que cambió para siempre la forma de comunicarse. Años después, su nombre quedó grabado en la historia cuando vendió la empresa a Facebook por una cifra millonaria, transformando no solo su vida, sino también el mundo de las comunicaciones digitales.
Una infancia rodeada de escasez y vigilancia estatal en Ucrania
Nació en 1976 cerca de Kiev, Ucrania, en una familia judía bajo el régimen comunista. Su niñez transcurrió entre la falta de servicios esenciales y la vigilancia estatal constante, en un entorno donde la privacidad era un concepto ajeno a la realidad cotidiana.
Con frecuencia, la discriminación hacia la comunidad judía se sumaba al temor de ser observado o delatado, dificultando la vida social y restringiendo libertades personales.
En su hogar, la precariedad era evidente: se acostumbraron a vivir con lo mínimo, aceptando largos períodos sin agua caliente y soportando cortes de electricidad. La vigilancia del Estado se extendía a la convivencia entre vecinos, alimentando un clima de sospecha permanente.
Koum ha contado que estas vivencias marcaron profundamente su concepción sobre la privacidad, convirtiéndola en uno de los valores centrales de su futuro emprendimiento, según relató a la revista Wired.

Emigración y lucha por sobrevivir en Estados Unidos
A los 16 años, Koum emigró junto a su madre a Mountain View, California, en busca de una vida más segura y estable. El comienzo en Estados Unidos, lejos de ser sencillo, estuvo atravesado por la adversidad.
Poco tiempo después de instalarse, su padre falleció en Ucrania, y madre e hijo quedaron solos, dependiendo de ayudas estatales y cupones de alimentos para subsistir, según The Guardian.
El choque cultural y el idioma representaron nuevos desafíos. Koum asistía a la escuela secundaria mientras realizaba tareas de limpieza en oficinas y comercios para contribuir al sustento familiar. Vivían en un pequeño departamento con mobiliario precario y, en muchas ocasiones, la familia debió recurrir a redes comunitarias para cubrir necesidades básicas como ropa y comida.
Autodidacta y aprendiz en el universo tecnológico
La inquietud de Koum por la tecnología surgió de modo autodidacta. Utilizaba manuales de bibliotecas públicas para aprender a programar y participaba en comunidades digitales como grupos de hackers. Fue precisamente en estos ámbitos donde comenzó a relacionarse con otros jóvenes que, como él, estaban destinados a innovar, según BBC.
En ese sentido, Koum experimentó con sistemas y redes, siempre en el límite de la legalidad pero evitando prácticas ilícitas, según sus propias palabras.
En su breve paso por la Universidad Estatal de San José, combinó estudios con trabajo hasta que optó por emplearse en Ernst & Young, donde se especializó en seguridad informática y conoció a Brian Acton, quien luego sería su socio. Poco después fue contratado por Yahoo!, desempeñándose durante casi diez años como ingeniero de infraestructura.

Nacimiento de WhatsApp y rechazo a la publicidad
Cansado del modelo publicitario dominante y de las presiones internas en Yahoo!, Koum decidió junto a Acton renunciar en 2007. Luego de viajar por América Latina, identificó en el iPhone, tras su lanzamiento, el potencial de las aplicaciones móviles. Fue ese momento el que lo llevó a fundar WhatsApp: una aplicación sin anuncios, sencilla y enfocada en proteger la privacidad del usuario.
Según contó a Wired, Koum impulsó la iniciativa el 24 de febrero de 2009, día de su cumpleaños, sumando a Acton al proyecto. La llegada de las notificaciones push a iOS impulsó su adopción, hasta alcanzar rápidamente las 10.000 descargas diarias.
Desde el comienzo, la financiación y el desarrollo de WhatsApp giraron en torno a los principios irrenunciables de privacidad, facilidad de uso y ausencia de anuncios.
Crecimiento global y decisiones de negocio clave
El éxito de WhatsApp demandó recursos y visión estratégica. En octubre de 2009, Acton logró obtener USD 250.000 de inversión de antiguos colegas de Yahoo!, dinero destinado a soportar los altos costos operativos, según BBC.
Durante los primeros meses, ni Koum ni su socio retiraron salarios, optando por reinvertir todos los fondos en el crecimiento de la aplicación.

La llegada de Sequoia Capital en 2011, guiada por Jim Goetz, representó el impulso definitivo con una inversión inicial de USD 8 millones, a la que siguieron otros 50 millones en 2013, siempre sobre la condición de rechazar la publicidad, según The Guardian.
La plataforma superó los 265 millones de usuarios en menos de un año, y adoptó el modelo de suscripción anual de 99 centavos de dólar tras el primer año de uso para seguir creciendo sin comprometer sus principios fundacionales.
Facebook, la venta multimillonaria y el cambio de era
En 2014, Facebook adquirió WhatsApp por USD 19.000 millones, en una de las negociaciones más relevantes de la industria tecnológica. El acuerdo incluyó una combinación de efectivo, acciones y bonificaciones para los empleados y fundadores.
Vale destacar que la operación sentó un precedente por el valor estratégico que representaba WhatsApp en el mapa global de las comunicaciones.
Tras la compra, Koum permaneció temporalmente en la compañía. Sin embargo, las tensiones en torno a la gestión de la privacidad de los datos y las diferencias frente a la filosofía original de la app se intensificaron.
BBC relata que Brian Acton, el socio de Koum, dejó la empresa dejando USD 850 millones sin cobrar y respaldando luego el movimiento #DeleteFacebook, tras el escándalo de Cambridge Analytica.
Finalmente, Koum también optó por alejarse de la compañía, defendiendo los valores iniciales sobre la protección de los usuarios.

Filantropía, impacto e inicio de una nueva etapa personal
Ya fuera del mundo corporativo, Koum canalizó buena parte de su fortuna en proyectos filantrópicos. Según The Guardian, junto a su esposa, Acton creó Wildcard Giving, una organización que ha donado más de USD 1.000 millones a la promoción de la dignidad y la justicia social.
Por su lado, Koum apoya causas judías, israelíes y educativas a través de The Koum Family Foundation, destacándose su donación de USD 10 millones a la Universidad de Stanford en 2018.
Con un patrimonio estimado entre USD 9.700 millones y USD 16.600 millones, y tras haber transformado la manera en que más de 2.000 millones de usuarios se comunican en el mundo, Koum eligió alejarse del sector tecnológico y concentrarse en sus intereses y actividades personales, manteniendo su compromiso con la privacidad y el impacto social, y reafirmando una historia de superación y visión única.
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